Entrevista a David Loy: “Los humanos somos la autoconciencia de la Tierra”.

 

Ha ejercido de profesor universitario de Filosofía Budista en Asia (15 años en Japón) y en Estados Unidos. En sus artículos y libros reflexiona sobre el encuentro entre el budismo y el mundo occidental actual. La editorial Kairós ha traducido tres de ellos: No-dualidad, El gran despertar (una teoría social budista) y Dinero, sexo, guerra y karma. Lo que ofrecen las enseñanzas de Buda es una llave de oro con la que poder cambiar el mundo, dice, y la clave es cambiar las motivaciones. Cuando cambias tus intenciones, todo cambia a tu alrededor.

David Loy dirigirá un retiro del 5 al 10 de noviembre de 2019, en el Monasterio Ntra. Sra. Del Olivar, en Estercuel (Teruel), sobre el tema “Profundizando en la no-dualidad”.
Tienes más información en el apartado Actividades de esta web.

¿Cómo llegó al budismo?
Vivía en Honolulu, y con un amigo me apunté a una sesshin (retiro de meditación zen) sin saber dónde me metía. ¡Fue un infierno!

Le pusieron cara a la pared…
…Una semana y sin pronunciar palabra. Pero se me abrieron nuevas perspectivas y supe la dirección que debía tomar.

Un largo camino.
Seguí haciendo retiros y se multiplicaron las preguntas filosóficas, así que decidí volver a la universidad a realizar un posgrado que comparaba la filosofía oriental y occidental, y me doctoré.

¿Qué ha aprendido?
A vivir una vida feliz. El mundo tal como lo percibimos es algo que hemos construido en nuestra mente y que podemos deconstruir y reconstruir de otro modo.

¿Qué desmontó usted?
Crecemos con la idea de que estamos separados del mundo: Yo estoy aquí y el mundo está ahí fuera. Lo que el budismo llama liberación es soltar esa identificación con el yo y darte cuenta de que no existe la dualidad.

La teoría nos la sabemos…
Hay que experimentarlo. Nisargadatta, un maestro vedántico, decía: «Cuando miro en mi interior y veo que no soy nada, eso es sabiduría. Cuando miro hacia fuera y veo que lo soy todo, eso es amor. Entre ambos transcurre mi vida». Esa es la tarea más difícil.

El budismo en Occidente se ha convertido en una herramienta para «yo estar mejor»; lo del amor a los otros es secundario.
Cierto, aquí es antídoto del estrés derivado del tipo de vida, y que con ciertas practicas budistas, como el mindfulness, se consigue apaciguar para así poder continuar en la rueda del consumismo y el individualismo.

Es perverso.
Sí, porque refuerza esa sensación de estar separado del mundo, ya que sólo te preocupas de tu crecimiento personal.

Pese a ello el budismo nunca ha tenido una dimensión social
Tradicionalmente siempre ha puesto el énfasis en la transformación personal, pero podemos aprovechar esa capacidad transformadora y aplicarla a la dimensión social.

¿Cómo?
El budismo señala tres venenos: la codicia, la agresividad y la ignorancia. Venenos que hoy están institucionalizados: nuestro sistema económico ha institucionalizado la codicia; en EE.UU. el militarismo es hostilidad institucionalizada, y los medios de comunicación institucionalizan la ignorancia.

¿En qué sentido?
Normalizan un estado de cosas que deberían ser cuestionadas.

Esos tres venenos son consustanciales al bicho humano.
Cierto, por eso debemos contrarrestarlos. Durante más de cien años, en los países desarrollados, el sistema económico corporativo y el sistema político han sido la misma cosa, y los que se han beneficiado han sido los pocos que lo controlan. Pero el sistema se está derrumbando.

Parece que repunta.
No se lo crea. Se ve claro en EE.UU., donde el sueño americano se está convirtiendo en una pesadilla cada vez para más gente, y eso plantea preguntas sobre el modelo.

¿Y cree que cambiaremos?
Por un lado vemos que la crisis económica, social y ecológica se va agravando, y por el otro, la evidencia de una transformación de la conciencia. Si la crisis va a acabar ahogando esa transformación de la conciencia, es algo que veremos en los próximos años.

¿Cómo se estructura políticamente el budismo socialmente comprometido?
Conformando un sistema social que no agrave y promueva los tres venenos. La transformación personal y la transformación social han de ir juntas, se necesitan mutuamente.

Será un experimento, porque no existe en ningún lugar del mundo.
Ya tenemos muchos experimentos a escala local que están funcionando. El problema es que cuando esas iniciativas pasan a un plano mayor, la corrupción y el desgaste fácilmente hacen mella.

Entonces volvemos al principio…
Sí, a nuestra forma básica de ignorancia, esa percepción de estar separados del mundo que lleva implícita la sensación de carencia, de que algo nos falta, y que nos lleva a buscar fuera (más dinero, cosas, reconocimiento…). Esa sensación de separación lo impregna todo, también es colectiva.

Nos creemos el ombligo del universo.
En el núcleo de la crisis ecológica está esa sensación de que los humanos estamos separados de la Tierra. En realidad nos une un cordón umbilical que no podemos cortar. Nuestra especie es un experimento de la Tierra: somos la autoconciencia de la Tierra.

Pues menuda conciencia.
Hay algo radicalmente incompleto en nosotros, por eso tantas tradiciones espirituales insisten en que debemos despertar, porque en la medida en que estamos atrapados en la sensación de separación, esa autoconciencia no puede prosperar. Estas crisis son llamadas al despertar, si no lo hacemos, puede que la Tierra nos eche de aquí.

Entrevista de Ima Sanchís.
Fuente: www.lavanguardia.com/lacontra/