La necesidad del Mindfulness en el siglo XXI

David Emiliano Azón Ínigo

Psicólogo General Sanitario. Experto en Mindfulness. Imparte sesiones de Minfulness y Yoga en el centro de Yoga y Yogaterapia del Actur.

 

Desde que a mediados de los años 70 el psiquiatra Jon Kabat-Zinn popularizó e impulsó el Mindfulness para el tratamiento de trastornos psicosomáticos, esta disciplina no ha dejado de crecer y extenderse por multitud de ámbitos dentro de la sociedad occidental.

Aunque sigue sin haber un consenso entre los científicos sobre una definición específica que abarque el significado del Mindfulness, se podría definir como: La capacidad de tomar conciencia del momento presente de manera intencional y con aceptación radical de aquello que se esté experimentando. Por lo tanto, sería una observación centrada en el aquí y el ahora, sin apegarse ni rechazar la experiencia vivida y consecuentemente sin juicios valorativos.

Mindfulness es una disciplina pero también es una cualidad intrínseca de nuestra mente. Por ejemplo, los bebés se encuentran constantemente en un estado “mindful”. Si están comiendo, todos sus sentidos dirigen su atención hacia esa actividad y si están tristes lloran, expresando esa emoción sin filtros hasta que se calman. Sin embargo, a medida que el cerebro y especialmente el córtex prefrontal se van desarrollando, se introducen nuevas habilidades cognitivas que dificultan los mecanismos de acción del Mindfulness, como la capacidad de anticipar sucesos que aún no han ocurrido o la metacognición (la capacidad de pensar sobre nuestros pensamientos), entre muchos otros.

De esta manera, cuando nos hacemos adultos podemos percibir un cambio sustancial en comparación con el bebé en relación a las actividades mencionadas. Estamos comiendo mientras vemos la televisión o mientras pensamos en lo que hemos hecho o vamos a hacer. Y si estamos tristes, no siempre lo mostramos, algunas veces lo ocultamos debido a que no está aceptado socialmente, otras quizá realicemos una actividad para distraernos de aquello que nos está haciendo sufrir.

El Mindfulness no es un invento del siglo XX como reconoce el mismo Jon Kabat-Zinn. La meditación lleva practicándose desde hace milenios en diferentes culturas, especialmente en Oriente. Por ejemplo, la meditación Vipassana, que podría considerarse como el marco que ha servido de inspiración para el desarrollo del Mindfulness, ya se practicaba en la India hace más de 2300 años.

En mi opinión, el origen de la disciplina del Mindfulness como tal responde a una necesidad global dentro de nuestra sociedad occidental, provocada por nuestro estilo de vida actual. Debido al tabú y la confusión existente (aunque cada vez con menos intensidad) sobre la meditación, el budismo o el Yoga, por nombrar algunas de ellas, era necesario reinventar una disciplina adaptándose al contexto occidental de la época, para que los beneficios de su práctica alcanzaran un mayor público que demandaba en mayor o menor medida un contrapeso a su estresante estilo de vida.

Por otro lado, nos encontramos en un momento histórico en el que es necesario validar y demostrar las teorías y disciplinas que se van a aplicar en el ámbito de la salud, con el objetivo de implementar aquello que funciona y descartar medios de intervención sin un base teórica suficiente para demostrar su eficacia. El Mindfulness ha sido criticado desde distintas esferas más tradicionales dentro de la meditación y el Yoga, por quedarse en un enfoque demasiado superficial en comparación con algunas tradiciones espirituales. Si bien es cierto que ha tenido que dejar a un lado conceptos más complejos y difícilmente demostrables que se mencionaban asiduamente en distintas tradiciones, con el objetivo de ajustar el material trabajado con los criterios científicos.

También es verdad que, debido a la proliferación de investigaciones sobre Mindfulness, cada vez son más las temáticas investigadas sobre temas más polémicos y trascendentales. Un ejemplo es la compasión (Karuna en la tradición), que se ha introducido en múltiples contextos terapéuticos y cada vez tiene más investigación que la sustenta. Otro ejemplo se referiría al concepto de la no dualidad, respecto al cual se están teorizando medios posibles para poder introducirla en los criterios de investigación actuales sin perder la esencia de lo que significa.

Además, el Mindfulness introduce una formación profesional que creo indispensable para trabajar distintos estados psicológicos de la persona. Son muchas las disciplinas alternativas dentro del mundo de la meditación y del Yoga, que proponen explicaciones y soluciones a las distintas problemáticas relacionadas con la psique. En su mayoría son interesantes y trabajan temáticas profundas que merecen un modelo explicativo, pero no cuentan con un marco científico que las sustente.

En mi experiencia, cada vez soy más consciente de que para trabajar con aspectos íntimos de la persona hay que tener una formación psicológica o sanitaria mínima, para no realizar un trabajo iatrogénico que acabe causando más daño que bienestar a la persona. Personas con trastorno mental grave, contraindicaciones terapéuticas en determinados tipos de personalidad o simplemente estados emocionales que hay que saber contener e integrar. Hay que ser consciente de qué es lo que trabajamos y sobre todo cómo afecta a la persona que lo recibe, ya que puede abrir espacios que quizá no esté preparada para afrontar, como apuntan un par de frases bastante definitorias: No intentes arreglar lo que no está roto y no abras ningún estado emocional que no seas capaz de integrar o sostener.

En definitiva, creo que el Mindfulness ha venido para cubrir una necesidad cada vez más acuciante y lo ha hecho dentro de los estándares necesarios para tener cabida en esta sociedad cada vez más tecnológica y deshumanizadora, sin perder la esencia del objetivo que se persigue con su práctica.