“Desde lo espiritual uno encuentra la respuesta. Desde lo material, uno sólo ansía más…”.

Entrevista a Daniel Mayer,
maestro de meditación Vipassana

Vipassana es una técnica de meditación creada hace 2500 años por Siddhartha Gautama, el Buda, en India. La técnica se preservó en los Monasterios hasta que fue popularizada y empezó a enseñarse en el mundo por Sri Satya Narayan Goenka. Vipassana significa “Ver las cosas como son”.

¿Por qué se dice que la meditación nos transforma?

Porque propone limpiar la mente de negatividades, como odio, ira, impaciencia, avidez, y esto se consigue percibiendo las sensaciones del propio cuerpo sin reaccionar a ellas, por más agradables o desagradables que sean.

¿Qué propone la técnica Vipassana para lograrlo?

Para conseguir este estado, se empieza concentrando la atención en la respiración, una técnica llamada Anapana. Luego uno permanece sentado en una postura lo más firme y estable posible. La no-reacción a las sensaciones, que en parte tienen un componente mental, produce como resultado su debilitamiento y, al final, su desaparición. Y eso te lleva a que se disuelvan tus condicionamientos con los cuales te has identificado. Cuando se llega a este estado se ven las cosas tal como son. No tal como creemos que son. ¿Y cómo son? Eso es una experiencia y, como tal, precisa de llegar a este estado. Trabajando con esas sensaciones puedes trabajar también con todos los aspectos de tu ser.

¿Qué sería un condicionamiento?

Es una preferencia basada en la experiencia. El consumo, la televisión… todo el tiempo estamos en un sobre-estímulo para sentir placer, para sentir la belleza en base a lo que la sociedad define como bello, para tener estatus, y entonces todo eso nos condiciona. Si por ejemplo nos quedamos sin dinero, no solamente sufrimos porque no podemos comprar tal o cual cosa sino por lo que todo eso significa culturalmente de fracaso, de no ser lo que deberíamos ser, del mandato familiar… entonces le agregamos un sufrimiento que en sí no existe. Esos son los condicionamientos. Y la ecuanimidad sería darse cuenta de que eso es lo que es y no es todo lo que le ponemos encima.

¿Qué se espera que suceda con la meditación Vipassana y cuál sería la meta?

La meta es ser feliz. Se espera que uno enfrente su historia aceptándola y renunciando al producto de lo que hizo, tanto lo bueno como lo malo. Pero sin la culpa: “Hice algo mal y pido perdón sincero”. De hecho hicimos un curso de Vipassana en cárceles de distintos países del mundo; primero lo hicieron los carceleros y después los presos. Funcionó muy bien en la gran mayoría de los países: Inglaterra, España, México, Birmania…

¿Cómo y por qué decidió empezar el camino de una vida espiritual?

A mis 34 años había dado varios saltos muy fuertes en mi vida, con grandes cambios y búsquedas. Había leído la obra de Jiddhu Krishnamurti y “Narciso y Goldmundo”, de Herman Hesse, donde él habla de lo espiritual y lo material como el ying y el yang, y de cómo a partir de lo espiritual uno encuentra la respuesta, mientras que desde lo material uno sólo ansía más. Compré un pasaje a Nepal, hice un curso de 30 días y después, siguiendo a un grupo de meditadores, volé a Bodghaya (ciudad en la que se iluminó el Buda), en India e hice un curso de Vipassana de diez días con el maestro S.N. Goenka. “Es sobre el amor”, me habían dicho. Enseguida me di cuenta: “Lo encontré, no necesito buscar más”. Liquidé todas mis empresas y mis bienes y me dediqué a seguir a Goenka aprendiendo el Vipassana.

¿Se encuadra en alguna religión?

No, para nada. El practicante de Vipassana intenta comprender la esencia de la ley de la naturaleza, más allá de las religiones. Pero no las excluye, sino que las integra. Por eso tenemos curas, musulmanes y rabinos que son profesores. Algunos religiosos dicen que con el Vipassana son mejores practicantes.

¿Por qué piensa que cada vez tiene más difusión la meditación?

Pues porque creo que la gente se da cuenta de que el placer, el consumo, la posesión de bienes no le da la satisfacción que su mente anhela. De hecho la gente, aunque lo ignore conscientemente, busca la paz, la armonía, la satisfacción mental. Y eso no es posible conseguirlo a partir de los estímulos que proporcionan los sentidos.

¿La cultura oriental da otras respuestas a la crisis de la cultura occidental?

Sí. Siempre las ha dado. Lo que ocurre es que ahora hay mucha más difusión. Ya en la época de los 70, muchos jóvenes se iban a la India, a Nepal, en busca de respuestas. Aparecieron en Occidente los típicos gurúes de diversas creencias. También tomaron auge técnicas como el Yoga, el Tai-Chi, la filosofía del Tao. Incluso ciertas artes marciales se presentaron como un camino a seguir… Y tampoco hay que olvidar que muchos pensadores occidentales se inspiraron en la filosofía oriental: la física del Tao, la Física cuántica…

 

Fuente: www.clarin.com

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