Desde el mudo misterio del pasado
en un presente ignorante de lazos olvidados

 

Libro IV, Canto III: La Llamada a la Búsqueda

369a

Una mañana que parecía el frente de una nueva creación,
aportando una luminosidad mayor, unos más felices cielos,
llegó cargada de una belleza diferente y extraña
desde el inmutable origen de las cosas.

Un antiguo anhelo rebrotaba raíces nuevas:
el aire estaba embriagado de insatisfecho deseo;
los altos árboles temblaban con un viento errático
como almas que se estremecen ante la cercanía del gozo,
y en el seno de un verde recogimiento
por siempre infatigable de su única preciada nota
un lírico bullicio chillaba entre las hojas.

Apartado del mundanal murmullo
en el que efímeras llamadas y réplicas mezclan su flujo,
el rey Aswapati prestaba atención más allá del radio
a otros sonidos que los que alcanzan el sentido del oído.

369b

Al sutil interespacio que rodea nuestra vida,
abiertas fueron las cerradas puertas de trance del espíritu interior:
el inaudible acorde de la Naturaleza podía ser captado;
a través de este cíclico recorrido de vidas que se afanan,
a través de la profunda urgencia de las presentes preocupaciones,
el himno sin palabras de la tierra a lo Inefable
surgió desde el silente corazón del cósmico Vacío;
escuchó la voz contenida de Poderes no nacidos
murmurando tras las luminosas barreras del Tiempo.

De nuevo elevaba su llama la poderosa aspiración
que en la tierra reclama una perfecta vida para los hombres
y ruega la certeza para la incierta mente
y un gozo sin sombras para los sufrientes humanos corazones
y la Verdad encarnada en un mundo ignorante
y la divinidad divinizando las formas mortales.

Notas:
escuchó…: Aswapati

369c

Una palabra que descendía desde un lejano cielo del pensamiento,
admitida por el encapuchado escriba receptor
atravesó los resonantes pasadizos de su cerebro
y estampó su sello en las células registradoras.

“Oh raza nacida en la tierra que la Fuerza lleva, que el Destino rige,
oh nimios aventureros en un mundo infinito
y prisioneros de una enana humanidad,
¿por cuánto tiempo hollaréis los surcos circulares de la mente
alrededor de vuestro pequeño yo y de cosas insignificantes?

Mas no para una inalterable pequeñez fuisteis previstos,
no para una vana repetición fuisteis hechos;
de la sustancia de lo inmortal fuisteis creados;
vuestras acciones pueden ser súbitos pasos reveladores,
vuestra vida un plástico molde para crecimiento de dioses.

Un Vidente, un poderoso Creador, permanece dentro,
la Grandeza inmaculada se cierne sobre vuestros días,
tremendos poderes están encerrados en las células de la Naturaleza.

Notas:
atravesó…de su cerebro: de Aswapati

370a

“Un destino más grande espera ante vosotros:
este transitorio ser terrestre si quiere
puede adecuar sus actos a un esquema trascendente.

El que ahora fija la vista en el mundo con ojos ignorantes
apenas despiertos de la noche de lo Inconsciente,
que miran a las imágenes y no a la Verdad,
puede colmar esas órbitas con visión inmortal.

Aún crecerá la divinidad en vuestros corazones,
despertaréis al aire del espíritu
y sentiréis derrumbarse los muros de la mente mortal
y escucharéis el mensaje que deja el mudo corazón de la vida
y miraréis a través de la Naturaleza con párpados de mirada solar
y soplaréis vuestras caracolas a la puerta de lo Eterno.

Notas:
“: Estas comillas de continuidad que aparecen al inicio de los versos, aunque no al final, indican la continuación del parlamento de la “voz…de Poderes no nacidos”, que comienza en 369 y finaliza en 371b.

370b

“Artífices del culminante cambio de la tierra, a vosotros os es dado
atravesar los peligrosos espacios del alma
y acariciar de la poderosa Madre el severo despertar
y descubrir al Omnipotente en su hogar de carne
y hacer de la vida el Uno en un millón de cuerpos encarnado.

La tierra que recorréis es una frontera que oculta el cielo;
la vida que portáis oculta la luz que sois.

Flamígeros poderes inmortales pasan súbitos ante vuestras puertas;
remoto sobre vuestras cimas suena el cántico-de-dios
mientras a exceder de vosotros mismos llaman las trompetas del pensamiento,
oídas por unos pocos, menos todavía quienes se atreven a aspirar,
delirios de éxtasis y de llama.

Notas:
“: Estas comillas de continuidad que aparecen al inicio de los versos, aunque no al final, indican la continuación del parlamento de la “voz…de Poderes no nacidos”, que comienza en 369 y finaliza en 371b.

371a

“Una épica de esperanza y fracaso quiebra el corazón de la tierra;
su fuerza y su voluntad exceden su molde y su destino.

Una diosa en una red de transitoriedad atrapada,
cercada en los pastos de la muerte sueña con la vida,
atormentada con los sufrimientos del infierno aspira a la alegría,
y erige a la esperanza sus altares de desesperación.

Sabe que un gran paso pudiera emanciparlo todo
y, sufriendo, aguarda la grandeza en sus hijos.

Mas débil en los corazones humanos el ascendente fuego,
la invisible Grandeza se sienta allí no adorada;
el hombre ve lo Supremo de forma limitada
o pone sus ojos en una Persona, escucha un Nombre.

Se dirige para logros menudos a ignorantes Poderes
o prende las luces de su altar a la faz de un demonio.

Ama la Ignorancia que engendra su dolor.

Notas:
“ :Estas comillas de continuidad que aparecen al inicio de los versos, aunque no al final, indican la continuación del parlamento de la “voz…de Poderes no nacidos”, que comienza en 369 y finaliza en 371b.
su fuerza y su voluntad…: de la tierra.
Una diosa…: la tierra.

371b

“Un conjuro ha sido lanzado sobre sus gloriosos esfuerzos;
ha perdido la voz interior que guía sus pensamientos,
y escamoteando el oracular asiento de triple pie
un engañoso Ídolo ocupa el templo maravilloso.

La gran Ilusión lo envuelve con sus velos,
las hondas advertencias del alma llegan en vano,
vana resulta la interminable línea de videntes,
los sabios reflexionan en luz insubstancial,
los poetas prestan su voz a sueños de lo externo,
un fuego sin hogar inspira las lenguas de los profetas.

Las flamígeras luces del cielo descienden y se alejan,
el Ojo luminoso se acerca y se retira;
habla la eternidad, nadie entiende su palabra;
el Hado es reacio y el Abismo niega;
las ciegas aguas de lo Inconsciente obstaculizan todo lo hecho.

Sólo un poco levantada está la pantalla de la Mente;
el Sabio que conoce no ve sino una mitad de la Verdad,
el fuerte escala apenas hasta un pico de baja altura,
a los corazones que anhelan les es concedida una hora de amor.

Su cuento a medio recitar, titubea el secreto Bardo;
demasiado escasos son todavía los dioses en formas mortales.”

Notas:
Un conjuro… sobre sus gloriosos esfuerzos: del hombre
…formas mortales”: Finaliza aquí el parlamento de la “voz…de Poderes no nacidos”, que comienza en 369.

372a

La Voz se retiró a sus recónditos cielos.

Mas cual resplandeciente réplica de los dioses
a través de espacios de luminoso sol se aproximaba Savitri.

Avanzando por entre medio de altos árboles sustentadores del cielo,
ataviada en su vestido de relumbrantes colores
parecía, ardiente hacia reinos eternos,
el brillante movimiento de una antorcha de incienso y de llama
que en el techado por el cielo templo levantado en el suelo de la tierra
una mano peregrina alza en invisible capilla.

Allí llegó la gracia de una hora de revelación:
a través de honduras que todo lo reinterpretan vio,
no limitado ahora por la opacidad de los ojos del cuerpo,
reencontrada a través de un arco de claro descubrimiento,
esta expresión de la delicia del mundo,
este prodigio de la hechura del divino Artista
tallada cual copa de néctar de sedientos dioses,
viva Escritura del gozo de lo Eterno,
brocado de dulzura tejido con fuego de oro.

Notas:
a través de honduras… vio: Aswapati.
esta expresión de la delicia…: Savitri

372b

Transfigurada la delicada faz se convertía
en espontáneo signo revelador de una Naturaleza más profunda,
palimpsesto de hoja de oro de sagrados nacimientos,
solemne símbolo del mundo esculpido en la vida.

Su frente, una réplica de claros cielos inmaculados,
pedestal y refugio de meditación,
mismísima habitación y sonrisa del Espacio ensoñador,
su acogedora curva simbólica de la línea del infinito.

Entre el profuso encaje de sus trenzas
sus grandes ojos sombreados como por alas de Noche
bajo la soñadora amplitud de su frente de luna dorada
eran mares de amor y de pensamiento que sostenían el mundo;
asombrando a vida y tierra veían verdades lejanas.

Notas:
Transfigurada la delicada faz…: de Savitri.
palimpsesto: Del griego antiguo, significa “grabado nuevamente”. Dícese del manuscrito que todavía conserva huellas de otra escritura anterior en la misma superficie, pero borrada expresamente para dar lugar a la que ahora existe.

373a

Un propósito inmortal daba plenitud a sus miembros mortales;
como en la perfilada línea de una vasija de oro
parecían portar el rítmico sollozo de felicidad
de la muda adoración de la tierra hacia el cielo
liberado en suspiro de belleza de la forma viviente
hacia la perfección de las cosas eternas.

Transparente se volvió el perecedero vestido de vida
desnuda a su vista quedó la expresiva deidad.

Liberada de visión superficial y mortal sentido
la atractiva armonía de sus formas devino
el raro icono expresivo de un Poder
renovando su enigmático descenso
en una humana figura de sus trabajos
que destacaba del perfilado abrupto relieve de la vida
sobre el suelo del evolucionante universo,
diosa esculpida en un muro de pensamiento,
reflejada en el flujo de las horas y tenuemente entronizada
en la Materia como en la cripta de una catedral.

Notas
Un propósito… a sus miembros…: de Savitri
desnuda a su vista…: de Aswapati.

