Por Catherine Ingram

 

 

¿Cuáles son tus opiniones personales (no las transpersonales) acerca de la muerte?
La muerte es una mierda oye. Mis dos citas favoritas sobre la muerte no son de filósofos, sino de comediantes. Una vez le preguntaron a Woody Allen si quería alcanzar la inmortalidad a través de sus obras, y respondió: “No, quiero alcanzar la inmortalidad viviendo eternamente”. Y a Bob Hope, cuando le preguntaron si tenía miedo de la muerte, dijo: “No, no le tengo ningún miedo a la muerte, lo que me molesta es ese trámite de morirse”. Mi opinión personal concuerda bastante con la de Bob Hope.
Hemos visto a demasiadas personas arruinadas a la larga por la llamada medicina moderna como para estar contentos con las perspectivas al respecto. De ahí que yo sea un gran entusiasta del movimiento iniciado por Elizabeth Kubler-Ross y sus hogares de ancianos.

¿Y cuales son tus opiniones transpersonales sobre la muerte?
Bueno, todos los tipos de meditación son en esencia un ensayo de muerte. Como dice el budismo zen, “si mueres antes de morir cuando mueras no morirás”. Algunos sistemas de meditación, en particular el sistema “Sikh” (hinduista) y el del budismo tántrico, incluyen formas de meditación que simulan minuciosamente la muerte corporal ―incluido el cese de la respiración, la frialdad del cuerpo, la disminución y a veces hasta la detención de los latidos cardíacos, etc.
En tal caso, la muerte física no constituye una sorpresa, puede ensayarse ese estado intermedio para obtener una comprensión esclarecedora. Creo que esto es cierto, aunque supongo que pronto todos lo comprobaremos, ¿no

Muy pronto. Aquí me viene a la memoria algo que dijo Stephen Levine: sostuvo que sentado al lado de personas moribundas, ya se tratase de jóvenes de quince años o de ancianos de noventa, siempre le confesaban lo mismo. ¡Todo había pasado tan rápido! ¿Qué crees que nos sucede después de la muerte?
Aquí debo dar una respuesta muy abstracta, una suerte de amalgama de las diversas tradiciones. Al sobrevenir la muerte, el cuerpo se disuelve y se convierte en mente, luego la mente se disuelve y se convierte en alma y el alma se disuelve y se convierte en espíritu; y cada una de estas disoluciones está caracterizada por un conjunto específico de acontecimientos.
Por ejemplo: la disolución de un cuerpo y su transformación en mente es el proceso efectivo de morirse, la disolución de la mente en el alma se vivencia como un repaso y, “enjuiciamiento” de la propia vida; la disolución del alma en el espíritu es una liberación y una trascendencia radical. Más tarde el proceso se invierte, por así decirlo, y según las tendencias kármicas acumuladas se generará un alma a partir del espíritu, luego una mente a partir del alma, luego un cuerpo a partir de la mente, tras lo cual se olvidan todos los pasos dados anteriormente y uno se encuentra renacido en un cuerpo físico. Según los tibetanos, este proceso dura en su totalidad alrededor de cuarenta y nueve días.

¿Y de qué manera ayuda la meditación a la persona que muere?
La meditación apunta a que la persona sea capaz de reconocer el espíritu, de manera que cuando al morir el cuerpo, y mente y alma se disuelven, pueda reconocer ese espíritu o Dharmakaya y permanecer en él, sin salir disparado para volver al samsara, para volver al alma, mente y cuerpo separados. O bien, si lo que se elige es regresar al cuerpo, eso se hace como una elección deliberada; o sea, como un bodhisattva.

Has formulado resonantes críticas contra la teoría de los sistemas, según la cual el espíritu es una totalidad, y el estudio de estas totalidades es, en cierto sentido, espiritual. ¿Qué hay de malo en ello?
Para empezar, se parte aquí de un error fundamental: el espíritu no es una totalidad. La “totalidad” no es más que otro concepto mental. El espíritu está más allá de todos los conceptos, incluidos los holísticos. Se puede conocer o intuir de manera directa, pero no intuir conceptualmente. La totalidad no es sino otro concepto, y como todos los conceptos, la “totalidad” o la “unicidad” es dualista: sólo tiene sentido en función de su opuesto, la “parcialidad” o la “multiplicación”.

