“El Yoga también es usar jeans”: Cómo hacer del yoga una filosofía de vida cotidiana

Por Norma Fol

Y llegó un día en el que sentí que algo más había, que existía un mundo que aún no conocía y que me iba a brindar ese lugar de bienestar que tanto añoraba. Tenía la certeza de que algo más había para mí y fue entonces cuando descubrí el camino del Yoga, ése que me acercaría a una vida más feliz… El resto fluyó.

Desde entonces, hace ya más de 32 años, el Yoga es mi filosofía de vida, mi forma de vida, ésa que elijo para mí en lo más profundo, y que intento transmitir a quienes me rodean.

¿Qué es el Yoga para mí?

El Yoga es una filosofía de vida, sí. Es la unión del cuerpo, la mente y el espíritu. Es una disciplina milenaria. Es integración. Pero el Yoga también es ponerse jeans, salir a pasear con un amigo, ir a tomar un té verde; eso es yoga también. Poder llamar por teléfono a alguien y decirle: ¿cómo estás? ¿Qué necesitas? Voy un ratito, te escucho. El otro no siempre necesita que le hables o que le des consejos; los consejos son tus experiencias, en realidad.

El Yoga es eso: ser solidarios, ser agradecidos, no necesitar siempre estar vestidos de un color en especial (lo cuál tampoco está mal). Para hacer yoga no tienes que estar estirado y ser una persona mística, no. Puedes ser alguien divertido, puedes tener una vida divertida y puedes ser un buen practicante de yoga.

El Yoga es para todos. Mi maestra Mataji Indra Devi me decía: “El yoga es para todos, para el taxista, para el agricultor, para el maestro, para los chicos, para los ancianos”. Y yo, en ese momento de mi vida, la miraba y quería saber mucho, y no me daba cuenta de lo mucho que me enseñaba con esos simples comentarios.

Con el tiempo y con la práctica lo fui comprendiendo; y también con el estudio, porque por supuesto hay que estudiar. Hay mucho para estudiar, mucho; uno puede pasarse la vida estudiando yoga porque tiene muchísimas maneras, estilos, métodos, ramas, orientaciones, etc. Pero, ¿sabes qué? Todas las corrientes y todos los maestros te van a llevar a lo mismo: a que el Yoga es un estado de plenitud, de contentamiento, un estado de integración. Por eso te digo: que el conocimiento sume pero no abrume, que más allá de los libros puedas ver al otro amorosamente. Hacer del yoga una filosofía de vida todos los días es hacer tus prácticas, alimentarte bien, tener buenos pensamientos o darte cuenta cuando no los estás teniendo. Es también agradecer cada día.

Las mil maneras de llegar a una clase de yoga

En todos estos años vi llegar muchos tipos de alumnos; muchas formas de presentarse o de llegar a la sala de yoga.

Están quienes se acercan el primer día con un certificado médico que especifica una hernia lumbar o una rodilla para rehabilitar, o una escoliosis para controlar, o acortamientos musculares, o problemas respiratorios, o crisis de ansiedad, situaciones de estrés, etc. Y muchas veces, ésa es “su carta de presentación”, como si fuese su nombre y apellido.

Por supuesto, con mucho respeto y escucha, empezamos por lo que me cuentan, pero después de un tiempo ya no me hablan más del tema, y empiezan a interiorizarse con la música: “Qué linda canción la que usaste al comienzo, ¿cuál es?”, o “Qué lindo el cuenco, me relaja muchísimo”.

Y van brotando otras emociones, como miedos, pérdidas, angustias, aceptaciones, alegrías, que estaban en las sombras y poco a poco van emergiendo a la luz, para trabajarlas, para transitarlas. Ahí te vas dando cuenta que quizás eso con lo que se presentaron el primer día tenía que ver con emociones que se habían instalado en el cuerpo y que, poco a poco, pasaron a otro plano. Ya no son la misma persona que llegó un día con un dolor; ya no son los mismos. Muchos otros (más de lo que uno imagina), se acercan al Yoga porque no logran conciliar el sueño: “Son las 3 de la mañana y sigo despierto, me pongo nervioso, al día siguiente estoy agotado”.

Antes de nada les digo que merecen dormir. Cuando uno siente que merece algo, se produce un estado de tranquilidad porque reconoce sus esfuerzos, que hizo todo lo que pudo y que merece dormir, no tiene por qué seguir en estado de alerta. Luego, nos sumergimos en técnicas, pranayamas, asanas; pero más allá de todo, hay un concepto interno: “mereces descansar”.

También están quienes al tiempo de venir a clase cuentan: “No logro dejar de pensar, no consigo silenciar la mente”.

He visto tanta realidad encubierta, tanto dolor disfrazado y tanta alegría ahogada, que me propuse leer la letra pequeña, lo que no se ve a primera vista y eso me permitió descubrir seres inolvidables.

Todos podemos meditar

La mente necesita reposar, la mente necesita aquietar la marea de los pensamientos, la mente necesita respirar y la meditación es un camino para lograrlo.

Hay muchas maneras y técnicas, pero todas las personas pueden meditar, conseguir un estado de contemplación, un estado de observación; desde bebés lo hemos hecho, luego la vida nos fue distrayendo y fuimos perdiendo esa práctica. Necesitamos recuperar lo que ya tenemos, encontrarnos en lo profundo donde vive ése que realmente somos.

Meditar es estar atento y presente, que no es lo mismo que alerta o tensionado. Meditar es conectarse con este momento que está sucediendo, con la respiración, con los latidos del corazón; es atención plena.

