¿Qué hacemos con el tabaco? La respuesta tonta y destructiva es quemar el que queda y olvidarnos de él. La inteligente no es tan fácil, porque requiere de años de inversión en conocimiento en el laboratorio. Es la que han buscado el doctor Shoseyov y su equipo, que han estudiado la planta hasta saberlo todo sobre ella. En especial, lo que puede hacer que pase de ser un problema a ser la solución. Por ejemplo, que se puede cosechar todo el año y que es fácil de modificar genéticamente. Después han aplicado lo investigado hasta fabricar con plantas de tabaco medicamentos biológicos humanizados hasta ahora carísimos. El tabaco que tanto ha matado hoy ya cura y, para empezar, a los más pobres.

¿Cómo se hizo genetista?

Si quieres ideas nuevas, abre un libro viejo…

Una frase sabia y antigua.

…Pero no es mía, sino de Pavlov. Y conociendo a Pavlov, seguro que no se refería a la Biblia.

¿A qué libro se refería, pues?

¿Cuál es el libro más viejo del universo?

¿…?

El de la evolución. Nuestra evolución. Nada hay más nuevo y más antiguo a la vez que nuestro ADN. Tiene un millón de años y, sin embargo, todo en él aún está por escribir.

Millones de instrucciones para sobrevivir adaptándonos al medio cambiante.

Pues eso es lo que hacemos en mi laboratorio: buscar nuevas ideas para aplicarlas en la medicina, la farmacia y la industria, y mejorar con ellas nuestras vidas.

Por ejemplo.

¿Sabe qué es el colágeno?

Suena a crema hidratante…

Tiene múltiples utilidades: estéticas para labios y otros apéndices que hay quien quiere engrosar. Y en algún quirófano lo están usando ahora mismo para reparar válvulas del corazón, implantar meniscos o reparar tejidos.

¿Por qué resulta tan útil para nosotros?

Porque, después del agua, es la sustancia más abundante en nuestro organismo: un 30% de lo que somos es colágeno. Pero: ¿sabe de dónde lo sacábamos hasta ahora?

¿Del laboratorio?

De los cadáveres. De cuerpos muertos de cerdos, vacas y seres humanos.

¿Cuerpos muertos que devuelven vida?

Ese es el problema, que estaban muertos. No es una fuente segura de provisión. En el proceso de aplicación, pueden producirse por accidente infecciones y contaminaciones.

Y no dejan de ser tejidos ya usados.

Con la consiguiente fatiga de materiales. Por eso, decidimos dar una alternativa a la industria del colágeno y localizamos los cinco genes humanos que lo generan.

¿Para qué?

Para introducirlos en la planta del tabaco y que sea ella la que produzca colágeno. Ahora mismo hay plantas de tabaco generándolo para reparar corazones y cuerpos humanos.

¿Por qué la planta de tabaco y no otra?

La Federal Drugs Administration (FDA) nos recomendó que usáramos una planta que no formara parte de la cadena de alimentación humana. Si usábamos la del tomate, por ejemplo, podría producirse un accidente que afectara a los humanos, pero no con el tabaco.

Es una forma, además, de dar una utilidad a un cultivo que no tiene futuro.

Además se cosecha todo el año, al contrario que el tomate o la patata, y tenemos 25.000 kilómetros cuadrados de invernaderos en Israel para cultivarlo. Ahora tomamos la plantita ya preparada para producir colágeno de su invernadero maternal…

¿Y cuánto tardan en recolectarlo?

Sesenta días tras los que metemos las hojas en un camión frigorífico hasta la fábrica, donde extraemos el colágeno y lo purificamos para poder usarlo ya en implantes.

¿Se comercializa?

Ahora mismo aquí en Europa tenemos dos marcas que ya se usan para la diabetes y la regeneración de tejidos, por ejemplo tendones y otros afectados por dolencias muy comunes, como el codo de tenista. ¿Sabe cuántos casos se operan al año de esta dolencia?

¿Miles?

Tres millones de pacientes. Pero la próxima frontera está en la fabricación de órganos enteros de colágeno. A partir del metacrilato de colágeno en impresoras 3D podremos reproducir casi cualquier órgano humano.

¿Podrán sintetizar otras drogas como han hecho con el colágeno?

Hasta ahora la farmacología investigaba moléculas sintéticas para elaborar fármacos, como la viagra, pero nosotros creemos que el futuro vuelve a estar escrito en el viejo libro del ADN y en las nuevas biomoléculas.

Por ejemplo.

Humira es un fármaco contra la artritis reumatoide, la enfermedad de Crohn, la artritis psoriásica, la psoriasis y la hidradenitis supurativa. Tiene un mercado de 15.000 millones de dólares anuales.

Y supongo que miles de pacientes.

Pero sólo uno de cada mil puede pagarlo, porque el tratamiento cuesta 35.000 dólares al año. Y es que es una droga biológica humanizada que requiere una inversión enorme para una fabricación muy compleja.

¿Qué propone?

Lo que hacemos ahora es introducir los genes de Humira en la planta del tabaco para simplificar su fabricación y abaratarla. Con el tabaco modificado podemos curar.

Le sacan ustedes partido al tabaco.

Y a cualquier planta. Porque en nanobiotecnología trabajamos en otro pequeño milagro que supera al kevlar, hasta ahora uno de los materiales más duros y resistentes elaborados por el hombre: la nanocelulosa.

Supongo que pronto estará por doquier.

Porque en la naturaleza, en ese libro de la genética ya está todo escrito. Sólo hemos de hallarlo y combinarlo para solucionar cualquier problema. La nanocelulosa es más dura que el acero y en múltiples combinaciones ahora revoluciona nuestra industria.

Entrevista de Lluís Amiguet

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