La comunicación emocional (1ª Parte): ¿Oyes o escuchas?

Por David Emiliano Azón Ínigo.

Psicólogo General Sanitario. Experto en Mindfulness. Imparte clases de Mindfulness y Yoga en los Centros de Yoga y Yogaterapia.

En la actualidad estamos viviendo una situación que nos está haciendo valorar con mayor intensidad la importancia del contacto con nuestros seres queridos, la relación y comunicación con ellos y la necesidad de sentirnos escuchados. A raíz de esta comprensión, hay una pregunta que me ha surgido durante estos días. ¿Sabemos escuchar, sentir a los otros para que se expresen tal como quieren expresarse, sobre todo cuando no se encuentran bien?

Imagina dos historias:

En la primera conocemos a Laura, a la que le ha dejado su novio durante el confinamiento. Le ha dicho que se ha dado cuenta de que no la quería tanto como pensaba y que está conociendo a otra persona.

Laura se encuentra sola en casa y este suceso la ha desestabilizado por completo, se siente abandonada, sin capacidad de sentir placer o motivarse, y está empezando a ingerir grandes cantidades de productos grasos o azucarados para compensar su ansiedad.

Necesita compartir lo que siente y apoyarse en aquellas personas a las que quiere, pero le cuesta expresar sus sentimientos porque se siente vulnerable. Aún así realiza dos video llamadas.

En la primera llama a su madre, quién tras escucharla le contesta:

– ¡Ay hija! No sé cómo puedes estar así por ese chico. ¿Cuánto llevabais saliendo? ¿Un mes? No te des mal, que tú eres una chica muy guapa e inteligente y encontrarás a alguien mejor, que a ese Javi no lo veía yo. Ya te lo dije, que se me da bien ver a la gente, y no le veía con buen fondo y adecuado para ti, si es que suelo acertar Laurita, que los años te dan mucha experiencia. Pero bueno, como te gusta ir por libre….

En la segunda escucha esto de una de sus mejores amigas:

– Jo Lauri, que duro se me hace verte así. Pero oye ¡Que le den! A mí me ha pasado lo que a ti y a algunas de mis amigas también, y lo mejor es mandarles a tomar por saco. Los chicos al final siempre hacen lo mismo, empiezan contigo porque en verdad quieren lo que quieren, y luego cuando les pides compromiso, salen pitando. Hombres… no hay nada que hacer. Por lo menos, ahora cuando acabe el confinamiento, vuelta al mundo de la soltería y a disfrutar, que hay muchos peces en el mar.

En la segunda historia, nos encontramos con Marcos, que lleva una semana muy mala. Se encuentra confinado con sus padres y cada día parece peor que el anterior. No tiene ganas de hacer nada, se encuentra irascible y lo único que hace es jugar todo el rato a la PlayStation o ver fotos de la gente en Instagram para no pensar.

Marcos necesita desahogarse, pero con sus padres no tiene confianza ni ganas de comunicarse, así que realiza dos llamadas:

En la primera telefonea a un amigo suyo psicólogo, quién tras escucharle le responde:

– Joder, es que esto del confinamiento es una putada para todos, yo creo que todos estamos viviendo cosas parecidas. Pero piensa que te sientes así porque tú siempre has sido una persona muy activa y sociable. Al no disponer de esos reforzadores positivos ahora, tu estado de ánimo ha ido decreciendo y por lo tanto, influido por ese estado emocional, aparecen con mayor frecuencia pensamientos negativos y así en un círculo vicioso. Trata de hablar con la gente tío, distraerte, marcarte una rutina, a mí me sirve.

En la segunda, otro amigo le dice:

– Ya Marcos, pero tienes que aceptar y permitirte ese estado que estás viviendo ahora. Ya sabes que tú eres Sagitario, y este era un año jodido para tu signo. Juntando eso, el cambio de era y energía que estamos viviendo con este confinamiento y la Luna que ha habido está semana en Aries, es normal que te sientas mal. Yo estoy tomando unas infusiones con propiedades curativas y realizando meditaciones regresivas, quizá a ti te vengan bien, te las paso.

