Libro VII: El Libro del Yoga. Canto III: La Entrada en los Espacios Interiores – 488

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Recordemos que Savitri, desanimada y reticente ante la proximidad de la anunciada muerte de Satyavan, acepta sin embargo, influenciada por su ser psíquico, el mandato que le hace la Voz (Véase Libro VII, Canto II, 476):

“…Recuerda para qué viniste:
encuentra tu alma, recobra tu oculto yo,
en silencio busca el propósito de Dios en tus profundidades,
entonces la naturaleza mortal transmuta en divina.
…”

 

Al principio desde el persistente zumbido de la mente
como desde un ruidoso mercado atestado al interior de un cueva
había llegado mediante un mágico movimiento de interiorización.

Su yo devino una desnuda vacuidad silenciosa:
su mente no visitada por la voz del pensamiento
se concentraba en la muda infinidad de un profundo vacío.

Sus alturas [de Sav.] retrocedían, sus honduras se cerraban tras ella;
todo se desvanecía dejándola hueca.

Mas cuando regresó a su yo de pensamiento,
una vez más era algo humano sobre la tierra,
un pedazo de Materia, una casa de confinada visión,
una mente impelida a pensar desde la ignorancia,
una fuerza de vida forzada dentro de un campo de trabajos
y el mundo material su limitante ámbito.

Desconcertada como alguien inexperto buscaba su vía
en la maraña del ignorante pasado del hombre
que tomaba la personalidad de superficie por el alma.

Entonces una voz que mora en secretas alturas se expresó:
“Para el hombre buscas, no sólo para ti.

Sólo si Dios asume la mente humana
y se cubre con la mortal ignorancia como manto
y se hace a sí mismo el Enano de triple zancada*,
puede ayudar al hombre a convertirse en Dios.

Disfrazada como hombre la cósmica Grandeza trabaja
y encuentra la mística entrada inaccesible
y abre la puerta dorada de lo Inmortal.

El hombre, humano, sigue los humanos pasos de Dios.

Aceptando su oscuridad* debes traerle la luz,
aceptando su aflicción debes traerle el gozo.

En el cuerpo de la Materia encuentra tu alma nacida en el cielo».

 

Notas:
Enano de triple zancada: Mit. hindú: Vamana (Enano). Encarnación del dios Vishnú, que adoptó esta apariencia enana, pero que guardaba toda la esencia y energía del dios, para en tres zancadas reconquistar la tierra y el cielo del demonio Bali, utilizando la tercera y última para derrotar al propio demonio enviándolo al inframundo.
su oscuridad: del hombre.

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© “Savitri de Sri Aurobindo”