373b

Anulados fueron los transitorios valores de la mente,
el sentido del cuerpo renunció a su terrenal mirada;
ojos inmortales fundían sus miradas.

Despierto del riguroso conjuro de uso cotidiano
que oculta la verdad del alma con el disfraz de la forma externa,
vio a través de los queridos miembros familiares
el noble y desconocido espíritu nacido como su hija.

De improviso desde la visión interior más profunda
surgieron en él pensamientos que desconocían su propio alcance.

Notas:
ojos inmortales fundían sus miradas: los de Aswapati y Savitri.

373c

Entonces a esas amplias y expectantes profundidades desde donde el Amor
lo miraba a través de los estrechos de la mente,
habló él con expresiones de las invisibles Alturas.

Pues los ocultos apuntadores de nuestra palabra a veces
pueden utilizar las fórmulas del talante de un momento
para poner en labios inconscientes las palabras del Hado:
una casual frase pasajera puede cambiar nuestra vida.

“Oh espíritu, viajero de la eternidad,
que viniste aquí desde los espacios inmortales
armada para el espléndido riesgo de tu vida
a poner tu pie conquistador sobre el Azar y sobre el Tiempo,
la luna encerrada en su halo sueña como tú.

Una poderosa Presencia protege aún tu armadura.

Tal vez los cielos te guardan para algún alma grande,
tu destino, tu encomienda preservados lejos en alguna parte.

Notas:
habló él…: Aswapati.

374a

“Tu espíritu no descendió como solitaria estrella.

Oh viviente inscripción de hermosura de amor
cincelada en áurea virginidad,
el mensaje de celestial fuerza y gozo que en ti
está escrito en albas letras solares de lo Eterno,
uno lo descubrirá y engrandecerá con él su vida
aquel para quien tú mullirás las preciadas fibras de tu corazón.

Oh rubíes de silencio, labios desde los que se deslizaba
la risa queda, música de tranquilidad,
ojos como lucientes estrellas despiertos en la dulce noche prolongada
y miembros como poemas de orfebrería finamente engarzada
estrofados en relucientes curvas por artistas dioses,
parte adonde amor y destino reclaman tu encanto.

Notas:
“: Estas comillas de continuidad que aparecen al inicio de los versos, aunque no al final, indican que continúa el parlamento de Aswapati, que comienza en 373c y finaliza en 374c.

374b

“Aventúrate a través del amplio mundo para encontrar a tu compañero.

Pues en alguna parte del anhelante pecho de la tierra,
tu desconocido amante te espera a ti desconocida.

Tu alma es fuerte y no necesita otro guía
que Uno que arde dentro de los poderes de tu pecho.

Al encuentro de tus pasos próximos saldrá
el otro yo por quién tu Naturaleza ansía,
aquel que marchará hasta el final de tu cuerpo
compenetrado viajero caminando a tu paso,
tañedor de la lira de las más íntimas cuerdas de tu alma
que dará voz a cuanto en ti permanece mudo.

Entonces creceréis como vibrantes arpas gemelas,
al unísono en latidos de diferencia y de deleite,
replicantes de divinas e iguales pulsiones,
descubriendo nuevas notas del tema eterno.

Notas:
“: Estas comillas de continuidad que aparecen al inicio de los versos, aunque no al final, indican que continúa el parlamento de Aswapati, que comienza en 373c y finaliza en 374c.

374c

“Una fuerza será vuestro motor y vuestro guía,
una luz estará a vuestro alrededor y en vuestro interior;
con fuertes manos unidas confrontad la cuestión del Cielo, la vida:
desafiad la ordalía de inmenso encubrimiento.

Ascended desde la Naturaleza a las alturas de la divinidad;
enfrentad a los altos dioses, coronados con felicidad,
luego encontrad a un dios más grande, tu yo más allá del Tiempo.”

Estas palabras eran semilla de cuanto iba a acontecer:
la mano de una Grandeza abrió las puertas de su cerrado corazón
y mostró el trabajo para el que su fuerza había nacido.

Notas:
desafiad la ordalía…: la vida. (Ordalía: prueba difícil y terrible.)
…más allá del Tiempo.”: Finaliza aquí el parlamento de Aswapati, comenzado en 373c.
…las puertas de su cerrado corazón: de Savitri.

375a

Como cuando el mantra penetra en el oído del Yoga,
su mensaje entra removiendo el ciego cerebro
y deposita en las oscuras células ignorantes su sonido;
el oyente entiende una forma de palabras
y, cavilante sobre la indicación del pensamiento que contiene,
se esfuerza en leerlo con la mente laboriosa,
mas encuentra brillantes insinuaciones, no la verdad que encarna:
entonces, permaneciendo silencioso en sí mismo para conocer
contacta la escucha más profunda de su alma:
la Palabra se repite a sí misma en rítmicos acordes:
pensamiento, visión, sentimiento, sentido, el propio cuerpo
son prendidos inexplicablemente y él experimenta
un éxtasis y un cambio inmortal;
siente una Amplitud y se convierte en un Poder,
todo el conocimiento se precipita en él como un mar:
transmutado por el blanco rayo espiritual
camina en desnudos cielos de calma y de alegría,
ve la faz de Dios y escucha una conversación trascendente:
una tal grandeza fue sembrada en su vida.

Notas:
Como cuando el mantra…: Los versos que siguen a continuación están ligados a los dos últimos versos de 374c; la Grandeza que abre el corazón de Savitri y se comunica con ella mostrándole su trabajo, no lo hace mediante la palabra o el intelecto, sino a través de un medio de de comunicación similar al del mantra, que Sri Aurobindo describe en estas líneas.
una tal grandeza fue sembrada en su vida: de Savitri.

375b

Las habituales escenas eran ahora un juego terminado:
pasando distraída entre familiares poderes,
tocada por nuevas magnitudes y ardientes señales,
se encaminaba hacia inmensidades que todavía no eran suyas;
fascinado su corazón latía a dulzuras desconocidas;
próximos estaban los secretos de un mundo invisible.

La mañana culminaba en un cielo sonriente;
arrojado desde el zafiro de su cima de trance
el día declinó hacia el oro ardiente del atardecer;
la luna flotaba, luminosa huérfana a través del cielo
y se hundía bajo el olvidadizo borde del sueño;
la noche encendía los faros de la eternidad.

Entonces todo se retrajo a las secretas cavas de la mente;
una oscuridad llegada en alas de ave celestial
selló sus sentidos a la externa visión
y abrió las estupendas profundidades del sueño.

Cuando la pálida aurora se deslizaba a través de la sombría guardia de la Noche,
vanamente la luz recién nacida deseó su faz;
el palacio despertaba a su propia vaciedad;
la soberana de sus cotidianas alegrías estaba lejos;
sus pies de rayo de luna ya no matizaban los luminosos suelos:
belleza y divinidad habían partido.

La delicia había huido a la búsqueda del espacioso mundo.

FIN DEL CANTO TRES, LIBRO CUATRO

Notas:
pasando distraída…: Savitri.
Arrojado…zafiro…: Piedra preciosa de color azul, en alusión al cielo.
Selló sus sentidos: de Savitri.
vanamente la luz… deseó su faz: id.

 

 

Libro IV, Canto IV: La Búsqueda

377a

Los caminos del mundo se abrían ante Savitri.

Al principio el exotismo de nuevas escenas radiantes
poblaba su mente y atraía su mirada física.

Mas conforme se desplazaba a través de la cambiante tierra
una consciencia más profunda brotaba en ella:
ciudadana de numerosos escenarios y climas,
de cada suelo y de cada país había hecho su hogar;
todos los clanes y pueblos tomaba como propios,
hasta que el completo destino de la humanidad fue suyo.

Estos espacios poco familiares de su camino
resultaban conocidos y próximos para un sentido interior,
paisajes que volvían a presentarse como campos largamente olvidados,
ciudades y ríos y llanuras reclamaban su visión
como recurrentes memorias que regresan lentamente,
las estrellas en la noche eran sus brillantes amigas de antaño,
los vientos le traían el susurro de cosas antiguas
y encontraba camaradas sin nombre a los que una vez había amado.

Notas:
ciudadana…: la consciencia.

 

 

377b

Todo formaba parte de viejas personalidades olvidadas:
de forma vaga o con destello de insinuación repentina
sus actos recordaban una línea de poder de otro tiempo,
incluso el propósito de su viaje no era nuevo:
viajera hacia un elevado prefigurado evento,
le parecía a su rememorante alma testigo
seguir de nuevo la traza de un recorrido frecuentemente hecho.

Una guía dirigía las mudas ruedas rodantes
y en el impaciente cuerpo de su velocidad
cabalgaban las encapuchadas divinidades de sombría máscara que llevan
al hombre asignadas inmutablemente desde su nacimiento,
receptoras de la ley interior y exterior,
agentes a un tiempo de la voluntad de su espíritu
y testigas y ejecutoras de su destino.

Inexorablemente fieles a su tarea,
mantienen bajo su custodia la secuencia de su Naturaleza
dando continuidad a la ininterrumpida hebra que antiguas vidas han hilado.

Guardas del mesurado paso de su destino
que le conducen a alegrías por él ganadas y a sufrimientos por él invocados,
incluso en sus pasos casuales intervienen.

Notas:
sus actos…: de Savitri.
Inexorablemente fieles a su tarea: las encapuchadas divinidades.
mantienen… la secuencia de su Naturaleza: del hombre.

 

 

378a

Nada de lo que pensamos o hacemos es vacuo o vano;
todo es energía liberada que mantiene su curso.

Las sombrías guardianas de nuestro pasado que no muere
han hecho de nuestro destino el hijo de nuestros propios actos,
y en los surcos labrados por nuestra voluntad
cosechamos el fruto de nuestras olvidadas acciones.

Mas puesto que invisible el árbol del que pende este fruto
y puesto que vivimos un presente nacido de un desconocido pasado,
no parecen sino piezas de una Fuerza mecánica
a una mente mecánica vinculadas por las leyes de la tierra;
mas son instrumentos de la Voluntad suprema,
observados por un Ojo silencioso en lo alto que todo lo ve.

