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Feb
06
2017

Haciendo consciente lo inconsciente - Actitudes psíquicas en Âsana y Prânâyâma (I)

Por Blanca García Morcillo
Profesora de Yoga y Yogaterapia

“Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.”

(“Pandémica y celeste”, Jaime Gil de Biedma)

 

EL YOGA, ENCUENTRO CON EL SER: EL CAMINO DE LOS OCHO ANGAS DE PATAÑJALI

Atha yogânushâsanam.
“Ahora empieza el yoga.”

(YS I:1)

En la propuesta que nos ofrece Patañjali en sus “Yoga Sûtras”, texto fundacional del yoga y, a la par, guía para vivenciarlo, hallamos el mapa del regreso al hogar, del reencuentro con el ser que somos.

“Nuestro auténtico ser es más grande que la suma de todas las actitudes emergidas, siendo cada una de ellas destellos del atman.”

Desde esta perspectiva, el samadhi, estadio final del sendero de ocho pasos del ashtanga yoga, no constituye un fin externo, sino la apertura a la auténtica realidad que habita en nuestro interior y que nos trasciende en tiempo y espacio.

Así, los tres últimos pasos del ashtanga yoga – dharana, dhyana, samadhi - tienen esa vocación convergente hacia la esencia: mirar dentro tras habernos reconocido en la travesía externa, que es eco siempre de nuestra presencia interior.

Y esa travesía habrá comenzado con Yama y niyama, diez compromisos con la propia vida y el entorno; anverso y reverso inseparables en la vivencia de comprender y respetar a los demás tanto como a nosotros mismos.

Actitudes trasunto de lo interpersonal y lo intrapersonal son pues yama y niyama, y actitudes hechas cuerpo y energía son âsana y prânâyâma: mi cuerpo y mi respiración se hacen pura experiencia... y al escucharme y verme, siento, comprendo y avanzo.

“La propuesta es vivir la sesión de yoga como experiencia meditativa de principio a fin, sintiendo âsana y prânâyâma desde el observador ecuánime, el sakshin que enfoca su atención en el cuerpo, depositario del inconsciente.”

Avanzo desde el exterior que me ha dado pistas, señales del camino, y me sumerjo en mi interior a través de prathyahara: puedo abandonar con confianza aquello que ya conozco, y enfocar mi atención, libre de estímulos externos, hacia el latido interno que ha marcado el ritmo de mis pasos.

Y, con la ayuda del discernimiento (viveka), se nos presenta esa libertad de ataduras de la que nos habla Patañjali (YS IV:26): vivir en un flujo constante de atención, en una presencia sin apegos, vaciándonos del “yo-mismo”... dharana, dhyana y samadhi fundiéndose en el sanyama.

Que nuestra verdadera naturaleza se manifieste a partir de la plena desidentificación.

Como nos dice Swami Satyananda, “la conciencia se tiene que deshacer de todas sus formas de tal manera que la conciencia quede sin nombre y sin forma, lo que es el objetivo último del yoga.”

 

EN LA SENDA DE SVADHYAYA: LAS ACTITUDES PSÍQUICAS, SEÑALES DEL CAMINO INTERIOR

“La llama de una lámpara que se encuentra al abrigo del viento
no sufre ninguna oscilación.
Así es la mente controlada del yogui
que está absorta en la contemplación del Ser”

(BG VI:19)

En un ejercicio de Satya, justa palabra, el Diccionario de María Moliner define así “actitud”: “postura del cuerpo que revela cierto estado de ánimo”.

Revela... trae a la luz lo oculto; en suma, hace consciente lo inconsciente, propósito implícito en toda sesión de yoga en tanto experiencia de svadhyaya: autoconocimiento, consciencia del ser en-sí-mismo.

Que nuestra sadhana se exprese desde vignanamaya kosha, envoltura de conocimiento, de intuición... donde tomamos conciencia. La sede de ahamkara, nuestro sentido de individualidad. Y de buddhi: la parte de nuestro instrumento mental que no está “contaminada”, la más próxima al purusha... allí donde comprendemos, donde habita la certeza.