¿Espíritu por oposición a unicidad? suena un poco esotérico.
Pero en realidad es algo fundamental. La unicidad, la totalidad, la unidad… todos éstos no son sino conceptos mentales. Podríamos decir que el espíritu es aquello que se percata o tiene conciencia de esos conceptos; pero no podemos decir qué es el espíritu, porque no es algo que responda a la pregunta “¿qué es?”; no es una clase, un concepto o un objeto de ninguna especie, ni siquiera holístico o de cualquier otro tipo. Los místicos concuerdan en que si uno quiere referirse al espíritu, lo mejor es hacerlo en forma negativa: el espíritu es lo ilimitado, lo no nacido, lo irrestricto, etc. Y si bien creo que la totalidad es un concepto muy importante y tiene aplicaciones muy interesantes, no es una cualidad que pueda aplicarse a lo incalificable, al shunyata.

¿Cómo puede conocerse el espíritu, por oposición a la unicidad?
Al espíritu se lo conoce mediante la meditación o entrando en un samadhi profundo, donde simplemente dejan de aparecer los conceptos mentales, ya se trate del de totalidad o del de parcialidad. Ocurre que estos conceptos se desprenden y caen, quedan atrás. Cuando uno se encuentra en ese estado de darse cuenta (percatamiento) no conceptual, todo lo que hace es mirar a su alrededor, y lo que ve es muy simple, claro y obvio: ese juego de luces y sombras que tú tienes ahora frente a ti.
Pero las palabras no pueden describir todo esto en forma directa, así como no pueden hacer justicia a ninguna vivencia. Es posible recurrir a metáforas o a la poesía; puede decirse entonces que el espíritu es “uno”, que es “indiviso”; eso está bien, pero no debe entenderse que esto es información fáctica, porque el espíritu es mucho más de lo que pueda resumirse en esas palabras.

Lo que me estás diciendo es que la teoría de los sistemas confunde el mapa con el territorio. La “totalidad” o la “unidad” no sería más que un mapa, al ser un concepto simplemente.
Sí, y por eso la teoría de los sistemas no puede liberar a nadie de los conceptos. Todo lo que tiene son conceptos. Puede liberarte de ciertos conceptos fragmentadores o divisorios, pero no de los conceptos per se. En los Upanishads se dice que esto es como liberarse de las cadenas de hierro para pasar a tener cadenas de oro; las segundas son mucho mas peligrosas que las primeras, porque uno cree que se ha librado de ellas, cuando en realidad lo único que ha hecho es percatarse de que está encadenado.
De este pensamiento “holístico” es muy difícil salir, porque se piensa que es el remedio para la enfermedad cuando en verdad no es sino su causa.

Entonces, el pensamiento holístico es mejor que el pensamiento divisorio, pero ambos son en última instancia meros conceptos, ¿no es así?’
Sí. Me gusta añadir que lamentablemente el pensamiento holístico puede ser más pernicioso aún, porque a menudo se confunde con un estado espiritual o totalizador, y no es eso en absoluto.

¿Y qué me dices del uso generalizado del concepto de totalidad para designar todo lo que es, el Todo? La gente (principalmente la de la Nueva Era) lo utiliza como metáfora del espíritu.
Bueno, como te dije antes, muchos términos pueden servir como indicadores o metáforas del espíritu. Las palabras pueden ser muy útiles como indicadores, siempre que se las siga considerando indicadores o metáforas y no la realidad en sí misma. Pero, utilizando la analogía de la caverna de Platón, la teoría de los sistemas tiende a confundir la suma total de sombras que hay en la caverna con la luz que está fuera de ella. Piensa (esta teoría) que agregando todas las partes hasta constituir una enorme totalidad, se obtendrá el espíritu, pero todo lo que se obtiene es una colección holística de sombras.
De ahí que Alan Watts afirmara que juntar o unificar cosas es una ilusión o maya, no menor que dividirlas, ¿entiendes? Puedes agregar todas las sombras que tú quieras, pero con ello no conseguirás la luz.

