Este poema puede servirnos como reflexión, como toma de conciencia de lo fácil que resulta despertar el odio o el rechazo contra quienes sentimos diferentes a nosotros. El racismo, la xenofobia, la violencia gratuita siguen siendo una lacra demasiado común a día de hoy, por mucho que nos creamos más civilizados que nuestros antepasados. Aunque nos empeñemos en negarlo, aunque nos demos mil razones para justificar el menosprecio y la vejación al extraño, al que no es de los nuestros, lo cierto es que necesitamos tener enemigos.
Para crear un enemigo
Toma un lienzo en blanco
Y esboza en él las figuras
De hombres, mujeres y niños.
Sumerge en la paleta inconsciente
De tu sombra enajenada
Un gran pincel
Y emborrona a los extraños
Con los turbios colores de la sombra.
Dibuja en el rostro de tu enemigo
La envidia, el odio y la crueldad
Que no te atreves a admitir como propia.
Ensombrece todo asomo
De simpatía en sus rostros.
Borra cualquier indicio
De los amores, esperanzas y temores
Que se constelan caleidoscópicamente
En torno al corazón de todo ser humano.
Deforma su sonrisa
Hasta que adopte el aspecto tenebroso
De una mueca de crueldad.
Arranca la piel de los huesos
Hasta que asome
El esqueleto inerme de la muerte.
Exagera cada rasgo
Hasta transformar a cada ser humano en una bestia,
Una alimaña, un insecto.
Llena el fondo del cuadro
Con todos los diablos, demonios y figuras malignas
Que alimentan nuestras pesadillas ancestrales.
Cuando hayas terminado el retrato de tu enemigo
Podrás matarlo y descuartizarlo
Sin sentir vergüenza ni culpa alguna.
Porque entonces lo que destruirás
Se habrá convertido en un enemigo de Dios
O en un obstáculo
Para la sagrada dialéctica de la historia.
SAM KEEN




