Buscar

Artículos
Feb
19
2017

Haciendo consciente lo inconsciente - Actitudes psíquicas en Âsana y Prânâyâma (II): EMPATÍA Y RESILIENCIA

Por Blanca García Morcillo
Profesora de Yoga y Yogaterapia

 

1. EMPATÍA: CORPOREIZANDO MUDITA, LA ALEGRÍA, Y KARUNA, LA COMPASIÓN (âsanas de rotación)

“Converso con el hombre que siempre va conmigo
-quien habla sólo espera hablar a Dios un día-
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.”

(“Retrato”, Antonio Machado)

Si consideramos la empatía como la capacidad de una persona de participar afectivamente en la realidad de otra, en la esencia de esta actitud está la vocación de salir de uno mismo, de asomarse al exterior de nuestros miedos y así, conociendo otros sentires, disolver límites.

Ahora bien, este impulso requiere de un centramiento interno para que no se convierta en dispersión, para que no nos perdamos en otros gozos ni en sombras ajenas... . Esta imagen se plasma en los âsana de rotación sentada, como ardha matsyendrâsana.

En todas las variantes de ardha matsyendrâsana sentimos la firme base del cuenco pélvico en contacto con el suelo como una estable raíz, prolongándose esta idea en la disposición de las piernas.

La solidez del apoyo nos permite dar a la columna su máxima verticalidad, prolongada en la nuca que se elonga. A continuación, sentimos nuestro eje central, sushumna nadi, antes de dar espacio a ida nadi y píngala nadi en las rotaciones. Y a sushumna nadi volveremos recentrándonos tras la experiencia en los opuestos.

“En todas las variantes de ardha matsyendrâsana sentimos la firme base del cuenco pélvico en contacto con el suelo como una estable raíz, prolongándose esta idea en la disposición de las piernas.”

Así, sucesivamente nos abrimos hacia derecha e izquierda, buscando ver qué hay a nuestro lado, y detrás... y esta alternancia en la apertura se posibilita gracias a la estabilidad de nuestro centro, en analogía con el ser que somos y que crece y se ofrece en la relación con los demás.

¿Somos capaces de abrirnos a lo que nos rodea, de aceptar otras posibilidades, o nos aferramos a lo ya conocido? ¿Nos cerramos a sentir y a compartir?

¿Vivimos en ese ensimismamiento que sería lo contrario de la empatía? ¿Podemos salir del laberinto de ahamkara, nuestra pequeña mente egoica?

 


Manteniéndome estable en la rotación – “la no acción en la acción” (BG IV:18)-, reconozco mis opuestos y acojo todo lo que en mí habita, aceptando a la par todo lo que me rodea y forma mi paisaje existencial, y comprendiendo que nada de lo humano me es ajeno.

“Sintiéndonos a nosotros mismos, desde nuestro centro podremos sentir a los demás; siempre abiertos a lo que nos rodea, desde la confianza.”

Sintiéndonos a nosotros mismos, desde nuestro centro podremos sentir a los demás; siempre abiertos a lo que nos rodea, desde la confianza (toda rotación nos deja centrados en todos los planos).

Así, lo interpersonal y lo intrapersonal se combinan y se potencian mutuamente. Y en los demás nos conocemos y nos reconocemos.

Todo haciéndose posible desde el corazón gracias a mudita y karuna (YS I:33): la alegría por el bien ajeno y la compasión que mueve a aliviar la aflicción del otro... en un trataka psíquico en el que mi mirada se enfoca en otras miradas, limpiándose de tópicos, y reconozco mi alegría y mi sufrimiento en otras almas.

Es la magia de la empatía: compartir sentires hace nacer la comprensión y la compasión, hacia nosotros mismos y hacia los demás.

 

2. RESILIENCIA: CORPOREIZANDO UPEKKHA, LA ECUANIMIDAD (âsanas de combinación)

“Retoñarán aladas de savia sin otoño,
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño
y aún tengo la vida.”