Todo tu Ser respira

El acto de respirar es dar y recibir, vital y amoroso. Inspirar y exhalar es un acto de salud y vida. Inspira oxígeno, aire nuevo; y exhala toxinas, dióxido que necesita liberarse. Inspira prana y exhala apana.

El Prana es energía vital que nutre y da vida. El Apana es energía que purifica a través de la eliminación de las toxinas. Obtener y soltar.

Yo sugiero siempre exhalar más de lo que se inspira, para lograr el intercambio gaseoso necesario y para suavemente ir calmando esa mente inquieta.

La práctica del yoga

Hacer del yoga una filosofía de vida todos los días es hacer tus prácticas, alimentarte bien, tener buenos pensamientos o darte cuenta cuando no los estás teniendo y permanecer un ratito en silencio, implementando algunas de las cosas que fuiste aprendiendo. También, el yoga es pedir ayuda cuando lo necesitas, es agradecer.

¿Sabes que agradecer da paz? Yo siempre digo que cuando uno agradece algo es porque ya tiene paz. Pedir quizás me da la sensación de ansiedad; a veces puedes pedir, por supuesto, pero yo te diría que tomes más tiempo en agradecer que en pedir.

Es gratificante como, después de un tiempo, los alumnos comienzan a darse cuenta de que necesitan sus clases de yoga, que organizan su día para poder llegar a la práctica y no sólo porque les hace bien la parte física, las posturas, sino porque tranquilizan la agitación de la mente, relajan el cuerpo, se conectan con el grupo, empiezan a construir vínculos con los demás y con ellos mismos, en su sala de yoga, en su entorno, comienzan a sentirlo como una tarea diaria.

Con la práctica diaria trabajamos el auto conocimiento, el poder acercarnos cada vez más a ése que somos en lo más profundo, conociendo todas nuestras vertientes.

Dentro de las clases, existen además una cantidad de posturas básicas que emergieron de entre las primeras doce, pero que luego la creatividad y la integración de distintos estilos hicieron que hoy existan muchísimas asanas y variantes para cada una de ellas.

Por eso, mi enseñanza a mis alumnos es buscar hacer la postura lo mejor que se pueda hoy, adaptándola a cada persona, con ayudas, con variaciones, pero principalmente, sintiendo esa postura. Una asana no tiene que ser vacía, puede demostrar una perfecta alineación para la foto pero estar vacía de contenido, y ese contenido, esa vida, se lo da la respiración plena, la concentración, lo que va sucediendo en ese instante, desde adentro hacia afuera. A veces hay posturas simples que están llenas de contenido; eso es una postura. Lo otro es un movimiento físico, que no está mal, pero que no es Yoga.

El placer de dar

La enseñanza me deja placer y más aprendizaje, porque todos los días, al dar una clase aprendes de la reacción de los otros, de sus acciones, de sus preguntas. Me estimula y doy gracias de hacer y vivir de lo que me gusta, ése es mi Dharma. Me reconozco en una actitud de aprendizaje constante, siempre siento que tengo que ser alumna y no tiene que ver con sentir que me falta algo, sino con sentir que todavía hay más por aprender, siempre hay más por aprender.

En el intercambio uno da y recibe, es un constante ir y volver, dar y recibir, entregar, entregarse.

La experiencia me hizo descubrir que dentro de las clases, la música, las canciones (no sólo los mantras), los colores, el humor, las risas, el baile, van cambiando el estado de ánimo. Porque cuando nuestro estado de ánimo no es el óptimo nos podemos enfermar de muchas cosas que no se reflejan en análisis, como el aburrimiento, la ira, la infelicidad, la intolerancia, la impaciencia, etc. Por eso, cuando escucho las risas de mis alumnos como un mantra dentro de la sala, sonrío con el alma.

Puedo decirte entonces que para hacer Yoga no hacen falta grandes experiencias, ni estados de iluminación, sino estar presente (o al menos intentarlo), aquí y ahora, sintiendo el cuerpo físico, el ir y venir de la respiración, la mente que poco a poco comienza a calmar su diálogo incesante.

El fin del yoga es el no sufrimiento a través de los estados de plenitud. Eso no quiere decir que la vida va a ser un estado de felicidad permanente, sino que vas a tener más herramientas para volver a lograr estados de plenitud, cuando por distintos motivos de la vida se pierden.

Por eso, cuando sientas la calidez del dulce hogar que vive dentro tuyo, será el momento de sentirte en casa y será más sencilla, posible y feliz la relación contigo mismo y con los demás.

De mi corazón a tu corazón, te invito a ser parte del mundo del Yoga.

 

Norma Fol

Norma Fol nació en Buenos Aires, Argentina, en noviembre de 1956. Discípula directa de Mataji Indra Devi, orientó su vocación hacia el trabajo holístico y la psicología del Yoga.

En 2011 publicó su primer libro: “Vi un centro de Yoga y entré” (Editorial Dunken), donde cuenta por qué el Yoga significó un antes y un después en su vida.

A finales de 2015, presentó su segundo libro: “Sin prisa” (Editorial Libris), celebrando los treinta años del Centro Norma Fol. Historias, anécdotas, citas y reflexiones en textos breves que proponen hacer fácil el mundo de lo difícil. A éstos se suman las cartas de alumnos que aportan, desde diversas miradas, qué significó el yoga en la vida de cada uno según las propias experiencias.

Fuente: https://www.relajemos.com