Un clarividente arquitecto de Azar y Destino
que construye nuestras vidas en un diseño previsto
conoce el significado y la consecuencia de cada paso
y vigila a los trastabillantes poderes inferiores.

 

 

378b

En sus silenciosas alturas era consciente
de una calma Presencia entronizada sobre sus cejas
que veía la meta y escogía cada fatídica curva;
utilizaba el cuerpo como pedestal;
los deambulantes ojos eran sus faros,
las manos que sostenían las riendas sus vivos instrumentos;
todo era el desarrollo de un antiguo plan,
el camino propuesto por un infalible Guía.

A través de inmensos mediodías y de resplandecientes atardeceres,
iba encontrándose con la Naturaleza y con formas humanas
y prestaba atención a las voces del mundo;
guiada desde su interior continuaba su largo camino,
silente en la luminosa cava de su corazón,
cual brillante nube que atraviesa el esplendente día.

Notas:
… era consciente: Savitri

 

 

379a

Al principio su ruta se alejó atravesando concurridos ámbitos:
admitida en el ojo de león de los Estados
y en los teatros del llamativo acto del hombre,
su esculpida carreta de desgastadas ruedas
pasaba a través de bulliciosos mercados y de torres de vigía,
atravesaba ornadas puertas y elevadas fachadas de escultóricos sueños
y jardines colgando en el zafiro de los cielos,
concurridos atrios apilarados con guardias armados,
pequeños santuarios en los que una calma Imagen observaba la vida del hombre
y templos labrados como por exiliados dioses
para imitar su perdida eternidad.

Notas:
…atrios apilarados: en los que se utilizaban pilares en lugar de columnas como elemento sustentador.

 

 

379b

A menudo desde el dorado atardecer hasta la plateada aurora,
en donde parpadeaban lámparas engastadas sobre muros pintados al fresco
y las celosías de piedra miraban a las ramas iluminadas por la luna,
semiconsciente de la lenta noche expectante
tenuemente se deslizaba entre orillas de sueño
reposando en durmientes palacios de reyes.

Aldehuela y ciudad contemplaban el paso del predestinado carruaje,
hogares de vidas inclinadas sobre el suelo que aran
para sustento de sus breves y pasajeros días
que, efímeras, mantienen su ancestral y repetitivo curso,
inalterables bajo un trozo de cielo
inmutable sobre nuestro mortal trabajo.

Notas:
que, efímeras…: las vidas

 

 

379c

Dejando atrás las agobiadas horas de esta criatura pensante
se dirigía ahora a libres y despreocupados espacios
todavía no perturbados por humanas alegrías y temores.

Aquí se conservaba la infancia de la primitiva tierra,
aquí atemporales meditaciones extensas y gozosas y calladas
que el hombre se había abstenido hasta ahora de llenar de preocupaciones,
imperiales extensiones del eterno sembrador
y campos de hierba pestañeando con el viento bajo el sol:
o en medio de la verde ensoñación de bosques y de montañas de abrupta cima,
en el aire rumoroso con el zumbido de abeja de la agreste arboleda
o a lo largo de la voz desvaneciente de plateadas corrientes
cual súbita esperanza viajando entre sus sueños
se apresuraba la carreta de la áurea novia.

Notas:
se dirigía ahora a libres y despreocupados espacios: Savitri.
Al principio, la búsqueda de Savitri atraviesa “concurridos ámbitos” (379a). Es en las populosas ciudades donde espera encontrar a su marido. Como princesa de sangre real es acogida y hospedada en “durmientes palacios de reyes” (379b). También las pequeñas ciudades y aldeas contemplan el “paso del predestinado carruaje” (379b).
Pero llega un momento en que dejando atrás los lugares más concurridos, se dirige a “libres y despreocupados espacios”. Con estos versos comienza la descripción de la “primitiva tierra” que continuará hasta 380c.
Toda esta descripción constituye una introducción al espacio primigenio, virgen, de la selva en donde viven retirados los yoguis de los yogas clásicos que serán descritos a partir de 381a.

 

 

380a

Del inmenso pasado no humano del mundo
acudían vestigios de recuerdos y retazos sin tiempo,
dominios de luz enfeudados a una antigua calma
escuchaban el inhabitual sonido de cascos
y extensos entremezclados silencios inmunes
la dejaban absorta en el secreto esmeralda
y enlentecientes silenciosas alfombras mágicas de encendido florecer
rodeaban sus ruedas con su colorida celada.

Las pertinaces fuertes pisadas del Tiempo caían suavemente
en estas vías solitarias, su paso de titán
olvidado y sus inhóspitos y ruinosos recorridos.

El oído interior que escucha la soledad,
inclinándose infinitamente absorto podía oír
el ritmo del más intenso Pensamiento sin palabras
que se recoge en el silencio detrás de la vida,
y la queda inarticulada dulce voz de la tierra
en la gran pasión de su trance bañado por el sol
ascendía con su rumor anhelante.

Notas:
Continúa la descripción de la “primitiva tierra”, comenzada en 379c.
dominios de luz enfeudados…: pertenecientes.
la dejaban absorta…: a Savitri.

 

 

380b

Alejada del brutal ruido de clamorosas necesidades
la aquietada mente que todo lo indaga podía percibir,
en reposo su ciega voluntad de exteriorización,
el infatigable abrazo de su paciente amor silencioso
y conocer por un alma la madre de nuestras formas.

Este espíritu a trompicones en los campos del sentido,
esta criatura molida en el mortero de los días
podía encontrar en ella amplios espacios de sosiego.

Era un mundo todavía no invadido por la preocupación.

El seno de nuestra madre aún guardaba para nosotros
sus austeras regiones y sus meditativas profundidades,
sus confines impersonales solitarios e inspirados
y las magnificencias de sus refugios de rapto.

Notas:
Continúa la descripción de la “primitiva tierra”, comenzada en 379c.
… de su paciente amor silencioso: de la tierra.
Este espíritu… esta criatura…: el hombre.
El seno de nuestra madre…: nuestra madre la Naturaleza y su seno la tierra.

 

 

380c

Con labios absortos nutría sus simbólicos misterios
y preservaba como sacramentos para sus puros ojos
las hendiduras de sus valles entre sus pechos de gozo,
los altares de sus montañas para los fuegos de aurora
y las playas nupciales en donde el océano se extendía
y la inmensa salmodia de sus proféticos bosques.

Campos tenía de su solitario regocijo,
llanuras silentes y felices al abrazo de la luz,
a solas con el trino de los pájaros y el color de las flores,
y yermos de maravilla iluminados por sus lunas
y grises auspiciosos-atardeceres prendiendo con las estrellas
y sigiloso movimiento en la infinitud de la noche.

Augusta, exultante en el ojo de su Hacedor,
sentía su proximidad a él en el pecho de la tierra,
silente conversaba con una Luz detrás del velo,
silente comulgaba con la Eternidad más allá.

Notas:
Finaliza la descripción de la “primitiva tierra”, comenzada en 379c.
En los presentes versos Sri Aurobindo personaliza la Naturaleza —“con labios absortos”, “sus puros ojos” — y la tierra —“entre sus pechos de gozo” (en alusión a la forma de sus montañas)—.
Augusta, exultante…: la Naturaleza.
Toda esta descripción constituye una introducción al espacio primigenio, virgen, de la selva en donde viven retirados los yoguis de los yogas clásicos que serán descritos a partir de 381a.

 

 

381a

A unos pocos y apropiados habitantes llamaba ella
a compartir la alegre comunión de su paz;
la amplitud, la cima eran su hogar natural.

Los poderosos reyes-sabios su labor terminada,
liberados de la tensión de guerrero de sus tareas,
llegaban a sus serenas sesiones en esas selvas;
finalizada la contienda, enfrentaban la tregua.

Felices vivían en compañía de pájaros y de animales y de flores
y de la luz del sol y del susurro de las hojas,
y escuchaban los bravos vientos erráticos en la noche,
meditaban con las estrellas en sus mudos rangos constantes,
y se alojaban en las mañanas como en tiendas de azur,
y con la gloria de los mediodías eran uno.

Notas:
A unos pocos y apropiados habitantes llamaba ella: la Naturaleza en su seno, la tierra, descrita en versos anteriores.
Comienza aquí la descripción, que finaliza en 383c, de una serie de yoguis representativos de los yogas clásicos, que han abandonado el mundanal ruido, atraídos por la apacibilidad de la Naturaleza y el silencio de los bosques: reyes-sabios, austeros ascetas, videntes, sus jóvenes discípulos, sabios…

 

 

381b

Algunos se sumergían más profundo; del abrazo externo de la vida
reclamados a una ardiente privacidad
en el no profanado retiro de blanca estrella del alma
convivían con un Gozo inmortal;
en el éxtasis y en el silencio una Voz profunda
escuchaban, contemplaban una Luz todorreveladora.

Toda diferencia hecha por el tiempo superaban;
las fibras del mundo hacían unas con las de su propio corazón;
íntimos del corazón que late en cada pecho,
se unían al ser uno en todo a través de un amor ilimitado.

En sintonía con el Silencio y con la rima del mundo,
desataban el nudo de la aprisionante mente;
alcanzada era la amplia mirada imperturbable del testigo,
descubierto el gran ojo espiritual de la Naturaleza;
a la altura de las alturas llegaba ahora su diario ascenso:
la Verdad se inclinaba a ellos desde el reino celestial;
sobre ellos ardían los místicos soles de la eternidad.

Notas:
Continúa aquí la descripción comenzada en 381a, y que finaliza en 383c, de una serie de yoguis, representativos de los yogas clásicos, que han abandonado el mundanal ruido, atraídos por la apacibilidad de la Naturaleza y el silencio de los bosques: reyes-sabios, austeros ascetas, videntes, sus jóvenes discípulos, sabios…

 

 

382a

Los austeros ascetas sin hogar y sin nombre
abandonando palabra y movimiento y deseo
apartados de las criaturas se sentaban absortos, solitarios,
inmaculados en las tranquilas alturas del yo
en luminosos silentes picos de concentración,
eremitas desnudos del mundo con su enmarañado cabello
inmóviles como las grandes montañas desapasionadas
agrupadas a su alrededor como pensamientos de una vasta atmósfera
a la espera del comando del Infinito para terminar.

