El rey Aswapati habiendo advertido la amenaza latente en las palabras de Narad, le contesta –antes de escuchar la respuesta de Savitri–, haciendo un vivo retrato de su hija y formulando el deseo de que su felicidad continúe como hasta ahora sin tener que enfrentar la más sombría faz del Destino.

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Mas Aswapati respondió al vidente ―
su despierta mente había advertido el equívoco encerrado,
percibido una amenazante sombra tras sus palabras[:]

“¡Contempla esta imagen arrojada por la luz y el amor,
una estrofa del ardor de los dioses
perfectamente rimada, voluta sustentada por un pilar de oro!

Su cuerpo cual rebosante cántaro de delicia
contorneado en el esplendor de un bronce de color dorado
como para contener la verdad del oculto gozo de la tierra.

Iluminados espejos hechos de sueños son sus ojos
orlados sutilmente en sondormida franja de azabache,
que en sus profundidades retienen reflejos celestiales.

Como su cuerpo, tal es su interior.

Las lustrosas mañanas del cielo gloriosamente vuelven a producirse,
cual gotas de fuego sobre página de plata,
en su joven espíritu todavía no alcanzado por las lágrimas.

Todas las cosas hermosas eternas parecen y nuevas
a la virginal maravilla en su alma de cristal.

El inmutable azul revela su espacioso pensamiento;
portentosa la luna flota a través de cielos de maravilla;
las flores de la tierra florecen y ríen al tiempo y a la muerte;
las atractivas variedades de la encantadora vida
corren como niños luminosos a través de las sonrientes horas.

¡Si solamente esta alegría de la vida pudiera durar, sin que el dolor
arroje su nota de bronce en sus armoniosos días!

Nacida fue llama de radiante felicidad
y seguramente esta llama inflamará la tierra:
¡Seguramente el Sino la verá pasar sin pronunciar palabra!

De cantos de tristeza ya tenemos suficiente: declara por esta vez
que sus alegres días sin aflicción traigan aquí el cielo.

¿O debe siempre el fuego poner a prueba la grandeza del alma?

A lo largo de la terrible calzada de los Dioses,
armada con amor y fe y sagrada alegría,
viajera hacia la casa de lo Eterno,
por una vez permite pasar ilesa una vida mortal.”

 

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© “Savitri de Sri Aurobindo”