Entrevista a Annamalai Swâmî, discípulo de Râmana Maharsi

 

Las respuestas de Annamalai Swâmî constituyen un penetrante resumen de las enseñanzas de su gurú Shrî Râmana Maharshi sobre la práctica espiritual. La perspectiva del Advaita-Vedanta, que ambos sabios han encarnado, consiste en la preeminencia del Conocimiento, lo cuál no implica que no sea necesario seguir un marco tradicional bajo la dirección de un guía espiritual. La autorrealización es una quimera, pues una cosa es la existencia del Centro sagrado en el interior, el Sí, y otra la necesidad de extinguir el yo pasional mediante unas prácticas espirituales adecuadas. Hay que evitar confusiones.

 

¿Cuál es el medio más fácil para liberarse del ‘pequeño sí’?

Deje de identificarse con él. Si puede convencerse de que “este ‘pequeño sí’ no soy yo”, va simplemente a desaparecer.

¿Pero, cómo llegar a eso?

El ‘pequeño sí’ parece ser real, pero si usted comprende que no tiene verdadera existencia, se desvanecerá, dejando tras él la experiencia del Sí Único y Real, dejando de atormentarla.

La conciencia es universal. No hay ni limitaciones ni ‘pequeños sí’ en ella. Es sólo cuando nos identificamos con este cuerpo y esta mente que nace el falso sí.

Pero como estoy tan habituado a pensar: “Yo soy este pequeño sí”, no creo que pueda abandonar esta idea por el simple hecho de repetirme: “Yo no soy este pequeño sí”.

Este ‘pequeño sí’ va a ceder el lugar al Sí real sólo si usted medita constantemente, y no mediante algunos pensamientos aislados. Esfuércese en recordar la analogía de la cuerda, que aparece como una serpiente durante la penumbra crepuscular. Si usted toma la cuerda por una serpiente, la naturaleza real de la cuerda se le escurrirá. A poco que vea la cuerda tal como es, será entonces la serpiente la que desaparecerá. Y esto no es todo: cuando usted sepa que la serpiente no ha existido jamás en lugar de la cuerda, la cuestión de saber cómo matarla se esfumará. Aplique esta analogía al ‘pequeño sí’ que le preocupa tanto. Si llega a comprender que jamás, en ningún momento este ‘sí’ ha existido fuera de su falseada imaginación, no volverá a inquietarse por los medios para desembarazarse de él.

Pienso que la repetición: “Yo no soy la mente sino la conciencia” nunca podría convencerme de que no soy la mente; sería un pensamiento más dando vueltas en mi cabeza. Si pudiera tan solo un instante experimentar a qué se asemeja el estar desprovisto de lo mental, la convicción llegaría automáticamente, lo que no sería posible tras años de repeticiones mentales.

Cada vez que se entrega al sueño, usted tiene la experiencia de ser sin la mente, y durante la duración de su sueño profundo no puede negar ni que usted existe ni que su mente no funciona: esta experiencia cotidiana tendría que bastarle para convencerle que le es posible continuar existiendo sin mente. Aun cuando no tenga la plena experiencia de la conciencia durante el sueño, si reflexiona seriamente sobre lo que pasa en ese estado, obtendrá la confirmación que su existencia; la continuidad de su ser no depende de su mente o de su identificación con ella. Cuando la mente reaparece cada mañana, usted concluye apresuradamente: “He aquí mi ser verdadero”. Reflexione sobre esta deducción y verá cuán absurda es. Si lo que usted es realmente no existe más que cuando la mente está presente, tendría que admitir que usted no existe durante el sueño. Nadie puede aceptar una conclusión tan absurda.

Si analiza los estados en los que se encuentra alternativamente, descubrirá que su experiencia directa es que usted existe tanto cuando duerme como cuando está despierto, y descubrirá entonces que la mente no deviene activa más que cuando usted está despierto o en trance de soñar. A partir de estas simples experiencias cotidianas, le debería ser fácil comprender que la mente es una cosa que va y viene, y que su existencia no se borra cada vez que la mente deja de funcionar. No le hablo de una teoría filosófica, sino de algo que puede verificar por experiencia directa durante cada período de veinticuatro horas de su vida. Cuando su mente aparezca cada mañana, no se apresure en juzgar como habitualmente lo hace: “Soy yo; estos pensamientos son míos”; en su lugar, perciba el ir y venir de sus pensamientos sin identificarse de ningún modo con ellos. Si resiste al impulso de reivindicar cada pensamiento como suyo, llegará a una asombrosa conclusión: descubrirá que usted es la conciencia en la cuál los pensamientos aparecen y desaparecen, y descubrirá que esa cosa que es llamada mente sólo existe cuando se da libre curso a los pensamientos y, como la serpiente cuando aparece en la cuerda, descubrirá que la mente no es más que una ilusión que aparece a causa de la ignorancia o de una percepción errónea.