Los videntes armonizados con la Voluntad universal,
contentos en Aquel que sonríe tras las formas de la tierra,
permanecían no afligidos por la insistencia de los días.

Notas:
Continúa aquí la descripción comenzada en 381a, y que finaliza en 383c, de una serie de yoguis, representativos de los yogas clásicos, que han abandonado el mundanal ruido, atraídos por la apacibilidad de la Naturaleza y el silencio de los bosques: reyes-sabios, austeros ascetas, videntes, sus jóvenes discípulos, sabios…

 

 

382b

A su lado como verdes árboles engalanando una montaña
solemnes jóvenes discípulos moldeados por su toque,
se adiestraban en el acto simple y la palabra consciente,
se transformaban interiormente y crecían hasta alcanzar sus alturas.

Buscadores de largo recorrido en el camino de lo Eterno
traían a estas tranquilas fuentes la sed de su espíritu
y empleaban el tesoro de una hora silenciosa
bañados en la pureza de la afable mirada
que, sin apremio, los guiaba desde su paz,
y mediante su influencia encontraban las vías de la calma.

Los Hijos de la monarquía de los mundos,
líderes heroicos de un tiempo por venir,
niños-Reyes alimentados en este espacioso aire
como leones jugueteando alegremente al cielo y al sol
recibían semiconscientes su impronta divina:
formados en el arquetipo de los altos pensamientos que cantaban
aprendían la amplia magnificencia de talante
que nos hace camaradas con el cósmico impulso,
ya no más encadenados a sus pequeños yoes separados,
dúctiles y firmes bajo la mano eterna,
se unían a la Naturaleza en atrevido y amistoso abrazo
y servían en ella al Poder que conforma sus trabajos.

Notas:
Continúa aquí la descripción comenzada en 381a, y que finaliza en 383c, de una serie de yoguis, representativos de los yogas clásicos, que han abandonado el mundanal ruido, atraídos por la apacibilidad de la Naturaleza y el silencio de los bosques: reyes-sabios, austeros ascetas, videntes, sus jóvenes discípulos, sabios…
recibían…su impronta divina: de los ascetas.

 

 

383a

Hechos un alma con todo y libres de lazos asfixiantes,
inmensos cual continente de soleada calidez
en imparcial alegría de amplia igualdad,
estos sabios vivían el deleite de Dios en las cosas.

Asistiendo las lentas entradas de los dioses,
mostrando a las jóvenes mentes pensamientos inmortales vivían,
enseñaban la gran Verdad hacia la cual la raza de los hombres debe ascender
o abrían las puertas de la liberación a unos pocos.

Impartiendo la Luz a nuestro esforzado mundo
respiraban como espíritus liberados del sombrío yugo del Tiempo,
compañeros y receptáculos de la Fuerza cósmica,
usando una maestría natural como la del sol:
sus palabras, su silencio eran una ayuda para la tierra.

Una mágica felicidad fluía de su toque;
la unidad era soberana en la paz de estos bosques,
las bestias salvajes se juntaban amigablemente con su presa;
persuadiendo a cesar al aborrecimiento y a la lucha
el amor que fluye desde el pecho de la Madre una
curaba con sus corazones al endurecido y lacerado mundo.

Notas:
Continúa aquí la descripción comenzada en 381a, y que finaliza en 383c, de una serie de yoguis, representativos de los yogas clásicos, que han abandonado el mundanal ruido, atraídos por la apacibilidad de la Naturaleza y el silencio de los bosques: reyes-sabios, austeros ascetas, videntes, sus jóvenes discípulos, sabios…

 

 

383b

Otros escapaban de los confines del pensamiento
adonde la Mente inmóvil duerme a la espera del alumbramiento de la Luz,
y regresaban temblorosos con una Fuerza sin nombre,
embriagados con el vino del relámpago en sus células;
conocimiento intuitivo vertiéndose en habla,
captado, vibrante, prendiendo con la inspirada palabra,
escuchando la sutil voz que envuelve los cielos,
portando el esplendor que ha encendido los soles,
cantaban los nombres de lo Infinito y de los poderes inmortales
en metros que reflejaban los mundos en movimiento,
ondas-de-sonido de visión irrumpiendo desde las grandes profundidades del alma.

Notas:
Continúa aquí la descripción comenzada en 381a, y que finaliza en 383c, de una serie de habitantes de la selva, representativos de los yogas clásicos, que han abandonado el mundanal ruido, atraídos por la apacibilidad de la Naturaleza y el silencio de los bosques: reyes-sabios, austeros ascetas, videntes, sus jóvenes discípulos, sabios…

 

 

383c

Algunos perdidos para la persona y su franja de pensamiento
en un inmóvil océano de impersonal Poder,
sentados poderosamente, visionaban a la luz de lo Infinito,
o, camaradas de la Voluntad eterna,
supervisaban el plan del Tiempo pasado y futuro.

Algunos volaban cual pájaros fuera del océano cósmico
y se desvanecían dentro de una brillante Vastedad sin características:
otros contemplaban en silencio la danza universal,
o ayudaban al mundo mediante la indiferencia hacia el mundo.

Algunos ya no contemplaban inmersos en un solitario Yo,
absortos en el trance del que ningún alma regresa,
todas las ocultas líneas del mundo para siempre clausuradas,
las cadenas de nacimiento y persona desechadas:
algunos en solitario alcanzaban lo Inefable.

Notas:
Finaliza aquí la descripción comenzada en 381a, de una serie de habitantes de la selva, representativos de los yogas clásicos, que han abandonado el mundanal ruido, atraídos por la apacibilidad de la Naturaleza y el silencio de los bosques: reyes-sabios, austeros ascetas, videntes, sus jóvenes discípulos, sabios…

 

 

384a

Cual flota un rayo de sol en un lugar umbrío,
la áurea virgen en su ornamentada carreta
majestuosamente llegaba a los lugares de meditación.

A menudo en el crepúsculo entre los rebaños
de ganado que espesaban la sombras con la polvareda de su regreso
cuando el pesado día se había deslizado bajo el horizonte,
al llegar a la apacible ermita de un bosquecillo
descansaba extendiendo a su alrededor como un manto
su espíritu de paciente meditación y poderosa plegaria.

O en la proximidad de la leonada cabellera de un río embravecido
y de adorantes árboles en una suplicante ribera,
el sereno reposo de un aire cual templo abovedado
hacía señas a sus apresuradas ruedas a detener su velocidad.

 

 

384b

En la solemnidad de un espacio que parecía
una mente recordando antiguos silencios,
en donde grandes voces de antaño llamaban al corazón
y la amplia libertad de contemplativos videntes
había dejado la larga impronta de la escena de su alma,
despierta en el cándido amanecer o en la oscuridad bañada por la luna,
al apacible toque predispuesta la hija de la Llama
absorbía el silente esplendor entre tranquilos párpados
y sentía la afinidad de la calma eterna.

Pero la mañana irrumpía recordándole su búsqueda
y del tendido rústico lecho o yacija se levantaba
y se dirigía apremiada a su camino inconcluso
y seguía la predestinada órbita de su vida
cual deseo que interroga a silenciosos dioses
y luego pasa como una estrella hacia un brillante Más Allá.

Notas:
había dejado… de su alma: de los videntes.
despierta…: Savitri

 

 

385a

Desde allí llegó a inmensas extensiones solitarias,
en donde el hombre era un transeúnte hacia escenarios poblados
o solitario en la inmensidad de la Naturaleza luchaba por la supervivencia
e invocaba en su ayuda a Poderes invisibles que habían tomado un alma,
abrumado por la inmensidad de su mundo
e inconsciente de su propia infinitud.

La tierra multiplicaba para ella una cambiante faz
y la llamaba con voz lejana y desconocida.

Las montañas en su soledad de anacoreta,
los bosques con su multitudinario canto
abrían para ella las disimuladas puertas de la divinidad.

 

 

385b

En durmientes llanuras, extensión indolente,
lecho de muerte de un pálido encantado atardecer
bajo el atractivo de un cielo hundido,
impasible yacía como al final de una etapa,
o atravesaba un impaciente conjunto de apretadas colinas
que levantaban sus cabezas acosando la guarida del cielo,
o viajaba por una tierra extraña y vacía
en donde desoladas cimas acampaban en un raro firmamento,
centinelas mudos bajo una luna a la deriva,
o deambulaba en algún inmenso bosque
resonando monótono con chirrido de grillos
o seguía una larga refulgente vía serpentina
atravesando campos y pastos bañados en luz inmóvil
o alcanzaba la salvaje belleza de un espacio desierto
en donde jamás arado había penetrado ni rebaño pastado
y dormía sobre desnudas y sedientas arenas
en medio de la salvaje llamada de las fieras en la noche.

Notas:
impasible yacía…o atravesaba…o viajaba…o deambulaba…o seguía…o alcanzaba… y dormía…: Savitri.

 

 

385c

Todavía incumplida permanecía la destinada búsqueda;
todavía no encontraba el predestinado rostro de aquel
a quien buscaba entre los hijos de los hombres.

Un grandioso silencio envolvía el majestuoso día:
el paso de los meses había alimentado la pasión del sol
y ahora su ardiente aliento asediaba el suelo.

Testas de tigres merodeaban a través de la debilitada tierra;
todo era lamido como por una fláccida lengua.

Los vientos de primavera decaían; el cielo permanecía fijo como bronce.

 

FIN DEL CANTO CUATRO

FIN DEL LIBRO CUATRO

 

 

Libro V: El Libro del Amor. Canto I: El Destinado Lugar de Encuentro

389a

Pero ahora el destinado lugar y la hora estaban próximos;
inadvertidamente se había acercado a su desconocida meta.

Pues aunque una apariencia de ciego y sinuoso azar
recubre el trabajo del sabio Destino,
nuestros actos interpretan una Fuerza omnisciente
que mora en la imperiosa esencia de las cosas,
y nada sucede en la representación cósmica
sino a su tiempo y en el lugar previsto.