¿Qué opinas de estas dos historias? ¿Crees que las respuestas que recibieron Marcos y Laura les ayudaron a desahogarse, a sentirse escuchados? ¿Qué habrías contestado tú? ¿Cómo sueles responder en tu día a día cuando alguien te cuenta una situación incómoda o dolorosa que está viviendo?

Normalmente, en nuestra cultura tenemos dificultades para comunicar abiertamente nuestro estado emocional a otras personas. (Exceptuando personalidades histriónicas, victimistas, o aquellas personas que a través de la queja buscan atención y refuerzo social).

Tenemos miedo de mostrarnos vulnerables y que nos puedan dañar, quizá haya múltiples resistencias internas que impiden siquiera el reconocimiento de esa emoción, o sesgos cognitivos que desvirtúan y desvían el foco atencional del estado emocional, entre otras razones posibles.

Debido a estos obstáculos inherentes a la persona, la manera en la que el interlocutor responda, especialmente cuando nos encontramos mal, será una variable determinante a la hora de expresar con total naturalidad la emoción que se siente.

Imagina que vas por la calle y te encuentras un gato que parece doméstico, asustado debajo de un coche. El gato necesita volver a su hogar y se encuentra en un estado de estrés alto. Si quieres rescatarlo, tiene que sentirse seguro de que no le va a ocurrir ningún peligro, de que no le vas a dañar, necesita confiar en ti. Puedes expresar esta actitud a través de los gestos, la mirada, el tono de voz, la prudencia a la hora de acercarte, el respeto de sus tiempos y su forma de hacerlo.

Y de este modo crear el contexto propicio para que aquello que quiere realmente hacer el gato, se exprese. Entonces, poco a poco, quizá comience a acercarse con mucha cautela, salga de su cueva y se deje ayudar.

El gato representa el estado emocional de esa persona que quiere expresarse, y todo lo que conlleva el rescate describe la actitud de escucha por parte del interlocutor. Si el gato percibe alguna mínima señal hostil, que no le prestas atención o que piensas más en tus tácticas para rescatarlo que en lo que él te está mostrando, volverá a esconderse.

Muchas veces el gato que hay dentro de cada uno de nosotros se esconde porque no ha sentido un contexto seguro para expresarse.

Pero, ¿qué factores dentro del proceso de escucha dificultan la expresión emocional?

En mi opinión, hay un factor repetido en las historias de Laura y Marcos, que dificulta que ellos sigan explorando y liberando su estado de ánimo actual. Existe por parte de sus interlocutores una evitación o negación del estado que sienten los protagonistas. Dicha negación, en mi opinión se produce a través de diferentes mecanismos:

a) Negación explicita del estado emocional:

Se puede observar cuando la madre le dice a Laura “No sé cómo te puedes sentir así”. Los seres humanos no elegimos lo que sentimos; lo sentimos, y luego en todo caso podemos decidir cómo relacionarnos con ese sentir. La madre de Laura niega y rechaza que su hija se sienta de ese modo, lo cual puede provocarle sentimientos de culpa o frustración.

Una de las peores cosas que le puedes decir a una persona con depresión es “¿Por qué no sales de casa?”. “Podrías sonreír un poco”.

Si ya te encuentras profundamente deprimido y alguien te dice que no estés triste, es como si te has hecho una herida y para ayudarte te aconsejan que dejes de sangrar.

b) Desviar el foco de la conversación hacia tu propia vivencia:

Por ejemplo, como hace la amiga de Laura “a mí me ha pasado lo que a ti, y a mis amigas también y lo mejor es mandarles a tomar por saco”; o como hacen los amigos de Marcos “Trata de hablar con la gente tío, distraerte, marcarte una rutina, a mí me sirve”. “Yo estoy tomando unas infusiones con propiedades curativas y realizando meditaciones regresivas, quizá a ti te vengan bien, te las paso“. La explicación interna de quien responde es: como a mí me ha pasado algo que interpreto como parecido a lo que te pasa a ti, te cuento mi experiencia, porque si me ha funcionado a mí te puede funcionar a ti.

