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Mar
05
2017

Haciendo consciente lo inconsciente - Actitudes psíquicas en Âsana y Prânâyâma (y III): LA INTIMIDAD Y EL DESAPEGO

Por Blanca García Morcillo
Profesora de Yoga y Yogaterapia

 

1. INTIMIDAD: CORPOREIZANDO PRATHYAHARA, LA INTERIORIZACIÓN (âsanas de flexión anterior)

“Oh, señor, dame la fuerza y el valor
para contemplar mi cuerpo y mi corazón sin rechazo”
(“Las flores del mal”, Baudelaire)

 

“Contigo comencé y nuestra despedida será la última,
ser sin nombre que me animas
donde encuentro mi hogar y mi latido”
(Blanca García Morcillo)

 

Como Platón, de la mano de nuestra atención nos adentramos en la caverna sin límites de nuestra intimidad: ese paisaje de sentimientos y pensamientos que habitan en nuestro interior, y que a menudo no percibimos más que como sombras.
Nos encaminamos al reencuentro con nosotros mismos, experimentando el recogimiento desde la humilde aceptación de todo lo que vamos descubriendo.

“Nuestra intimidad: ese paisaje de sentimientos y pensamientos que habitan en nuestro interior, y que a menudo no percibimos más que como sombras.”

Recogiéndonos, pues, en todos los planos, como lo hacemos al disponer nuestro cuerpo en los âsanas de flexión anterior. Mi frente declina, cuello y hombros le siguen y mi espalda se entrega, se vence, descansa.
 

En estos âsanas –como, por ejemplo, en paschimottanâsana (la pinza sentada) y malâsana (la guirnalda)– corazón y cabeza están a la misma altura, y nuestra mirada se dirige hacia nuestro pecho... conectamos con nuestro anhelo cuando vemos con claridad consciente lo que hay en el fondo de nuestro corazón.

En malâsana, además de la postura en cuclillas que simboliza la grandeza de mi pequeñez (como la pequeña semilla en la que ya existe el gran roble que será), el gesto de los brazos y manos expresa el reencuentro con el propio ser: puedo apoyar mi frente sobre mis puños, entregándoles el peso de mi mente, o puedo dejar que cada mano se pose sobre el hombro opuesto, abrazándome, acogiéndome.


Y ambos gestos expresan compasión hacia nosotros mismos; hacia nuestra mente cansada, hacia nuestro corazón temeroso.

Y sentimos la intimidad y su opuesto, el rechazo: rechazo de lo que en nosotros nos sorprende, no nos gusta o, incluso, nos disgusta.

“Desde la humildad de aceptar todo lo que vamos descubriendo, vivimos la intensidad y la intimidad del recogimiento, del reencuentro con nosotros mismos.”

Desde la humildad de aceptar todo lo que vamos descubriendo, vivimos la intensidad y la intimidad del recogimiento, del reencuentro con nosotros mismos.

Claridad consciente y compasiva, acogiendo lo que se expresa... en la inmovilidad del âsana, podremos prolongar su duración y por lo tanto afinar la vivencia si lo hacemos desde la relajación.

Nos permitimos recibir con una mente en calma las sensaciones que en el cuerpo se manifiestan, haciendo consciente lo inconsciente y permitiendo que broten las emociones reprimidas que acorazan el corazón.

Y tras ese reencuentro, aceptar lo que hay y desidentificarnos de ello: ésto también pasará... impermanencia.

Percibimos así el resonar de la pregunta del gnana yoga: ¿quién soy yo?

Y recibimos la respuesta desde una serena mirada interna, desde la escucha activa de este presente.

 

2. DESAPEGO: corporeizando VAIRAGYA, LA DESIDENTIFICACIÓN (bahir kumbhaka)


“Nada de lo que hacemos nos lo quedamos.
Todo para que fluya.
Somos instrumentos de la vida, que es el río que nos lleva.”

(Blanca García Morcillo)

 

Todos y cada uno de los âsanas, en tanto corporeización de actitudes psíquicas, nos sitúan en svâdhyâya… el conocimiento de uno mismo es una travesía que culmina en la desidentificación.

Y el itinerario de esta travesía se describe en los Yoga Sûtras: después de âsana... prânâyâma (YS II:49)

“El verdadero prânâyâma solo empieza con kumbhaka.
(A.Van Lysebeth)

Respiración como vibración de vida, tanto en la acción como en la no-acción. Y experimentamos la acción en la no-acción en los kumbhakas: acogiendo la retención, permitiendo que el kumbhaka sea.

El desapego, en tanto que abandono y desprendimiento de lo conocido, se manifiesta mental, física y emocionalmente, en la detención de la “costumbre vital” que experimentamos en kumbhaka.

Aprendemos a desaprender automatismos, inercias, y permitimos la quietud del cuerpo y el silencio de la mente.

Y así, escuchamos esa música callada de la respiración que es bahir kumbhaka.


Nos desapegamos de lo conocido y nos adentramos en lo nuevo: otra forma de respirar, otra forma de relacionarnos con la vida en esa no-acción en la acción respiratoria que supone el vacío pulmonar.

“Respiración como vibración de vida, tanto en la acción como en la no-acción. Y experimentamos la acción en la no-acción en los kumbhakas.”

Y en ese espacio, vivimos la entrega en bahir kumbhaka: desidentificación en el vacío, ser en el no-ser del silencio respiratorio donde vislumbramos mouna.

Somos hospitalarios con la respiración: damos cabida a la suspensión del aliento y renunciamos a dirigir... el ego se disuelve; permitimos que la vida sea.

Nos vaciamos, como hacemos al inicio de surya namaskar : vivo shunya física y psíquicamente al espirar a fondo declinando la cabeza, llevando hacia atrás los brazos mientras los hombros se cierran sobre mi pecho y mis manos se unen en shunya mudra.

Y comprobamos que somos capaces de vivir sin hacer, sin pedir, sin ansiar, en un ejercicio vivencial de aparigraha.

Con humildad, quedo en calma, vacío: estoy dispuesto.

Vivo el silencio, me desidentifico de los contenidos mentales y me sitúo en el presente sin expectativas.

“Escuchamos esa música callada de la respiración que es bahir kumbhaka.”

Esta suspensión del diálogo del “inhalo-exhalo” nos conduce a un espacio de libertad: libertad de nuestros automatismos (kleshas, Y.S II, 3-10), libertad para existir más allá del yo.

Libertad del miedo, el opuesto al desapego.

Desapego de la propia identidad; vaciarnos del yo desprendiéndonos de los contenidos mentales (vrittis) que falsean nuestra visión de lo real... y así conectar con nuestra verdadera naturaleza, profunda y sencilla como el espacio que bahir kumbhaka abre en nuestra conciencia.

Somos presencia en el sunyata, en la sutil paradoja de la plenitud del vacío.

El ego se disuelve acogido por el silencio.

Tatah ksîyate prakâsâvaranam
“Y de este modo, desaparece lo que cubre la luz.”

(YS II:52) 

Artículos realcionados:

Haciendo consciente lo inconsciente - Actitudes psíquicas en Âsana y Prânâyâma (I)

 Haciendo consciente lo inconsciente - Actitudes psíquicas en Âsana y Prânâyâma (II): EMPATÍA Y RESILIENCIA

 

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