 

 

389b

Llegó a un espacio de suave y delicado aire
que parecía un refugio de juventud y de alegría,
un mundo de tierras altas de libre y verde delicia
en donde primavera y verano yacían juntos y peleaban
en indolente y amistoso debate,
desarmados, disputando entre risas quién debería reinar.

Allí la expectación batió repentinas alas extendidas
como si un alma prestara atención desde la faz de la tierra,
y todo cuanto había en ella percibió la llegada de un cambio
y olvidando gozos obvios y comunes sueños,
obediente a la llamada del Tiempo, al sino del espíritu,
fue alzada a una belleza calma y pura
que vivía bajo los ojos de la Eternidad.

Notas:
y todo cuanto había en ella…: en Savitri

 

 

389c

Un macizo de cabezas montañosas asaltaba el azur
pujando con hombros rivales para alcanzar el cielo,
paladines armados de una línea de acero;
la tierra yacía postrada bajo sus pies de piedra.

Debajo se extendía un ensueño de bosques esmeralda
y relucientes orillas solitarias adormecidas:
pálidas aguas corrían cual relucientes sartas de perlas.

Un suspiro se extraviaba entre las felices hojas;
frescamente perfumadas con pies pausados rebosantes de placer
suaves brisas entrecortadas titubeaban entre las flores.

La blanca grulla erguida, inmóvil línea viva,
pavo real y loro ornaban suelo y árbol,
el suave zureo de la paloma enriquecía el aire enamorado
y patos salvajes de alas de fuego nadaban en estanques argentinos.

 

 

390a

La tierra se acostaba a solas con su espléndido amante el Cielo,
desnuda para el ojo azul de su consorte.

En lujuriante éxtasis de alegría
prodigaba la música de amor de sus notas,
derrochando el apasionado diseño de sus flores
y el tumultuoso festival de sus aromas y colores.

En derredor había grito y salto y carrera,
sigilosas pisadas de animales de presa,
el enmarañado esmeralda de su cabellera de centauro,
el oro y el zafiro de su calor y de su llama.

Artífice de sus rapturosos júbilos,
alegre, de corazón sensual, despreocupada y divina,
la vida corría o se escondía en sus habitaciones de delicia;
tras todo ello celaba la grandiosa calma de la Naturaleza.

Notas:
… de sus notas,… de su cabellera de centauro, … de sus rapturosos júbilos, … en sus habitaciones de delicia…: de la tierra

 

 

390b

La Paz primigenia estaba allí y en su seno
mantenía no perturbada la lucha de pájaro y de bestia.

El hombre ceñudo artesano no había llegado
a posar su mano sobre las felices cosas inconscientes,
el pensamiento no se encontraba allí ni la evaluadora herramienta de ojo inquisitivo,
la vida no había aprendido a discordar con su propósito.

La Poderosa Madre yacía extendida a sus anchas.

Todo estaba alineado con su primigenio plan satisfecho;
llevados por una voluntad universal de alegría
los árboles florecían en verde felicidad
y las crías salvajes no se ocupaban del dolor.

Notas:
… ni la evaluadora herramienta…: la mente
La Poderosa Madre…: la Naturaleza.

 

390c

Al fondo reclinada una adusta y gigantesca zona
de enmarañadas profundidades y solemnes inquisitivas montañas,
picos semejantes a la desnuda austeridad del alma,
armados, remotos y desoladamente enormes
como las infinidades ocultas por el pensamiento que yacen
tras la rapturosa sonrisa de la danza Todopoderosa.

Un espeso cabezo de bosque invadía el cielo
como si un asceta de cuello azul escrutara
desde el refugio de piedra de su cueva en la montaña
contemplando la breve felicidad de los días;
su vasto extendido espíritu recostado detrás.

Un poderoso murmullo de inmenso retraimiento
asediaba el oído, una triste e interminable llamada
como un alma que del mundo se retira.

 

 

391a

Este era el escenario que la ambigua Madre
había elegido para su breve hora feliz;
aquí en esta soledad apartada del mundo
comenzó su parte en la alegría y el conflicto del mundo.

Aquí le fueron descubiertos los místicos atrios,
las escondidas puertas de belleza y de sorpresa,
las alas que murmuran en la casa dorada,
el templo de dulzura y el ardiente altar.

Extranjero en las afligidas rutas del Tiempo,
inmortal uncido al yugo de muerte y destino,
sacrificante del gozo y del dolor de las esferas,
el Amor en el páramo encontró a Savitri.

 

FIN DEL CANTO UNO, LIBRO CINCO

 

Notas:
…su breve hora feliz;…su parte en la alegría…: de Savitri
Extranjero…: el Amor, que aquí sobre la tierra se encuentra disminuido de su verdadera naturaleza.

 

 

Libro V: El Libro del Amor. Canto II: Satyavan

392a

Todo lo recordaba en este día Fatal,
la ruta que no se aventuraba en las solemnes profundidades
sino que se apartaba para huir hacia las moradas de los hombres,
el yermo con su poderosa monotonía,
la mañana en lo alto cual luminoso vidente,
la pasión de las cimas perdiéndose en el cielo,
el murmullo de titán de los interminables bosques.

Como si hubiera allí una portezuela abierta a la alegría
atrayéndola con muda insinuación y mágica seña,
en los márgenes de un mundo desconocido
declinaba la curva de un claro iluminado por el sol;
bosquecillos con extrañas flores como ojos de ninfas atisbando
contemplaban desde su misterio hacia el espacio abierto,
ramas murmurando de la constancia de luz
protegían una umbría y escondida felicidad,
y con paso lento una lánguida brisa inconstante
corría como huidizo suspiro de felicidad
sobre sondormidos pastos jugueteando con verde y oro.

Notas:
Todo lo recordaba en este día Fatal: El día en que Satyaban debía morir.
La escena se sitúa en el lecho conyugal de Savitri junto a Satyavan. Savitri se ha despertado agobiada por el grave suceso que ese día va a traer —al cumplirse doce meses de la profecía de Narad. Todavía acostada, pero despierta, recuerda los momentos de su vida, desde la infancia hasta aquel día fatal, y entre esos recuerdos está aquel, descrito en estos y siguientes versos, en el que conoció a Satyavan, acaecido doce meses antes,
Todo lo que ella había una vez esperado y soñado y sido,
pasó con vuelo de águila a través de los cielos de su memoria. (011b)

 

 

392b

Ocultas en el solitario corazón del bosque
entre las hojas las inquilinas voces llamaban,
dulces como deseos enamorados y ocultos,
grito que contesta al quedo insistente grito.

Detrás dormían mudas lejanías esmeralda,
guarida de una Naturaleza apasionada, velada, denegada
a todo excepto a su propia visión extraviada y salvaje.

La tierra liberada de preocupaciones en este hermoso refugio
musitaba al alma un canto de poder y de paz.

Sólo un signo había allí del paso del hombre:
un solitario camino, disparado y estrecho como una flecha
dentro de este seno de vida vasta y secreta,
rasgaba su enorme sueño de soledad.

Aquí fue donde por primera vez encontró sobre esta incierta tierra
a aquel por el cual su corazón había venido tan lejos.

Notas:
… las inquilinas voces…: de los pájaros.

 

 

393a

Como pudiera un alma dibujada sobre el fondo de la Naturaleza
perfilarse por un momento en una casa de sueño
creada por el ardiente hálito de la vida,
así apareció él contra el límite de la foresta
inserto entre el verde relieve y el dorado rayo.

Como un arma de Luz viva
erguida y majestuosa cual espada de Dios
su figura era portadora del esplendor de la mañana.

Noble y clara como los amplios apacibles cielos
una tablilla de joven sabiduría era su frente;
la imperiosa belleza de la libertad modelaba sus miembros,
la alegría de la vida se reflejaba en su despejada faz.

Su mirada era un amplio romper del día de los dioses,
su cabeza era la de un juvenil Rishi tocada por la luz,
su cuerpo el de un amante y el de un rey.

En el magnífico amanecer de su fuerza
erguido cual viva estatua de deleite
iluminaba el margen de la página del bosque.

Notas:
Rishi: En el marco del hinduismo, sabio y vidente de la antigüedad védica.

 

 

393b

Apartado del ignorante afanoso trabajo de los años
abandonando el pesado drama del hombre había venido
guiado por la sabiduría de un adverso Destino
a encontrar a la anciana Madre en sus bosques.

En su divina comunión había crecido
hijo adoptivo de la belleza y de la soledad,
heredero de centurias de solitaria sabiduría,
hermano del sol y del aire,
andarín comulgante con lindes y con profundidades.

Conocedor del Veda del libro no escrito
lector de la mística escritura de sus formas,
había captado sus hierofantes significados,
aprendido las inmensas imaginaciones de su esfera,
enseñado por lo sublime de corrientes y de bosques
y por las voces del sol, de la estrella y de la llama
y por el canto de los mágicos cantores de las ramas
y por la muda enseñanza de cuanto anda a cuatro pies.

Notas:
… la sabiduría de un adverso Destino: Que había despojado a su padre, el rey Dyumatsena, de su reino obligándolo a exiliarse en el interior de la selva.
… la anciana Madre: la Tierra.
…del Veda del libro no escrito: En el sentido de una primigenia sabiduría proporcionada por la naturaleza.
… mística escritura de sus formas: de la Tierra en su estado natural.
hierofantes: Sinónimo de ocultos y sagrados.

 

394a

Ayudando con pasos confiados a sus lentas y enormes manos
se inclinaba él a su influencia como la flor a la lluvia
y, como la flor y el árbol crecía parte de la naturaleza,
fortalecido por los toques de sus modelantes horas.

La desenvoltura de que hacen gala las naturalezas libres era suya
y su asentimiento a la alegría y a la amplia calma;
uno con el Espíritu uno que todo lo habita,
depositaba la experiencia a los pies de la Diosa;
su mente abierta a su infinita mente,
sus actos acompasados a su fuerza primal;
había sometido él su mortal pensamiento al de ella.

Aquel día se había apartado de su acostumbrado camino;
pues Uno que, conociendo la circunstancia de cada momento,
puede guiar por doquier nuestros estudiados o despreocupados pasos,
había depositado el conjuro del destino en sus pies
atrayéndolo al florido límite del bosque.