(“Para la libertad”, Miguel Hernández)

Según Boris Cyrulnik, neuropsicólogo y téorico del concepto, “la resiliencia es el arte de navegar en los torrentes”... la vida nos saca de la zona de confort, ofreciéndonos un salto cualitativo que no es sino una toma de conciencia de nuestra confianza en nuestras potencialidades y en la vida.

También así, desde la confianza, abordamos en la práctica los âsanas de combinación, en las que la dificultad física es una oportunidad para contemplar a la vez el paisaje de nuestro momento vital y los distintos elementos que lo configuran: parafraseando el conocido refrán, en estos âsanas, los árboles sí que nos permiten ver el bosque.

Un buen ejemplo sería Utthita ardha vakra janu dhanurâsana (el medio arco en rotación elevado sobre la rodilla). Como este âsana, la resiliencia también es una combinación de equilibrio, apertura y fuerza.

Si entendemos la resiliencia como la capacidad de sobreponernos a las adversidades sin rompernos ni quebrarnos, aparece claramente la analogía: la vida nos pone en ocasiones de rodillas, y sólo la ecuanimidad nos ayuda a mantenernos equilibrados, en armonía con nuestro ser.

“La vida nos pone en ocasiones de rodillas, y sólo la ecuanimidad nos ayuda a mantenernos equilibrados, en armonía con nuestro ser.”

Viviendo en el âsana la ecuanimidad, entendida según nos dice Dhiravamsa como el estado en que “nuestra mente, aunque receptiva y alerta, está libremente desapegada de cualquier acontecimiento o influencia.”

¿Puedo volver al equilibrio después de haberme volcado hacia fuera? ¿De dónde viene mi entereza? ¿Del siempre cambiante entorno o de mi sereno corazón?

Así, en Utthita ardha vakra janu dhanurâsana el punto de apoyo es nuestra rodilla, apoyada en el suelo en un gesto de posternación, de humildad hacia lo que la vida nos trae. El pie opuesto se eleva por detrás hacia lo alto, expresando nuestro anhelo, y se deposita en la mano contraria que lo toma tras el giro posterior del brazo, en un gesto de confianza hacia nosotros mismos.

En esta unión de los opuestos por un fin común, la combinación de actitudes genera el âsana: el medio arco se abre; el costado se expande, acepta, respira.

Realizamos -es decir, hacemos real- el âsana alternando sucesivamente el apoyo de una y otra rodilla, compensando física y energéticamente.

Dar duración e inmovilidad al asâna y vivirla con relajación, sin rechazo ni apego, me permite ver la resiliencia y su contrario, el desaliento.

“La resiliencia, pues, brota de la alquimia de actitudes: fortaleza, apertura, equilibrio, entrega... que se matizan y fusionan en el seno de uppekha, la ecuanimidad.”

Y en la dificultad del âsana, análoga a las dificultades de la vida, resuena la pregunta clave del gnana yoga: ¿Quién soy yo?

¿Me reconozco en la fuerza o en la debilidad? ¿Soy el equilibrio o la inestabilidad? ¿Me siento más en la apertura o en el aislamiento?

Así, en Utthita Ardha Vakra Janu Dhanurâsana me observo conscientemente en la multiplicidad de factores que soy: apertura y equilibrio, y también la fuerza que subyace y a la par emana de la fusión de apertura y equilibrio, y que puedo mantener desde la serena aceptación del momento.

La resiliencia, pues, brota de la alquimia de actitudes: fortaleza, apertura, equilibrio, entrega... que se matizan y fusionan en el seno de uppekha, la ecuanimidad: sencillamente, permitiendo que la vida sea.

 

Artículos relacionados:

Haciendo consciente lo inconsciente - Actitudes psíquicas en Âsana y Prânâyâma (I)

Haciendo consciente lo inconsciente - Actitudes psíquicas en Âsana y Prânâyâma (y III): LA INTIMIDAD Y EL DESAPEGO


 

Comentarios0
Comentarios0

Enviar


 
 

Listar Comentarios

Todavía no hay ningún comentario, sé el primero en opinar.

Deja tu comentario






Deseo mostrar mis datos
Acepto la clausula de privacidad


También te puede interesar