¿Cuál es entonces la relación del espíritu con estas sombras, o con todo lo que se manifiesta?
Es cierto que el espíritu se manifiesta como el universo entero, como el Todo, como la totalidad de lo que es; en ese sentido, el espíritu es holístico. Pero lo que importa es que nadie puede conocerlo todo, nadie puede sumar todos los fragmentos, porque eso le llevaría la eternidad. Nadie puede jamás llegar a “iluminarse” tratando de conocer todas las sombras ―no hablemos de unificarlas.
En cambio, sí se puede conocer directamente el espíritu, que es el origen de todas las sombras y su esencia, su “quid” y una vez que se conoce el espíritu, se comprende que las sombras no son otra cosa que un juego del espíritu, ¿te das cuenta? Lo que uno celebra es entonces ese juego luminoso del mundo total. Pero a ese mundo total se le conoce conociendo al espíritu, y no añadiendo todas y cada una de sus partes. Y, para ser sinceros, eso no te lo da la teoría de los sistemas.

Sin embargo, tú has aplicado la teoría de los sistemas en tus trabajos…
¡Oh, sí! Como te dije, la teoría de los sistemas es muy útil, sólo que es muy parcial. La he utilizado junto con las jerarquías, la teoría del desarrollo psicológico y sus etapas, el estructuralismo y la hermenéutica para tratar de describir cómo operan las sombras. No me parece que esto sea demasiado importante; es sólo mi propia manera de tratar de arrojar luz sobre esta situación.

¿Qué maestros vivos fueron para ti una gran fuente de inspiración?
Krishnamurti fue quien me abrió todas las puertas desde el comienzo. Era una persona extraordinaria aunque pienso que lamentablemente sus efectos tal vez terminaron por ser negativos.

¿Por qué?
Quizás suene presuntuoso, pero me parece que Krishnamurti no entendió la dinámica de su propia transformación, y por eso estaba mal preparado para transformar a los demás. Como su propio despertar fue en gran medida espontáneo, supuso que lo sería también el de todas las demás personas, lo cual es muy infrecuente.

En realidad, su despertar espontáneo vino después de muchos años de adiestramiento con los miembros de la Sociedad Teosófica. El momento del despertar puede parecer espontáneo, pero no se produce si no hay un proceso previo.
Así es. En todo caso, no nos legó ningún discípulo, lo cual es lamentable. Sea como fuere, de Krishnamurti pasé al zen y, allí fui influido por muchos maestros: Philip Kapleau, Sazuki Roshi, Katagiri Roshi, Eido Roshi (quién entre otras cosas me asignó un koan por correo, pues yo vivía en Nebraska y no podía ir a verlo), Suzuki Roshi y Maezumi Roshi. De ahí pasé al “Vajrayana”, donde mis maestros más directos fueron Kalu Rinpoche y Trungpa Rinpoche.

¿Hasta qué punto es territorio conocido para ti todo el espectro de conciencia a que has aludido en tus obras?
Por ahora sólo pasé el primer chakra y estoy a mitad de camino hacia el segundo, tratando de llegar hasta el complejo de Edipo. En realidad hay una gran diferencia entre llegar a ver, o conocer cabalmente una estructura superior, y vivir de acuerdo con ello. Por lo tanto, si bien he tenido atisbos de la mayoría de los niveles o chakras superiores, y algunos los conozco bastante bien, estoy lejos de ser un iluminado. Soy un pundit (erudito), no un gurú. Pero el Vajrayana parece estar acelerando considerablemente este proceso (sonriendo). Creo que algunos se han tomado muy en serio esto de “alcanzar la iluminación en una sola vida”.

Una última pregunta: ¿Cómo te gustaría que fuera aplicada tu obra en el mundo?
Esto nos remite a lo que hablábamos antes. La aplicación en el mundo consiste en que tienes que practicar. Sean cuales fueren tus creencias, escoge una práctica y síguela realmente, como expresión de tu actitud esclarecida.
Todo el contenido de mí obra apunta a legitimar la práctica espiritual, a darle un fundamento académico para que la gente lo piense dos veces antes de descartar la meditación como una especie de retiro narcisista o de regresión oceánica. Eso es todo.
No estoy haciendo esto para construir un sistema elegante, como hizo Hegel, ponerle mi nombre y admirarlo, y pretender entrar con él en la historia. Lo hago para que podamos olvidarlo y nos pongamos a practicar, que es en definitiva lo único que cuenta.

Fuente: https://www.nodualidad.info