Notas:
… sus lentas y enormes manos: de la Tierra.
… a su influencia: id.
… sus modelantes horas: id.
… de la Diosa: id.

 

 

394b

Al principio su mirada que captaba el millón de formas de vida
poblando imparcialmente su casa del tesoro
junto con el cielo y la flor y la montaña y la estrella,
se posó más bien en la brillantez de la armoniosa escena.

Vio el verde-oro del sondormido césped,
los pastos mecidos con el suave paso del viento,
las ramas importunadas por la llamada de los pájaros de la selva.

Despierto a la Naturaleza, distraído todavía para la vida,
el entusiasta prisionero de lo Infinito,
el luchador inmortal en su hogar mortal,
orgullo, poder, pasión de un esforzado Dios,
vio esta imagen de la velada deidad,
esta soberana criatura pensante de la tierra,
este resultado final de la belleza de las estrellas,
mas sólo la veía como aquellas hermosas y comunes formas
que el espíritu artista no necesita para su trabajo
y aparta a las sombrías habitaciones de la memoria.

Una mirada, un giro decide nuestro desequilibrado destino.

Notas:
… su mirada: de Savitri.
el entusiasta prisionero de lo Infinito: el Amor en Savitri.
vio esta imagen …: la de Satyavan.

 

 

394c

Así en la hora que a ella más le concernía,
distraído paseante por la lenta mente de superficie,
el descuidado explorador bajo sus atentos párpados
admiraba indiferente la belleza y no se preocupaba
de despertar el espíritu de su cuerpo a su rey.

Así pudiera ella haber pasado sobre las ignorantes vías de la suerte
desperdiciando la llamada del Cielo, desperdiciando el propósito de la vida,
pero el dios tocó a tiempo su alma consciente.

Su visión se fijó, captó y todo experimentó un cambio.

Su mente al principio moraba en sueños ideales,
esos íntimos transmutadores de los signos de la tierra,
que hacen de las cosas conocidas una insinuación de las invisibles esferas,
y veía en él al genio del lugar,
figura simbólica en medio de las escenas de la tierra,
un rey de la vida dibujado en aire delicado.

Mas esto no fue sino ensueño de un momento;
pues repentinamente su corazón lo advirtió,
utilizó la apasionada visión que el pensamiento no puede igualar,
y reconoció a alguien más íntimo que sus propias fibras íntimas.

En un momento todo fue sorprendido y captado,
todo lo que permanecía arropado en éxtasis inconsciente
o bajo los coloridos párpados de la imaginación
mantenido en un amplio espejo etéreo de sueños,
irrumpió en una llamarada para recrear el mundo,
y en esa llama renació ella a cosas nuevas.

Notas:
el descuidado explorador…: el Amor en Savitri
… sus atentos párpados: de Savitri.
… el espíritu de su cuerpo: id.
… a su rey: Satyavan.
… pero el dios…: Amor.
Su visión…: de Savitri.
Su mente al principio…: de Savitri
y veía en él…: en Satyavan.

 

 

395

Una mística agitación surgió de sus profundidades;
arrastrada, levantada de golpe como uno inmerso en distendidos sueños,
la vida corrió a mirar desde cada puerta de los sentidos:
pensamientos confusos y alegres en cielos de brumosa luna,
sentimientos como los de un universo en nacimiento,
irrumpían a través de la agitación del espacio de su pecho
invadido por un enjambre de dioses dorados:
surgiendo a un himno de oficiantes de la maravilla
su alma abrió de par en par sus puertas a este nuevo sol.

Una alquimia se producía, la transmutación llegaba;
el rostro enviado había obrado el conjuro del Señor.

En la irreproducible luz de dos ojos que se aproximan
un súbito y predestinado giro de sus días
apareció hasta convertirse en un destello de mundos desconocidos.

Entonces tembloroso con el místico vuelco su corazón
palpitó en su pecho y clamó cual pájaro
al escuchar a su compañero sobre una vecina rama.

Los cascos de paso presuroso, las ruedas largamente sacudidas pararon;
el carruaje se detuvo como un viento interrumpido.

Notas:
… del Señor: el Amor.
… de sus días: de Savitri.
palpitó en su pecho…: id.

 

396a

Y Satyavan miró desde las puertas de su alma
y sintió el encanto de su líquida voz
embargar la atmósfera púrpura de su juventud e hizo frente
al inquietante milagro de un rostro perfecto.

Seducido por la boca de miel de una extraordinaria flor,
arrastrado a espacios del alma abiertos en derredor de una faz,
se volvió hacia la visión como un mar se vuelve hacia la luna
y experimentó un sueño de belleza y de cambio,
descubrió el aura alrededor de una cabeza mortal,
adoró a una nueva divinidad en las cosas.

Su contenida naturaleza se fundió como en fuego;
su vida fue tomada dentro de otra vida.

Los espléndidos ídolos solitarios de su cerebro
cayeron postrados desde sus brillantes suficiencias,
como al toque de un nuevo infinito,
para adorar a una divinidad mayor que la suya propia.

Una imperiosa fuerza desconocida lo atraía hacia ella.

Maravillándose avanzó a través de la dorada yerba:
mirada con mirada fundidas y atrapadas en un abrazo de visión.

Notas:
… de su líquida voz: de Savitri.
… de su juventud …: de Satyavan.
Su contenida naturaleza…: id.
su vida…: id.
Maravillándose: Satyavan.

 

396b

Un rostro estaba allí, noble y digno y calmo,
como rodeado por una corona de pensamiento,
un destello, un arco de luz meditativa,
como si un secreto halo fuera visto a medias;
su visión interior todavía recordando conoció
una frente que llevaba la corona de todo su pasado,
dos ojos sus constantes y eternas estrellas,
camaradas y soberanos ojos que reclamaban su alma,
párpados conocidos a través de muchas vidas, inmensos marcos de amor.

En su mirada encontró él la visión de su futuro,
una promesa y una presencia y un fuego,
vio la encarnación de eónicos sueños,
un misterio de rapto por el cual todo
anhela en este mundo de breve mortalidad
materializado como suyo propio.

Notas:
Un rostro estaba allí…: el de Satyavan.
su visión interior …: de Savitri.
… de todo su pasado: id.

 

397a

Esta áurea figura ofrecida a su abrazo
guardaba en su pecho la llave de todos sus propósitos,
un sortilegio para atraer a la tierra el gozo Inmortal,
para igualar a la verdad del cielo nuestro pensamiento mortal,
para elevar los corazones de la tierra cercanos al sol de lo Eterno.

En estos grandes espíritus ahora aquí encarnado
el Amor hacía descender desde la eternidad el poder
para hacer de la vida su nueva base inmortal.

Su pasión levantaba una ola desde insondables profundidades;
descendía a la tierra desde lejanas alturas olvidadas,
mas conservaba su naturaleza de lo infinito.

Notas:
Esta áurea figura…: Savitri.
guardaba en su pecho: de Savitri
…de todos sus propósitos: de Satyavan.
Su pasión levantaba…: del Amor

 

397b

En el mudo seno de este olvidadizo globo
aunque como desconocidos parecemos encontrarnos,
nuestras vidas no son ajenas ni como extraños nos juntamos,
movidos uno hacia otro por una fuerza sin causa.

El alma puede reconocer a su alma que responde
a través del Tiempo que separa y, en los caminos de la vida
absorta viajera arrebujada, al volverse recobra
familiares esplendores en una cara desconocida
y tocada por el dedo advertidor del repentino amor
se estremece de nuevo con gozo inmortal
revestida de un cuerpo mortal para el deleite.

Hay un Poder interior que conoce más allá
de nuestros conocimientos; somos más grandes que nuestros pensamientos,
y en ocasiones la tierra desvela aquí esa visión.

Notas:
A partir de los presentes versos Sri Aurobindo explica desde la perspectiva del alma lo ocurrido entre Satyavan y Savitri en el momento de su encuentro.

 

397c

Vivir, amar son signos de cosas infinitas,
el Amor es una gloria de las esferas de la eternidad.

Rebajado, desfigurado, suplantado por poderes inferiores
que roban su nombre y su forma y su éxtasis,
es aún la divinidad por la que todo puede cambiar.

Un misterio despierta en nuestra materia inconsciente,
una felicidad ha nacido que puede rehacer nuestra vida.

El Amor mora en nosotros como una flor sin abrir
esperando un súbito momento del alma,
o vagabundea en su sueño encantado en medio de pensamientos y de cosas;
el niño-dios juega, se busca a sí mismo
en muchos corazones y mentes y formas vivas:
aguarda por un signo que pueda conocer
y, cuando llega, despierta ciegamente a una voz,
a una mirada, a un toque, a la expresión de un rostro.

Notas:
el niño-dios…: el Amor.

 

398a

Su instrumento la oscura mente corporal,
de la celestial visión interior ahora olvidada,
aprovecha algún signo de encanto externo
que lo guíe entre la multitud de insinuaciones de la Naturaleza,
lee verdades celestiales en los semblantes de la tierra,
inquiere a la imagen buscando la divinidad,
descubre las inmortalidades de la forma
y toma el cuerpo por la escultura del alma.

La adoración del Amor que cual vidente místico
a través de la visión mira a lo invisible,
en el alfabeto de la tierra encuentra un sentido divino;
mas la mente sólo piensa, “Contemplad al uno
por el cual mi vida tanto ha esperado insatisfecha,
contemplad al inesperado soberano de mis días.”

El corazón siente al corazón, el miembro clama al miembro que responde;
todo tiende a realizar la unidad que todo es.

Demasiado lejos del Divino, el Amor busca su verdad
y la Vida es ciega y los instrumentos decepcionan
y hay Poderes que trabajan para envilecer.

Todavía puede llegar la visión, venir la alegría.

Rara es la copa dispuesta para el nectáreo vino del amor,
como raro es el recipiente que puede contener el nacimiento de Dios;
un alma preparada a través de miles de años
es el molde viviente de un supremo Descenso.

Notas:
Su instrumento …: del Amor.
aprovecha algún signo…: el Amor.
La adoración del Amor…: el movimiento de adoración inherente al amor, cual vidente místico…

 

398b

Así se reconocieron la una a la otra aun en formas tan extrañas.

