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Pero esto es sólo la primera mirada sobre sí misma de la Materia,
una escala y sucesión en la Ignorancia.

No es todo lo que somos o todo nuestro mundo.
Nuestra personalidad superior de conocimiento nos espera,
luz suprema en la Vastedad de la verdad-consciencia:
ve desde cimas más allá de la mente pensante,
se mueve en un aire espléndido que trasciende la vida.

Descenderá y transformará la vida de la tierra en divina.

La Verdad hizo el mundo, no una ciega Fuerza-Naturaleza.

Pues nuestras más amplias alturas divinas no están aquí;
nuestras cimas en el esplendor de lo superconsciente
permanecen gloriosas ante la verdadera faz de Dios:
allí está nuestro aspecto de eternidad,
allí está la figura del dios que somos,
su juvenil mirada que no envejece puesta sobre las cosas imperecederas,
su alegría por nuestra huida de la muerte y del Tiempo,
su inmortalidad y su luz y su gozo.

Nuestro ser superior permanece tras herméticos muros:
en partes de nosotros que no vemos hay grandezas ocultas
que esperan su hora para avanzar al frente de la vida:
percibimos una ayuda de los profundos Dioses que nos habitan;
alguien habla en el interior, la Luz nos llega desde lo alto.