Claro que compartir vivencias personales que a uno le han sido útiles puede ayudar también al otro. Pero, si a una persona que se está “abriendo” emocionalmente dejas de prestarle atención y te centras en ti mismo, no estás reconociendo ni empatizando con la emoción que está exponiendo y por lo tanto se dificulta su expresión.

Uno de los aspectos que más agradecen las personas que acuden a terapia es la posibilidad de sentirse escuchados en todas sus dimensiones y no sentirse juzgados. En parte, esta situación se facilita porque en general el psicólogo no cuenta su experiencia propia en la sesión, sino que focaliza el diálogo y la atención en la persona, para que ella sea su propia exploradora. Cuando alguien te cuenta un problema, ¿escuchas u oyes y piensas lo que vas a contestar?

c) Teorizar o dar una explicación racional a la vivencia emocional:

Todos tenemos esquemas mentales y marcos teóricos forjados por nuestra experiencia, que utilizamos para explicar y comprender el mundo que nos rodea, porque somos seres que en general no toleramos la incertidumbre y necesitamos controlar, o mejor dicho, tener la sensación de que controlamos los sucesos externos.

¿Cómo conseguimos esto? Estableciendo marcos de referencia que guíen nuestra vida y que expliquen los comportamientos de los demás. “Los chicos al final siempre hacen lo mismo, empiezan contigo porque en verdad quieren lo que quieren“. “Te sientes así, porque tú siempre has sido una persona muy activa y sociable. Al no disponer de esos reforzadores positivos ahora, tu estado de ánimo ha ido decreciendo….”. “Con este confinamiento y la Luna que ha habido está semana en Leo, es normal que te sientas mal”.

Esta sensación de saber que alguien hace algo por una razón que yo sé, alivia la incertidumbre y las emociones dolorosas que produciría no saber por qué actúan los demás.

Sin embargo, más allá de si la teoría que se le proporciona a la persona es correcta o incorrecta, o de que en general cada persona tenderá a dar una explicación distinta al motivo que subyace a uno a comportarse de una manera u otra, hay que tener en cuenta que se proyecta o exporta un modelo explicativo propio, a un problema desconocido.

Por lo tanto, no se permite que sea la propia persona la que encuentre su explicación, su camino para entender y manejarse con la emoción.

d) Juzgar o no prestar atención a través del cuerpo

Cuando alguien te está hablando puedes permanecer en silencio, pero tu cuerpo está comunicándose continuamente, y también puede obstaculizar la expresión emocional. La postura corporal, la mirada, los gestos, la proximidad, el contacto físico, son mediadores intrínsecos del proceso comunicativo.

Imagínate que le estás contando un problema a un amigo y éste se encuentra de lado, con los pies apuntando a otra dirección, tiene los brazos cruzados, no te mira fijamente a los ojos, sino que de vez en cuando se distrae y mira para otro lado, se encuentra a dos metros de ti y alguna vez has notado una microexpresión facial que denota un juicio.

¿Estarías cómodo contándole el problema?

Estos son sólo algunos de los obstáculos que a mi juicio dificultarían la comunicación emocional eficaz, pero sin duda pueden existir más. En esta sociedad no ha primado la educación emocional, ni nos han enseñado el arte de escuchar.

Sin embargo, sabemos diferenciar a quién queremos contar las cosas más importantes de nuestra vida y con quién sólo hablamos de trivialidades. Hemos vivido seguramente situaciones en las que hemos escuchado y acogido a la persona con total empatía y comprensión, y otras en las que le hemos interrumpido, distraído o contado una batallita nuestra en vez de centrarnos en ella.

Sabemos y podemos hacerlo, en ese camino por humanizar lo humano. Porque en algunas ocasiones no hay respuesta, o como dice un amigo mío: “A veces, la mejor respuesta es el silencio”.

En la 2ª parte del artículo exploramos las características de la escucha activa para facilitar la expresión emocional: El arte de escuchar