Aunque inadvertido para la mirada, aunque vida y mente
habían sido renovadas para contener un nuevo significado,
estos cuerpos compendiaban la deriva de innumerables nacimientos,
y el espíritu para el espíritu era el mismo.

Asombrados por gozo tan largamente esperado,
los amantes se encontraron sobre sus diferentes sendas,
viajeros a través de las ilimitadas llanuras del Tiempo
atraídos uno junto al otro en etapas guiadas por el destino
desde la aislada soledad de su pasado humano,
a un súbito sueño rapturoso de gozo futuro
y al inesperado presente de sus ojos.

A través de la expresiva grandeza de una mirada,
sacudida por la forma la memoria del espíritu despertó en el sentido.

La niebla que separaba dos vidas fue rasgada;
su corazón al descubierto y vuelto el de él para encontrarlo;
atraídos como en el firmamento una estrella por otra estrella,
se maravillaron el uno con el otro y se regocijaron
y tejieron su afinidad en el silencio de una mirada.

Pasó un momento que fue un rayo de eternidad,
comenzaba una hora, la matriz de un nuevo Tiempo.

 

FIN DEL CANTO DOS, LIBRO CINCO

 

Notas:
Así se reconocieron la una a la otra aun en formas tan extrañas: Ambas almas en formas de sus cuerpos tan diferentes a las de vidas anteriores.
…aunque vida y mente
habían sido renovadas…: para el actual nacimiento.
su corazón al descubierto…: de Savitri.

 

 

Libro V: El Libro del Amor.Canto III: Satyavan y Savitri

 

400

Desde el mudo misterio del pasado
en un presente ignorante de lazos olvidados
estos espíritus se encontraron sobre los caminos del Tiempo.

Mas en el corazón sus conscientes secretos yoes
de consuno se reconocieron uno al otro advertidos
a la primera llamada de una delicada voz
y a la primera vista de la destinada faz.

Como cuando el ser busca al ser desde lo más hondo
tras la pantalla del sentido exterior
y se esfuerza en encontrar la palabra que abra el corazón,
la expresión apasionada que evidencie la necesidad del alma,
pero la ignorancia de la mente vela la visión interior,
sólo un poco irrumpe a través de las ataduras de la tierra,
así ahora se encontraron ellos en esta hora trascendente,
neto el reconocimiento en lo profundo,
perdido el recuerdo, la unidad percibida y perdida.

 

 

400b

Así habló primero Satyavan a Savitri:
“Oh tú que vienes a mí desde los silencios del Tiempo,
sin embargo tu voz ha despertado mi corazón a una desconocida felicidad,
inmortal o mortal solo en apariencia,
pues algo más que la tierra me habla desde tu alma
y algo más que la tierra me rodea en tu mirada,
¿cuál es tu nombre entre los hijos de los hombres?

¿De dónde has amanecido colmando los días de mi espíritu,
más luminosa que el verano, más brillante que mis flores,
en los solitarios lindes de mi vida,
oh luz de sol modelada cual áurea doncella?

Sé que poderosos dioses son amigos de la tierra.

He escuchado extrañas voces cruzar las ondas del éter,
el mágico sonido del Centauro ha estremecido mi oído;
he atisbado a las Apsaras bañándose en sus estanques,
he visto las ninfas de los bosques curioseando a través de las hojas;
los vientos me han mostrado sus avasallantes señores,
he contemplado a los príncipes del Sol
ardiendo en casas de mil pilares de luz.

Por eso ahora mi mente podría soñar y mi corazón temer
que desde un lecho de maravilla más allá de nuestro aire
levantada en una amplia mañana de los dioses
condujiste tus caballos desde los mundos del Tonante.

Notas:
Centauro: Mit. griega. Raza de seres con el torso y la cabeza de humano y el cuerpo de caballo.
Apsaras: Mit. hindú. Ninfas acuáticas.
Tonante: Mit. romana. Júpiter ostentaba el mismo papel que Zeus en la mitología griega como principal deidad del panteón. Uno de los defectos de Júpiter era su promiscuidad y para realizar sus conquistas amorosas, se transformaba en animales como cisnes, toros o pájaros, pues él no podía ser visto en toda su gloria. Aquí parece hacerse alusión a esa capacidad transformadora de lo divino en humano que Satyavan atribuye a Savitri.

 

 

401

Aunque del cielo tu belleza parece aliada,
mucho más se regocijarían mis pensamientos sabiendo
que una mortal dulzura sonríe entre tus párpados
y que tu corazón puede latir por unos humanos ojos
y que tu áureo pecho se estremece con una mirada
y que su agitación responde a una voz nacida en la tierra.

Si nuestros afectos afligidos por el tiempo puedes sentir,
si las cosas normales y simples de la tierra te pueden satisfacer,
si tu mirada puede dirigirse contenta hacia el suelo de la tierra,
y esta celestial muestra de deleite,
tu cuerpo dorado, confrontar la fatiga
oprimiendo con su gracia nuestra tierra, al tiempo que
el frágil dulce gusto pasajero de la comida terrestre
te retiene y el saltarín vino de los torrentes,
desciende. Detén tu jornada, quédate con nosotros.

Cercano está el escarpado eremitorio de mi padre
tras esas altas hileras de silenciosos reyes,
amenizado por las voces de coros de multicolor vestimenta
cuyos cantos repiten transcrita en musicales notas
la apasionada inscripción colorida de las ramas
y llenan las horas con su melodioso grito.

Entre el zumbido de bienvenida de las numerosas abejas
entra en nuestro melifluo reino de los bosques;
deja que te conduzca allí a una opulenta vida.

Austera, simple es la rústica vida eremítica;
mas está vestida con las joyas de la tierra.

Corren los vientos salvajes — visitantes entre medio de onduladas cimas,
a través de los calmos días centinelas de paz del cielo
que recostadas en una atmósfera vestida de púrpura
contemplan desde lo alto un rico sigilo y silencio
en cuyo interior salmodian las aposentadas aguas nupciales.

Enormes, susurrantes, multiformes alrededor
altos bosques en los que los dioses han tomado en sus brazos
la hora del hombre, un huésped de sus seculares pompas.

Ataviadas están las mañanas de verde y oro,
sol y sombra tapizan los muros
para hacer una cámara de reposo digna de ti.”

Notas:
Continúa y finaliza el parlamento de Satyavan comenzado en 400b.
… de silenciosos reyes: las montañas
…centinelas de paz del cielo: las cimas

 

 

402

Por un momento permaneció silenciosa como escuchando aún su voz,
reticente a romper el encanto, luego lentamente habló.

Ensimismada contestó, “Soy Savitri,
princesa de Madra. ¿Quién eres tú? ¿Qué nombre
musical de la tierra te expresa ante los hombres?
¿Qué tronco de Reyes regado por afortunadas corrientes
ha florecido por fin sobre una feliz rama?
¿Por qué moras en el bosque sin sendas
lejos de las hazañas que tu gloriosa juventud demanda,
rodeado de anacoretas y de las progenies salvajes de la tierra,
en donde a solas con tu yo testigo paseas
en la verde inhumana soledad de la Naturaleza
rodeado por enormes silencios
y por el ciego murmullo de primigenias calmas?”

Y Satyavan contestó a Savitri:
“En los días en los que todavía sus ojos miraban claro a la vida,
quien fuera el rey Dyumatsena, el Shalwa, reinaba
en toda la amplitud que desde detrás de esas cimas
[que pasan sus días de esmeralda deleite
en confiada conversación con los vientos viajeros]
se extiende, mirando vuelta hacia los cielos del Sur,
y tiende su flanco sobre las meditativas colinas.

Mas el Hado ecuánime retiró su protectora mano.

Una noche en vida cercó las duras sendas del hombre
los brillantes dioses del cielo reclamaron sus descuidados dones,
tomaron de vacíos ojos su alegre y amigable rayo
y apartaron a la incierta divinidad de su lado.

Desterrado del imperio de la luz exterior,
perdida la camaradería de los hombres que ven,
permanece en dos soledades, la interior
y la del solemne susurro de los bosques.

 

 

403

Hijo de ese rey, yo, Satyavan, he vivido
satisfecho, por no conocerte todavía,
en mi muy poblada soledad del espíritu
y en este inmenso murmullo vital que me es familiar,
cuidado por las vastedades, pupilo de la soledad.

La gran Naturaleza vino a su hijo recobrado;
reinaba yo en un reino de una especie más noble
que los hombres puedan construir sobre el deslucido suelo de la Materia;
encontré la franqueza de la tierra primal,
disfruté de la intimidad del niño Dios.

En las espaciosas tapizadas cámaras de su estado,
libre en su palacio sin límites he morado
mimado por la cálida madre de todos nosotros,
criado en su casa con mis naturales hermanos.

Permanecía en el amplio abrazo desnudo del cielo,
las radiantes bendiciones de la luz solar estrechaban mi faz,
el argentino éxtasis de rayos de luna por la noche
besaba mis suaves párpados al dormir. Las mañanas de la Tierra eran mías;
atraído por los quedos murmullos de las horas vestidas de verde
vagabundeaba perdido en los bosques, predispuesto a la voz
de los vientos y de las aguas, compañero de la alegría del sol,
oyente de la palabra universal:
mi espíritu satisfecho en mi interior sabedor
de nuestra divina primogenitura, daba exuberancia a nuestra vida
cuyas más estrechas pertenencias son la tierra y los cielos.

Sentía un suave roce, oía una llamada,
mas no podía abrazar el cuerpo de mi Dios
o tomar entre mis manos los pies de la Madre del Mundo.

Mas tú has llegado y de seguro todo cambiará:
en tus dorados miembros percibiré a la Madre del Mundo
y escucharé su sabiduría en tu sagrada voz
el hijo del Vacío renacerá en Dios,
mi Materia escapará al trance de lo Inconsciente.
Mi cuerpo será libre como mi espíritu.
Escaparé de la Muerte y de la Ignorancia.”

Notas:
Continúa y finaliza el parlamento de Satyavan comenzado en 402.