La desidentificación de nuestras arraigadas ideas acerca de quiénes somos y el desapego de nuestra adquirida valoración de la vida constituyen una tarea de desaprendizaje, y suponen el inicio del viaje hacia nuestra verdadera naturaleza.

Hacernos la pregunta clave del gnana yoga – “¿quién soy yo?” – nos sitúa en el camino interior...

“Así, la secuencia de âsana nos irá mostrando las distintas actitudes psíquicas que, en el juego de la impermanencia, expresa nuestro cuerpo en cada preciso y único instante.”

Un camino hacia la sencilla y mágica vivencia de la felicidad de sentirnos vivos, más allá de identidad y tiempo.

Vivenciar âsana y prânâyâma como experiencias de meditación, en la que el ishta devata o símbolo psíquico es nuestro propio cuerpo, haciéndolo objeto de un ejercicio constante de escucha activa y visión amplia y profunda.

Cada momento es diferente y cada momento nos trae la oportunidad de reconocernos y aceptarnos, sin juicios... desde el sakshin, el testigo imparcial que nos va mostrando con ecuanimidad el camino interior, con sus señales y sus obstáculos, que van alternándose en nuestra percepción dual de lo no-real.

“Y damos un paso más hacia el encuentro con nuestra verdadera naturaleza: al vivir âsana y prânâyâma como experiencias meditativas, al mismo tiempo soy el âsana y me observo en âsana. Respiro y soy respiración en prânâyâma.”

Y la ausencia de autoexigencia – la aplicación del esfuerzo inteligente en una práctica teñida de ahimsa – permite que âsana y prânâyâma sean.

Así pues, hatha yoga, desde la lectura psíquica de âsana y prânâyâma, se convierte en la vivencia corpórea que va trascendiendo a raja yoga, a la comprensión de nosotros mismos en cuanto posibilidades que contempla la mente.

Como ejemplos de esa visión multifacética que brota de la autoobservación consideraremos las cuatro actitudes psíquicas – empatía (asanas de rotación); resiliencia (asanas de combinación); intimidad (asanas de flexión anterior); desapego (bahir kumbhaka) - que abordaré en estos artículos, donde quiero compartir las vivencias sentidas durante quince años de práctica de hatha yoga, de forma más viva y consciente durante los últimos cuatro años en la Escuela de Formación de Profesores de Yoga y Yogaterapia de Pilar Ínigo.

Mi agradecimiento a María Callejo, Pilar Brualla, Alberto Pérez García y Enrique Cativiela por las imágenes, ejemplo de visión y presencia, que acompañan este trabajo.


BIBLIOGRAFIA BÁSICA CONSULTADA

André Van Lysebeth. “Prânâyâma: a la serenidad por el yoga”, Ediciones Urano, Barcelona, 1985

“Bhagavad Gîtâ”. Edición de Consuelo Martín con los comentarios advaita de Sankara, Editorial Trotta, Madrid, 2009

Danilo Hernández. “Claves del yoga. Teoría y práctica”. Editorial La Liebre de Marzo, Barcelona, 2006

Dhiravamsa. “La vía del no apego. La práctica de la visión profunda”. Editorial La Liebre de Marzo, Barcelona, 2014

Manuel Morata. ”Yoga ampliación: teoría, práctica y pedagogía”. Zaragoza, 2011

Miguel Fraile. “La energía liberadora. Conquista de la madurez psicoemocional a través del yoga y la meditación”. Mandala Ediciones, Madrid, 2000

Mircea Eliade. “Patañjali et le yoga”. Éditions du Seuil, París, 2004

Swami Satyananda Saraswati. “Cuatro Capítulos sobre la Libertad. Comentarios sobre los Yoga Sutras de Patañjali”, Satyananda Yoga Publications, Bogotá, 1976

María Moliner. “Diccionario de uso del español” (4ª edición: Edición del cincuentenario). Editorial Gredos, Madrid, 2016

Artículos de Pilar Ínigo Gías y José Luis Azón en www.yogaterapia.es

 

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