Narad, contestando a la reina, describe a Satyavan haciendo su retrato, para terminar concluyendo que transcurrido un año Satyavan debe morir.

Ante tal sentencia la reina, desde el nivel de su mente, reacciona rebelándose contra el cielo y exhortando a Savitri a que modifique su elección, abandone a Satyavan y elija a otro marido. Savitri le responde manteniéndose en su elección.

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Entonces clamó el sabio[Narad] atravesando el corazón de la madre,

“La verdad has reclamado; la verdad te entrego.

Una maravilla del encuentro de tierra y cielos
es quien Savitri ha elegido entre los hombres,
su figura está al frente de la marcha de la Naturaleza,

Zafiro desgajado del sueño del cielo,
exquisita es el alma de Satyavan,
un rayo del rapturoso Infinito,
silencio que despierta a un himno de alegría.

En el breve plazo de un año cuando esta brillante hora vuele de regreso
y se pose descuidada en una rama del Tiempo,
terminará esta gloria soberana que el cielo prestó a la tierra,
del cielo de los mortales se desvanecerá este esplendor:
llegó la grandeza del cielo, pero era demasiado grande para permanecer.

Doce meses de veloces alas les son concedidos a él y a ella;
cuando este día regrese Satyavan debe morir.”

La sentencia cayó como un rayo resplandeciente y seco.

Mas la reina exclamó: “¡Vana es entonces la gracia del cielo!
El cielo se burla de nosotros con el fulgor de sus dones,
pues la Muerte es la escanciadora de un vino
de gozo demasiado breve concedido a los labios mortales
por los despreocupados dioses en un momento apasionado.

Mas yo rechazo la gracia y la burla.

Subiendo a tu carro parte, oh Savitri,
y viaja de nuevo a través de los poblados territorios.

Lamentablemente, en la verde alegría de los bosques
tu corazón se ha inclinado ante una llamada engañosa.

Escoge de nuevo y abandona esa cabeza sentenciada,
la muerte es el jardinero de este árbol maravilloso;
la dulzura del amor duerme en su pálida mano de mármol.

Siguiendo una línea meliflua pero sin salida,
un pequeño gozo compraría un final demasiado amargo.

No mantengas tu elección, pues la muerte la ha convertido en vana.

Tu juventud y tu esplendor no nacieron para quedar

vacío joyero abandonado en descuidado suelo;
una elección menos singular puede llamar a un más feliz hado.”

Pero Savitri respondió desde su violento corazón, —
calma su voz, su rostro rígido como el acero:

“Mi corazón ha elegido y no elige de nuevo.
La palabra que he pronunciado ya no puede ser borrada,
está escrita en el libro registro de Dios.
La verdad una vez expresada,
del aire de la tierra borrada,
por la mente olvidada, suena inmortalmente
por siempre en la memoria del Tiempo.
Una vez cae el dado arrojado por la mano del Destino
en un momento eterno de los dioses.
Mi corazón ha sellado su promesa a Satyavan:
su firma no puede borrarla el Hado adverso,
ni el Hado ni la Muerte ni el Tiempo disolver su sello.
¿Quién separará a aquellos interiormente convertidos en un solo ser?
El abrazo de la muerte puede separar nuestros cuerpos, no nuestras almas;
si la muerte se lo lleva, también yo sé como morir.
Que el Destino haga conmigo lo que quiera o lo que pueda:
soy más fuerte que la muerte y más grande que mi destino;
mi amor sobrevivirá al mundo, la fatalidad se desprende de mí
indefensa contra mi inmortalidad.
La ley del destino puede cambiar, mas no la voluntad de mi espíritu.”

Voluntad adamantina, lanzó su palabra como bronce.

 

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© “Savitri de Sri Aurobindo”