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Antaño acallados o vistiendo engañosos nombres y ropajes
son elementos infernales, poderes demoníacos.
La naturaleza inferior del hombre esconde estos pésimos huéspedes.

Su vasto contagio a veces atenaza al mundo.

Una fatal insurgencia abruma el alma del hombre.
De casa en casa el amplio levantamiento se extiende:
las compañías del infierno andan sueltas haciendo su trabajo,
en los caminos de la tierra irrumpen desde todas las puertas,
invaden con ansias de sangre y voluntad de matar
y llenan de horror y carnicería el hermoso mundo de Dios.

La Muerte y sus secuaces acechan a una víctima tierra;
el terrible Ángel golpea a cada puerta:
una horrible risotada se burla del dolor del mundo
y masacre y tortura sonríen burlando al Cielo:
todo es presa de la fuerza destructora;
la creación es sacudida y tiemblan cimas y basamentos.

Naturaleza maligna alojada en humanos corazones,
habitante extranjero, huésped peligroso:
al alma que la alberga puede desalojar,
expulsar al dueño, apoderarse de la casa.

Una potencia opuesta contradiciendo a Dios,
una momentánea omnipotencia de Mal
ha montado a horcajadas sobre la recta senda de los actos de la Naturaleza.
Imita a la Divinidad que niega,
adopta su figura y asume su faz.
Maniquea* creadora y destructora,
puede abolir al hombre, anular su mundo.

Mas existe un poder que protege, hay Manos que salvan,
divinos ojos calmos contemplan la humana escena.

 

NOTAS:
Maniquea: Que mantiene posturas extremas sin términos medios. Dogmática.

 

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© “Savitri de Sri Aurobindo”