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Abolido vanamente de las avenidas del Tiempo
nuestro pasado vive todavía en nuestros yoes inconscientes
y por el peso de sus ocultas influencias
es conformado el desenvolvimiento de nuestro futuro.

Pues todo es una inevitable cadena
que sin embargo semeja una serie de accidentes.

Las desmemoriadas horas repiten los viejos actos,
nuestro pasado muerto atenaza los tobillos de nuestro futuro
y arrastra hacia atrás la gloriosa zancada de la nueva naturaleza,
o desde su cuerpo enterrado antiguos fantasmas surgen,
viejos pensamientos, anhelos viejos, pasiones muertas viven de nuevo,
recurren en sueño o impulsan al hombre de vigilia
a palabras que fuerzan la barrera de sus labios,
a actos que repentinamente aparecen y franquean
la razón de su cabeza y la guardia de su voluntad.

Una antigua personalidad acecha en el nuevo yo que somos;
difícilmente escapamos de lo que una vez fuimos:
en el tenue fulgor de los pasadizos del hábito,
en los oscuros corredores del subconsciente
todas las cosas son transportadas por los nervios porteadores
y nada es controlado por la mente subterránea,
ni examinado por los guardias de las puertas
y admitida por una ciega memoria instintiva,
la vieja pandilla repudiada, se sirve de viejos pasaportes caducados.

Nada de lo que una vez vivió está completamente muerto;
en sombríos túneles del ser del mundo y en los nuestros
la vieja naturaleza rechazada sobrevive todavía;
los cadáveres de sus pensamientos dados por muertos alzan sus cabezas
y visitan durante el sueño los paseos nocturnos de la mente,
sus sofocados impulsos alientan y se mueven y se levantan;
todo conserva una fantasmal inmortalidad.

Irresistibles son las secuencias de la Naturaleza:
las semillas de los pecados rechazados germinan desde escondido suelo;
enfrentamos una vez más el mal desechado de nuestros corazones;
nuestros muertos yoes regresan para matar a nuestra alma viva.

Una parte de nosotros vive el Tiempo presente,
una secreta masa anda a tientas en la oscura inconsciencia;
de lo inconsciente y subliminal
surgidos, vivimos en la incierta luz de la mente
y nos esforzamos por conocer y dominar un dudoso mundo
cuyo propósito y significado permanecen escondidos a nuestra vista.

Por encima de nosotros mora un Dios superconsciente
oculto en el misterio de su propia luz:
a nuestro alrededor una vasta ignorancia
iluminada por el rayo incierto de la mente humana,
bajo nosotros duerme lo Inconsciente oscuro y mudo.

 

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© “Savitri de Sri Aurobindo”