Usted desea una experiencia que le convenza que lo que digo es verdad: la podrá obtener si renuncia a su sempiterno hábito de inventar un “yo” que reivindica todos los pensamientos como “míos” y concluirá, por experiencia directa, que usted es la conciencia misma y no sus efímeros contenidos.

Las nubes van y vienen en el cielo pero su aparición y desaparición no afecta al cielo. Su naturaleza real es como el cielo, como el espacio: permanezca, como él, indiferente a las nubes-pensamientos que vienen y van; cultivando esta actitud ante la mente, cesará gradualmente de identificarse con ella.

Al principio de mi sâdhana, todo iba muy bien. Había mucha paz y felicidad, y Jñâna parecía no muy lejano; pero ahora, la paz y la felicidad se han esfumado, dejando en su lugar sólo obstáculos e impedimentos.

Cada vez que los obstáculos surgen en el camino, debería usted pensar que el “yo” real está fuera del alcance de sinsabores y obstáculos. Los Vâsanas que se yerguen ante usted pueden revestir la apariencia de una gran montaña rocosa que le impide avanzar, pero no se deje intimidar porque no es de roca sino de alcanfor: si le enciende sólo un fragmento con la llama de la atención discriminante, se verá reducida a la nada. Rehúse reconocerlos como propios y se disolverán, desapareciendo ante sus ojos. No se deje determinar por sus pensamientos y Vâsanas, porque utilizan la artimaña de hacerle creer que es usted una persona real, que el mundo es real y que sus problemas son reales. No los combata, simplemente ignórelos. No acuse recepción de todas esas ideas falsas que continuamente le acosan. Establézcase en la convicción de que usted es el Sí y que nada puede afectarlo. Una vez que obtenga esta certeza, descubrirá que los hábitos de la mente son automáticamente ignorados. Cuando el rechazo de la actividad mental acaezca de forma continuada y automática, comenzará a tener la experiencia del Sí.

Si observa dos desconocidos querellándose a lo lejos, usted no les presta ninguna atención, porque sabe que esa disputa no le concierne en absoluto. En lugar de atiborrar su mente de pensamientos para luego organizar querellas entre ellos, manténgase tranquilamente en el sentimiento “Yo Soy”, que es conciencia, y cultive la actitud de que todas las especulaciones, ideas, juicios, opiniones “no son mías”: la mente no cesa de inventar todo tipo de problemas para usted, y se alimentan de la atención que se les otorga.

Contra más se atormente por ellos, más fuerza cogerán. Ignórelos, y perderán su poder y terminarán desapareciendo.

Los niños parecen nacer sin ego. ¿De qué modo y cuando aparece y encubre al Sí?

Un niño puede parecer sin ego, pero éste y todos los Vâsanas latentes que lo acompañan se encuentran en germen. Cuando el cuerpo de la criatura se desarrolla, el ego lo hace a la par. El ego es producido por el poder de Mâyâ, que es una de las Shaktis (poderes) del Sí.

¿Cuál es el modo de operar de Mâyâ? ¿Cómo nace? Si nada existe salvo el Sí, ¿cómo logra esconderse a sí mismo su propia naturaleza?

El Sí, que es poder infinito y fuente de todo poder, es indivisible. Sin embargo, en su seno, hay cinco Shaktis o poderes, con funciones diferentes pero operando simultáneamente: el poder de creación, el poder de preservación, el poder de destrucción, el poder de ilusión (Mâyâ Shakti) y el poder de la gracia. Esta última, neutraliza y aniquila la anterior, que es Mâyâ.

Cuando Mâyâ está totalmente inactiva, es decir, cuando la identificación con el cuerpo y la mente ha sido abandonada, existe una conciencia de la conciencia, una conciencia de Ser. Cuando nos establecemos en ese estado, no hay ni cuerpo ni mente ni mundo: estas tres cosas no son más que ideas traídas a la existencia aparente cuando Mâyâ está presente y activa.

