¿QUÉ SON LAS PSICOLOGÍAS HUMANISTA Y TRANSPERSONAL?

 Según la psicología humanista todos tenemos un potencial de crecimiento interior y un anhelo de realización. La psicología transpersonal reconoce la espiritualidad y las necesidades trascendentales como intrínsecas a la naturaleza humana.

 Hasta los años 60 del pasado siglo, la práctica psicológica se repartía esencialmente entre estudios experimentales de investigación realizados por los conductistas con animales, para extrapolar luego los resultados al comportamiento humano, y la terapia psicoanalista creada por Freud, que siguiendo el modelo médico, veía al paciente como alguien enfermo o trastornado mentalmente.

Y de pronto, en esa década mágica en la que se produce una eclosión social y cultural en Occidente, con un cambio en la sensibilidad y escala de valores de una buena parte de la población, sobre todo joven, y un derroche de creatividad en diversos ámbitos, cristaliza un movimiento liderado por Abraham Maslow, al que se llamó psicología humanista, que aglutina diversas corrientes surgidas en los años anteriores, caracterizadas entre otras cosas por rechazar los planteamientos mecanicistas del conductismo y el psicoanálisis. Entre ellas, la psicología gestalt, el neuro-psicoanálisis de autores como Erich Fromm o Karen Horney, la bioenergía de Reich, el rolfing, la terapia primaria de Janov, el psicodrama de Moreno, el análisis existencial, el análisis transaccional de Berne, los trabajos psicodélicos, o la aportación de sus dos grandes figuras, Maslow y Rogers.

La psicología humanista concibe al ser humano como totalidad y considera que todos tenemos un potencial de crecimiento interior y un anhelo de realización que nos empuja a culminarlo. Un buen ejemplo al respecto es la diminuta semilla de un roble, en la que está contenido un potencial de desarrollo, de forma que si encuentra un medio favorable para su crecimiento acabará convirtiéndose en un árbol majestuoso. El problema en el ser humano es que si no ha sido capaz de liberarse de la carga psicológica que arrastra del pasado, continuará atrapado en espacios mentales y emocionales que impedirán o entorpecerán su avance en el camino de realización. Las terapias humanistas se centran por ello en la liberación de memorias y automatismos del pasado como requisito para conectar en el aquí y ahora con el anhelo de crecimiento interior.

Al poco tiempo de surgir la psicología humanista, diversos autores pertenecientes a esta corriente se dieron cuenta de que su énfasis en el crecimiento y en la autorrealización les había llevado a obviar una vertiente esencial del ser humano, su dimensión espiritual. De modo que a finales de los años 60, un grupo de psicólogos y psiquiatras como Stanislav Grof, Anthony Sutich, Miles Vich, o Abraham Maslow, entre otros, dan luz a la psicología transpersonal. Tanto por su esencia como por su contenido y objetivos, debería haberse llamado psicología espiritual, pero sus fundadores excluyeron este término para evitar connotaciones que desvirtuaran su verdadero sentido e intención.

La psicología transpersonal pone el acento en el reconocimiento de la espiritualidad y las necesidades trascendentales como aspectos intrínsecos de la naturaleza humana y en el derecho de cada persona a elegir o cambiar su “camino”. Dos grandes lineas lo definen:

1.- Por una parte, considera al ser humano desde un planteamiento holístico como un ente global, que debe “solucionar” los conflictos en los diversos niveles de su conciencia, para lograr su unión con el Cosmos, su unión con la Totalidad. Frances Vaughan, una de las más destacadas militantes de este movimiento, define los cinco niveles del proceso curativo global: físico, emocional, mental, existencial y espiritual. Todos están estrechamente interrelacionados y cada uno contiene a los anteriores (círculos concéntricos). Solemos por lo general ser conscientes de los primeros mientras los últimos, más sutiles, permanecen totalmente inconscientes. Pero con el entrenamiento adecuado, la atención tiende a ser gobernada por los niveles de conciencia últimos. A medida que se van diferenciando los distintos niveles, la conciencia se va haciendo cada vez más sutil. En cada nivel debemos aprender a observar y aceptar, para que emerja un nivel nuevo. Aunque la salud o la patología propias de cada nivel parezcan ser independientes de los demás niveles, la curación íntegra de la persona depende del bienestar de todos ellos.

2.- Por otra parte, propugna la identificación del ser humano con los demás seres y con la Tierra, al desaparecer las barreras del ego.

A nivel terapéutico, la psicología transpersonal incorpora técnicas de otras corrientes psicológicas, entendiendo que todas son válidas, aunque con la particularidad de que cada una se dirige a un determinado nivel de conciencia. Si por ejemplo una persona acude a terapia para superar una fobia concreta, es correcto trabajar con ella una técnica de afrontamiento, pero si le emerge de pronto una crisis existencial, de la que la fobia era sólo tapadera, el terapeuta deberá adaptarse a la nueva situación y aplicar técnicas que ayuden a esa persona a conectar con el auténtico sentido de la vida.

Asimismo, y dado su planteamiento eminentemente holístico, la psicología transpersonal está abierta a influencias de diferentes corrientes espirituales, como por ejemplo el Budismo y el Hinduismo, así como también de distintas escuelas filosóficas y místicas, y se interrelaciona con otras disciplinas que caminan en la misma dirección, como la física cuántica, la biología, la neurociencia, la psicobioinmunología, la medicina holística, etc.

Como autores relevantes de esta corriente podemos citar a William James, Carl G. Jung, y Roberto Assagioli, anteriores a su nacimiento pero que entroncan plenamente con su filosofía, a Abraham Maslow, Stanislav Grof, que participaron en el movimiento fundacional de esta corriente psicológica, y Ken Wilber, con independencia de haberse desmarcado de ella y crear otra a la que denomina psicología integral.

 

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