por José Luis Lahoz

 

Atrás han quedado, en esta lectura serial del poema Savitri, el Libro IV: El libro del Nacimiento y de la Búsqueda, el Libro V: El Libro del Amor, y el libro VI: El Libro del Destino.

Las enseñanzas de Sri Aurobindo están plasmadas en esos libros como lo están a lo largo de todo el poema. Si bien es cierto que resulta difícil hacerse una idea del conjunto de esas enseñanzas mediante una lectura seriada, no lo es menos que ésta facilita la lectura y que la falta de visión de conjunto queda compensada por el contenido mántrico de cada verso, de cada frase, que puede evocar en nuestro interior resonancias puntuales de algo que vibra al unísono con alguno de los contenidos leídos.

Pero si, como ha quedado dicho, las enseñanzas de Sri Aurobindo van apareciendo a lo largo de todo el poema, lo hacen de una manera más patente, en lo que al yoga respecta, en este libro actual: El Libro del Yoga.

Se trata del libro que relata el yoga de la heroína y por lo tanto, desde nuestra perspectiva de lectores y de la misma forma que pueda suceder en la lectura de cualquier otro relato, puede ser también tomado como el libro de nuestro yoga. Pero siendo las enseñanzas de Sri Aurobindo no siempre fáciles de captar, el yoga que aquí va a ser explicitado podría pasarnos desapercibido si no tuviéramos noticia, si no estuviéramos al tanto, al menos de algunas claves que nos faciliten su percepción.

No nos diferenciamos en ello de nuestra heroína, pues de la misma forma que al lector le haya podido pasar desapercibido el yoga contenido en los libros citados anteriormente, también ha pasado hasta ahora desapercibido para Savitri. Un yoga desapercibido pero que se está produciendo sin ella saberlo.

Recordemos algunos de los versos iniciales del Libro IV, Canto IV: La Búsqueda (pág. 377).

Al principio el exotismo de nuevas escenas radiantes
poblaba su mente y atraía su mirada física.
Mas conforme se desplazaba a través de la cambiante tierra
una consciencia más profunda brotaba en ella:

Estos espacios poco familiares de su camino
resultaban conocidos y próximos para un sentido interior,

Es decir que al comenzar el viaje, Savitri sólo se fijaba en todo lo externo, como posiblemente ocurre en el viaje del hombre, hasta que en un momento determinado una consciencia, un sentido interior va despertando en ella.

Pero ese despertar incipiente, difuso, de la conciencia interior de Savitri, va a convertirse en algo más consciente y el yoga va a resultar más patente, pasando a un primer plano, empujado sin duda por la grave situación –la muerte de Satyavan, sólo conocida por ella– que en adelante deberá afrontar.

En esta parte correspondiente al yoga de Savitri, van a hacerse más explícitos o visibles ciertos elementos, ciertos sujetos de la acción, que aun habiendo aparecido con anterioridad en el poema, van a resultar ahora participantes más activos del mismo.

Dentro del yoga de Sri Aurobindo hay unas realidades que nosotros estamos acostumbrados a tratar como meros conceptos, pero a los que Sri Aurobindo da carta de naturaleza y de existencia real y no meramente conceptual o poética. Merece la pena transcribir aquí las palabras de un discípulo de Sri Aurobindo y de Madre:

“La palabra “espiritual” es usada a menudo de forma imprecisa. Generalmente la gente lo hace para significar una mente o una vida elevada, expresándose en un sentido llano que no es necesariamente el sentido “espiritual”. Espiritual significa lo que atañe al espíritu y ninguna otra cosa. Poca gente sabe qué es su espíritu. Saben que tienen un alma pero desconocen cómo actúa. Sólo cuando uno se vuelve consciente del alma a través de una sincera disciplina yóguica puede convertirse en un verdadero servidor e instrumento del Divino.”

Udar Pinto, conversación con Anie Nunnally. The Golden Path.

Acorde con estos principios, el alma de cada hombre, que permanece en un plano no evolutivo, inmutable, eterno, al efecto de participar en el proceso evolutivo de la tierra y del hombre, destaca de sí un elemento, una especie de delegación, que puede participar en el proceso de la Naturaleza. Esta delegación del alma, a la que Sri Aurobindo designa en ocasiones únicamente como alma, adopta en su manifestación dentro de la Naturaleza, y de cada hombre, dos aspectos, dos facetas, dos polos de una misma realidad. En uno de los polos, situado físicamente por encima de la cabeza, está el espíritu, en el otro polo, y situado en la zona del corazón, se encuentra lo que Sri Aurobindo denomina ser psíquico. Ambos van a actuar a partir de ahora de forma visible, expresa, en la vida de Savitri, apoyándola y dirigiéndola en su yoga.

Sri Aurobindo hace la presentación de este nuevo personaje o protagonista del poema, el espíritu, ya desde los primeros versos del Libro del Yoga en su Canto I, definiendo algunas de sus cualidades de la siguiente manera:

Ecuánime por encima de la marcha de los días,
su inmóvil espíritu observaba la premura del Tiempo,
estatua de pasión y de fuerza invencible,
absolutismo de suave voluntad imperiosa,
tranquilidad y violencia de los dioses
indómito e inmutable.

(Libro VII. El Libro del Yoga. Canto I: La Alegría de la Unión… pág. 468)

De la misma forma, un poco más adelante avanzando en el Libro del Yoga, en su Canto II, asistiremos a la aparición del ser psíquico de Savitri, que en contestación al requerimiento de la Voz de su propia alma inmortal, se presenta de la siguiente manera:

“Soy tu porción aquí encargada de tu trabajo,
como tú eres mi propio yo asentado por siempre en lo alto,
habla a mis profundidades, oh gran e inmortal Voz,
ordena, puesto que estoy aquí para hacer tu voluntad.”

(Libro VII. El Libro del Yoga. Canto II: La Parábola de la Búsqueda del Alma, pág. 476)