Cuando Mâyâ está activa, el único modo eficaz de disolverla es el camino mostrado por Bhagavân: se debe practicar la investigación del Sí y distinguir lo que es real de lo que no lo es. Es el poder de Mâyâ que nos induce a creer en la realidad de las cosas que no la tienen fuera de nuestra imaginación. Si usted preguntara: “¿Qué son esas cosas imaginarias?”, la respuesta sería: “Todo aquello que no es el Sí sin forma”. Sólo el Sí es real, el resto es sólo fruto de nuestra imaginación.

De nada sirve tratar de entender por qué hay una Mâyâ y cómo opera. Si está usted en una barca que hace agua, no perderá el tiempo en preguntar si el agujero ha sido hecho por un italiano, un francés o un indio: usted tratará por todos los medios posibles de taparlo. No se preocupe de investigar de dónde proviene Mâyâ. Ponga toda su energía en escapar a sus efectos. Si trata de estudiar el origen de Mâyâ con su mente, se verá condenado al fracaso porque toda respuesta que obtenga provendrá de Mâyâ. Si desea percibir cómo nace y actúa, será necesario establecerse en el Sí, el único lugar en el que estará usted exento de su dominio, y observar después como ella se apodera de usted cada vez que se desvíe su atención sobre el Sí.

Usted dice que Mâyâ es una de las Shaktis. ¿Qué es lo que entiende por Shakti?

Shakti es energía o poder. Es un nombre del aspecto dinámico del Sí. Shakti y Shânti (Paz) son dos aspectos de la misma conciencia. Si las imagináramos separadas, se podría decir que Shânti es el aspecto no manifestado del Sí, mientras que Shakti es el aspecto manifestado; pero, en realidad, no lo están: una llama tiene dos propiedades, luz y calor pero ambas son simultáneas.

Shânti y Shakti son como el mar y sus olas. Shânti es el vasto cuerpo de agua inmóvil, mientras que las olas que aparecen en la superficie son la Shakti.

Bhagavân decía que después de la realización, el Jivanmukta experimenta Shânti dentro de sí y está establecido permanentemente en ella. En ese estado de realización, ve que todas las actividades son causadas por la Shakti. A partir de la realización, se es consciente que no hay ninguna persona individual que hace absolutamente nada. En su lugar, hay conciencia de que todas las actividades son la Shakti del único Sí. En esta conciencia, todo es su Sí y todas las acciones son suyas. O bien, se puede también decir que no hace jamás nada: es una de las paradojas del Sí.

El universo está controlado por la única Shakti, a veces llamada Parameswâra Shakti (el poder del Señor Supremo): es ella la que mueve y ordena todas las cosas. Las leyes naturales, como las leyes que mantienen los planetas en sus órbitas, son todas manifestaciones de esta Shakti.

Dice usted que todo es el Sí, aún la Mâyâ. Si es así, ¿por qué no veo el Sí claramente? ¿Por qué se me oculta?

Porque busca en la dirección errónea. Usted tiene la idea que el Sí es algo que se ve o del cual se tiene experiencia, pero no es así para nada. El Sí es la comprensión o la conciencia en la que el hecho de ver y el de experimentar tienen lugar. Aunque no vea al Sí, él está, omnipresente. Bhagavân decía a veces con humor: “Las personas no hacen otra cosa que abrir el periódico y echarle una ojeada. Después dicen: ‘He leído [literalmente: he visto] el periódico. De hecho, no han visto el periódico sino que han visto las letras y las imágenes que se encuentran sobre él: no puede haber ni palabras ni imágenes sin el papel, pero la gente olvida siempre al papel mientras lee las palabras”.

Bhagavân utilizaba después esta analogía para mostrar que mientras la gente ve los nombres y las formas que aparecen sobre la pantalla de la conciencia, ignora la pantalla misma; con este género de visión parcial, es fácil llegar a la conclusión de que todas las formas no tienen relación unas con otras y están separadas del sujeto que las ve. Si fuera consciente de la conciencia en vez de las formas que aparecen en ella, realizaría que todas las formas no son más que apariencias que se manifiestan en el seno de la conciencia una e indivisible. Esta conciencia es el Sí que usted busca: usted puede ser esta conciencia pero jamás verla, porque no es algo que está separado de usted.

Fuente: http://www.advaitainfo.com