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Reflexiones
Feb
06
2017

¿Qué necesitas para ser feliz y saludable?

Para Robert Waldinger, psiquiatra y profesor en la Universidad de Harvard, para ser feliz y tener una buena vida no es necesaria la fama, el dinero ni el éxito, sino unos buenos vínculos afectivos.

La experiencia de la felicidad es difícil de definir. Desde la Antigüedad, tanto Occidente como Oriente, han tratado de encapsularla como dos tipos de experiencias: una, en el mundo occidental, como una experiencia pasajera –similar a la alegría y al placer–; otra, en el mundo oriental, como una cualidad que resulta de un estado de armonía interna, que se manifiesta como un sentimiento de bienestar que perdura a lo largo del tiempo.

Podría decirse que ambas nociones ayudan a perfilar la noción de la felicidad. Desgraciadamente, éstas no son capaces de decir qué es lo que causa la felicidad absoluta. En la actualidad, hay quienes aseguran que la felicidad es la fama, el dinero y el éxito; sin embargo, personas exitosas, famosas y ricas han llegado a cuestionar esta lógica. Para Robert Waldinger, psiquiatra y profesor en la Universidad de Harvard, en EE.UU., para ser feliz y tener una buena vida no es necesaria la fama, el dinero ni el éxito, sino unos buenos vínculos afectivos

Waldinger es el cuarto director del estudio más longevo en la historia de las ciencias, conocido como The Harvard Study of Adult Development. Desde 1938, numerosos grupos de psiquiatras y psicólogos se han encargado de observar la vida de 724 hombres. Es decir que año tras año, han ido conociendo la evolución de su trabajo, sus vidas hogañeras, su salud y sus historias. Y gracias a la persistencia de diferentes generaciones de investigadores, este estudio ha sobrevivido así como el 60 por ciento de los 724 hombres  que  siguen  vivos y  participando  en  el  estudio; inclusive, se ha comenzado a analizar a más de 2.000 niños, hijos de estos hombres.

De los 724 hombres originales, un grupo pertenecía a la Universidad de Harvard; el otro, a los vecindarios más pobres de Boston. Algunos de ellos fueron a la guerra; otros vivían en condiciones difíciles –sin acceso de agua inclusive–. Según explica Waldinger, “a la hora de entrar a este estudio, estos adolescentes se convirtieron en adultos; fueron trabajadores de fábrica, abogados, albañiles, doctores y un presidente de Estados Unidos. Algunos desarrollaron alcoholismo. Otros pocos, esquizofrenia. Unos subieron los peldaños sociales desde abajo hasta la cima, otros hicieron ese mismo viaje en una dirección opuesta.”

A través de este estudio, los efectos del paso del tiempo marcaron un patrón interesante: sin importar la condición social ni económica, la calidad de vínculos afectivos cambiaba la percepción de la vida –e incluso de la salud–.  Waldinger continúa: “¿Cuáles son las lecciones que hemos extraído de las miles de páginas de información sobre estas vidas? Bueno, las lecciones no son acerca de dinero ni fama ni trabajar duro y duro. El mensaje más claro que hemos conseguido de este estudio de 75 años es: Buenos vínculos afectivos nos hacen más felices y saludables. Punto.”

Concluye: 
Hemos aprendido tres grandes lecciones sobre vínculos afectivos. La primera es que las conexiones sociales son muy buenas para nosotros, y que la soledad mata. Las personas que están socialmente más conectadas con la familia, amigos y comunidad son más felices, y físicamente más saludables, y viven más tiempo que las personas que están menos conectadas. Y la experiencia de soledad parece ser tóxica. Las personas que están más aisladas de lo que desean, tienden a ser menos felices, su salud declina de manera más rápida, así como el funcionamiento de su cerebro, y viven menos tiempo que las personas que no viven solas.
[…] 
La segunda lección es que no se trata sólo del número de amigos que tengas, o de si se está comprometido o no en una relación, sino de la calidad de los vínculos afectivos más cercanos. Parece ser que vivir entre conflictos es realmente muy malo para nuestra salud. Conflictos constantes en la pareja, por ejemplo, sin mucha dosis de afecto, afectan mucho a la salud, quizá más que el divorcio. Mientras que vivir en una relación cálida y buena protege nuestra salud.
[…] 
La tercera gran lección que aprendimos acerca de las relaciones y nuestra salud es que las buenas relaciones no sólo protegen nuestro cuerpo, también nuestro cerebro. Parece ser que estar vinculado y sentirse seguro al lado de otra persona a lo largo de los años, beneficia nuestra salud mental y emocional.  Las personas que se sienten inseguras en sus relaciones, que no pueden confiar en otra persona, tienden a tener problemas de memoria más pronto, mientras que aquellas que mantienen relaciones de calidad, que sienten que pueden confiar en alguien, tienen menores afecciones en la memoria.

Fuente: http://ecoosfera.com

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