Por Pilar Ínigo y José Luis Azón

 

Un discípulo zen preguntó a su mentor: “Maestro, ¿por qué es importante ser consciente de la respiración? El maestro no le contestó; simplemente cogió la cabeza del discípulo y la metió en un recipiente de agua, manteniéndola así largo rato. Cuando por fin la soltó, el asustado y jadeante discípulo le oyó decir: “Ahora has comprendido”.

 

Universalidad de las técnicas respiratorias

La respiración es vida. Ambas están inseparablemente unidas desde que el recién nacido rompe a llorar llenando sus pulmones, hasta que se exhala el último suspiro. Pero además es camino. Como función orgánica autónoma que es, opera de manera inconsciente, no precisando de atención y voluntad para expresarse. Pero a la vez admite nuestra modulación consciente y ahí es donde se convierte en un vehículo privilegiado, en un instrumento esencial de apertura en los planos físico, energético y mental y también a otros niveles de conciencia que escapan del estado ordinario habitual, pero que forman parte intrínseca de nuestro Ser completo.

La respiración constituye un puente entre las funciones conscientes e inconscientes. No nos debe resultar extraño por ello que en muchos idiomas se utilice indistintamente el mismo término para referirse a la respiración y al espíritu (pneuma, ruach, anima, animus, prana, chi, ki).

De esta manera, la propia respiración puede llegar a convertirse en nuestra mejor maestra si mantenemos hacia ella una actitud consciente y la trabajamos de forma adecuada. Swadyaya (estudio de sí mismo), Iswara Pranidhana (abandono en un sentido amplio), Abhyasa (práctica constante) y Vairagya (desapego), son algunos de los muchos términos que nos ofrece el Yoga para conectar con esa necesaria actitud.

La respiración ha sido utilizada en muchas tradiciones como instrumento de conocimiento en la vía interior. El kundalini yoga, el siddha yoga, el vajrayana tibetano, la práctica sufí, la meditación birmana y taoísta, etc., recurren a técnicas específicas que implican intensificación o retención de la respiración.

También existen otro tipo de técnicas respiratorias más sutiles que no buscan provocar cambios en la dinámica respiratoria, sino que sólo apuntan a la toma de conciencia de la respiración, como ocurre en el budismo soto zen, la meditación vipassana y en ciertas prácticas taoístas y cristianas. Indirectamente, el ritmo respiratorio también se ve profundamente influenciado por la ejecución de rituales como el canto del Ketjak por parte de los monjes balineses, la música gutural del inuit esquimal, el canto de kirtans o los cánticos sufíes. El yoga utiliza la hiperventilación deliberada (kapalabhati, bastrika), como una técnica meditativa más, en la que los episodios de hiperventilación ocurren, en ocasiones de manera espontánea, como una manifestación de la shakti (de la activación de la energía kundalini).

También la moderna psicología occidental que ha bebido en fuentes orientales, ha elaborado técnicas específicas en las que la respiración es el camino para la rápida apertura a otros niveles de conciencia a través de la activación de la psique, propiciando progresos importantes en los procesos de autoexploración y sanación. Estas técnicas, entre las que podríamos citar el rebirthing o la respiración holotrópica de Stanislav Grof, trabajan con una hiperventilación sostenida. El estado que se alcanza tiene la capacidad de seleccionar y llevar a la conciencia contenidos inconscientes que tienen una fuerte carga emotiva y, por tanto, una gran importancia psicológica; el practicante puede revivir o conectar no sólo con el material biográfico (desde el momento del nacimiento hasta el presente) como se hace normalmente en la psicoterapia tradicional, sino que también puede tener acceso a todo lo relacionado con el nacimiento, secuencias de muerte y renacimiento psicológico o al ilimitado espectro de fenómenos transpersonales, que conectarían con lo que Jung denominaba inconsciente colectivo. Del mismo modo, la persona puede verse inundada por sensaciones de amor y conexión mística con los demás, con la naturaleza, con el cosmos y con lo divino. Este tipo de vivencias tienen un gran valor sanador y de desarrollo personal.

Así pues, la práctica de la respiración como vía de autoexploración es común tanto a las tradiciones orientales como a la moderna psicología, llamada transpersonal. Por ejemplo, el Yoga sistematizado por Patanjali, entraña ocho elementos o prácticas claves, una de las cuáles es el pranayama, mientras que en psicoterapia experiencial se recurre a diferentes métodos como la respiración acelerada y profunda (empleada en trabajos de regresión), la respiración abdominal (utilizada en la relajación), etc.

 

Respirar desde la plena consciencia

El resultado más importante de la práctica de la respiración consiste en comprender que el proceso respiratorio es el vínculo de conexión entre el consciente y el inconsciente, entre la materia ordinaria y la materia sutil, entre las funciones voluntarias y las autónomas.

El sencillo proceso de inhalar y exhalar, hecho de una forma consciente y natural, habla por sí mismo de la más elemental enseñanza del Yoga mencionada por Patanjali en el primer Sutra: “Y ahora empieza el yoga”. Ahora es consciencia, presencia en el instante más inmediato; no existe ayer, ni mañana, ni antes, ni luego; solo Ahora. El hecho de respirar nos dice que estamos vivos en este plano, que podemos ser conscientes y despertar.

La respiración permite abrir espacios internos velados a nuestra conciencia habitual. Como acto consciente, nos entronca con la realidad inmediata. Moviliza también la propia energía, que es guía y camino. La actitud de testigo ecuánime mantenida durante la respiración amplía nuestra conciencia, permitiéndonos observar el carrusel de pensamientos que gira y de cuyo devenir podemos ser simples espectadores, y percibir además emociones y sensaciones corporales más o menos sutiles, agradables o desagradables, que emergen por esa activación energética y que permite acceder a lo inconsciente pero no por eso menos real.

La práctica de la respiración consciente viene a ser un potente faro, tan potente como la voluntad de querer ver. ¿Qué hay detrás de esta sensación corporal, detrás de esta tristeza, inquietud, alegría o duda? La mente controladora pregunta machaconamente, pero no obtiene respuesta. Desde su impotencia, sólo puede adoptar una humilde actitud de observación y alentar el proceso. Seguir respirando. Es del espacio silencioso que la respiración abre, de dónde vienen las respuestas. Algunos lo llaman conectar con el sanador interno, y abandonarse a él. En la práctica de Yoga hablaríamos de “Ishwara pranidhana” para referirnos a esa actitud imprescindible en la aventura interior. Se trata sólo de seguir respirando mediante una dirección mantenida de forma voluntaria o simplemente de estar presentes en el proceso respiratorio, que naturalmente se hace, como anclaje de la conciencia. El cúmulo de material que emerge es muy variopinto y todo es objeto de observación, a todo se le va a dar un espacio para que se exprese mejor, para tener ocasión de escuchar desde esa ampliación de conciencia que la respiración procura de forma natural. Nada es rechazado, es nuestro interior el que expresa y libera.

La respiración siempre ha sido llave para abrir puertas, espacios internos que en estado de vigilia permanecen oscuros. En todas las tradiciones, con formas diferentes de práctica, el acto de respirar conscientemente ha ayudado al hombre a crecer interiormente, como la semilla que en condiciones adecuadas puede desarrollar todo su potencial innato.