 

 

406

Y Savitri, ensoñando todavía, le replicó:
“Háblame, háblame más, oh Satyavan,
háblame de ti y de todo cuanto dentro de ti eres;
quisiera conocerte como si desde siempre hubiéramos vivido
juntos en la cámara de nuestras almas.

Háblame hasta que se ilumine mi corazón
y mi conmovida mente mortal comprenda
cuanto el ser inmortal siente en mí.

Él sabe que eres tú aquel que mi espíritu ha buscado
entre la multitud de rostros y de formas de la tierra
a través de los dorados espacios de mi vida.”

Y Satyavan cual arpa que replica
a la insistente llamada de la flauta
contestó a su ruego y dejó fluir hacia ella
su corazón en multicoloridas olas de palabra:

“Oh áurea princesa, perfecta Savitri,
más diría de lo que las falibles palabras pueden expresar,
de todo cuanto has significado para mí, desconocida,
todo cuanto el relámpago del amor revela
en una gran hora de dioses desvelados.

Incluso un breve contacto ha dado nueva forma a mi vida.

Pues ahora sé que todo lo que he vivido y sido
se encaminaba hacia este momento del renacimiento de mi corazón;
al volver la vista atrás sobre el significado de mí mismo,
un alma para ti dispuesta sobre el suelo de la tierra.

Notas:
Incluso un breve contacto…: Incluso este breve contacto…

 

 

406b

Antes mis días eran como los días de los demás hombres:
pensar y actuar lo era todo, vivir y disfrutar;
esta era la anchura y la altura de la mortal esperanza:
mas llegaban atisbos de un yo más profundo
que tras la Vida vive y le hace actuar su escena.

Percibía una verdad que ocultaba su forma a la mente,
una Grandeza trabajando hacia un oculto fin,
y vagamente a través de las formas de la tierra anticipaba
algo que la vida no es y que sin embargo debe ser.

Indagaba yo el Misterio con la linterna del Pensamiento.

Sus destellos iluminaban con la palabra abstracta
un terreno a medias visible y recorriéndolo metro a metro
levantaba el mapa de un sistema del Yo y de Dios.

Yo no podía vivir la verdad de la que hablaba y pensaba.

Me volví para alcanzar su forma en las cosas visibles,
esperando fijar su norma mediante la mente mortal,
imponía una estrecha estructura de la ley del mundo
sobre la libertad de lo Infinito,
un rígido firme esqueleto de Verdad externa,
un esquema mental de un mecánico Poder.

Esta luz mostraba aún más las oscuridades no buscadas;
hacía el Secreto original más oculto;
no podía analizar su cósmico Velo
o vislumbrar la oculta mano del Hacedor de Maravillas
y seguir la traza del diseño de sus mágicos planes.

Pero ahora el dorado vínculo viene a mí con tus pies
y Su dorado sol ha brillado en mí desde tu rostro.

Notas:
Continúa el parlamento de Satyavan comenzado en 406.
Sus destellos…: de la linterna del Pensamiento.
Yo no podía vivir la verdad de la que hablaba y pensaba: el Pensamiento.
Me volví para alcanzar su forma…: la forma de la Verdad, citada más arriba (Percibía una verdad que ocultaba su forma…)
imponía una estrecha estructura…: la mente mortal.
no podía analizar su cósmico Velo: la luz de linterna de la mente no podía analizar el cósmico velo del Secreto.
Pero ahora el dorado vínculo…: Entre el conocimiento del Secreto original y la posibilidad de vivirlo que Satyavan buscaba antes de conocer a Savitri.

El sentido de estos versos apuntaría a que la mente actual del hombre, que Sri Aurobindo adjetiva de mera linterna, es incapaz de llegar a conocer la Verdad, a no ser mediante la intervención de una luz mayor –que trascienda la mente–, que Satyavan entiende Savitri puede aportarle con el sol que trae consigo.

 

 

408

Pues ahora otro reino se aproxima contigo
y ahora voces más divinas colman mi oído,
un extraño mundo nuevo se desliza en mí desde tu mirada
aproximándose cual estrella desde desconocidos cielos;
un grito de las esferas llega contigo y un canto
de flamígeros dioses. Un aliento más saludable cobro
y en una más intensa marcha de momentos me muevo.

Mi mente se transfigura en rapturoso vidente.

Una cresta de espuma viajando a través de olas de felicidad
ha cambiado mi corazón y la tierra que me rodea:
todo se colma con tu llegada. Aire, tierra y las corrientes aguas
se ponen vestido nupcial para ser dignas de ti
y la luz del sol se convierte en sombra de tu aspecto
a causa de la transformación que tu mirada ha producido en mi interior.

Acércate a mí desde tu carro de luz
sobre este verde césped sin desdeñar nuestro suelo.

Pues aquí hay espacios secretos hechos para ti
cuyas cuevas de esmeralda anhelan albergar tu forma.

¿No habrás de hacer de este gozo mortal tu esfera?

Desciende, oh felicidad, con tus pies de dorada luna
enriquece los suelos de esta tierra en cuyo sueño yacemos.

Oh Savitri princesa mía de luminosa belleza,
llevada de mi deleite y de tu propia alegría
entra en mi vida, tu cámara y tu santuario.

En la inmensa quietud en donde los espíritus se encuentran,
guiada por mi silencioso deseo en el interior de los bosques
permite a los umbríos arcos susurrantes inclinarse sobre ti;
una con el aliento de las cosas eternas vive,
los latidos de tu corazón cercanos al mío, hasta que de ellos surja
al embrujo de la fragancia de las flores
un momento que todos los murmullos recordarán
y que todos los pájaros reproducirán en su grito.”

Notas:
Continúa y finaliza el parlamento de Satyavan comenzado en 406.
Pues ahora otro reino…: el de la trascendencia.

 

 

409

Fascinada hasta las pestañas por sus apasionadas palabras
su alma desde lo más profundo lo contemplaba a través de sus ojos;
luego desbordando sus labios en límpidos sonidos habló.

Sólo pronunció esta palabra expresiva de todo:
“Oh Satyavan, te he escuchado y ahora sé;
sé que tú y sólo tú eres él.”

Bajó entonces de su elevada carreta esculpida
descendiendo con suave y titubeante presteza;
su multicolor vestido refulgente a la luz
planeó un instante sobre la hierba agitada por el viento,
mezclado con un destello del rayo de su cuerpo
cual hermoso plumaje de un ave que se posa.

Sus relucientes pies sobre el verde-dorado césped
esparcieron una memoria de rayos viajeros
y ligeramente oprimieron el inexpresado deseo de la tierra
acariciado en su demasiado breve paso por el suelo.

Luego revoloteando cual mariposas de pálido brillo sus manos
tomaron de los soleados brazos del linde de la selva
un manojo de los arracimados enjambres de sus enjoyadas caras,
compañeras de la primavera y de la brisa.

Cándida guirnalda dispuesta de forma sencilla
sus ágiles dedos prepararon un florido canto,
el estrofado movimiento de un himno nupcial.

Notas:
… sus apasionadas palabras: de Satyavan.
… sus manos: de Savitri.
…brazos del linde de la selva: en alusión a las ramas.
… sus enjoyadas caras: en alusión a las hojas.

 

 

409b

En intenso perfume e inmersos en color
fundieron las coloreadas muestras de su anhelo e hicieron
del florecer se su pureza y de su pasión uno.

Un sacramento de alegría en atesorantes palmas
portaba ella, símbolo florido de su ofrendada vida,
entonces con manos alzadas ahora algo temblorosas
a causa de la misma proximidad que su alma deseaba,
este vínculo de dulzura, brillante signo de su unión,
depositó sobre el pecho ardientemente deseado por su amor.

Como reclinada ante un gracioso dios
que desde la bruma de su grandeza ha brillado
para colmar de belleza las horas de sus adoradores,
se inclinó ella y tocó sus pies con manos adorantes;
convirtió su vida en su mundo para que él lo hollara
e hizo de su cuerpo la habitación de su deleite,
su palpitante corazón un recordatorio de felicidad.

Él se inclinó hacia ella y la atrajo hacia sí
su maridado anhelo juntaron cual reunidas esperanzas;
como un rico mundo entero repentinamente poseído,
desposada a todo cuanto él había sido, se convirtió en él,
inagotable alegría hecha suya sola,
él envolvió a Savitri toda entre sus brazos.

Rodeándola su abrazo se convirtió en el signo
de una estrecha relación a través de los lentos íntimos años,
primer dulce resumen de la dicha por venir,
breve intensidad de toda una larga vida.

______
Notas:
… e inmersos en color: Satyavan y Savitri.
Un sacramento de alegría en atesorantes palmas: la guirnalda (véase fin de 409) que Savitri lleva en sus manos como un tesoro.
depositó sobre el pecho (de Sat.) ardientemente deseado por su (de Sav.) amor.

 

 

410

En un amplio momento de dos almas que se encuentran
sintió ella su ser fluir dentro de él como en olas
se derrama un río dentro de un poderoso mar.

Como cuando un alma se está fundiendo en el seno de Dios
para por siempre vivir en Él conoce Su alegría,
su conciencia se volvió consciente de él solo
y todo su separado ser se perdió en el de él.

Cual cielo estrellado que rodea la feliz tierra,
la encerró él dentro de sí en un círculo de felicidad
y encerró el mundo dentro de él mismo y de ella.

Un aislamiento ilimitado hizo de ellos uno;
consciente de ella envolviéndole
la dejó penetrar hasta su mismísima alma
como si un mundo fuera colmado por el espíritu del mundo,
como lo mortal despierta dentro de la Eternidad,
como lo finito se abre a lo Infinito.

Así se perdieron el uno en el otro por un momento,
luego retirándose de su prolongado trance de éxtasis
devinieron un nuevo ser y un nuevo mundo.

Cada uno era ahora una parte de la unidad del otro,
el mundo no era sino el escenario del encuentro de dos
o la estructura más amplia de su propio ser maridado.

En el alto brillo de la cúpula del día
el Hado hizo un nudo con los hilos del halo de la mañana
mientras por ministerio de una hora auspiciosa
corazones uncidos ante el sol, sus nupcias de fuego,
el matrimonio del Señor eterno y su Esposa
tuvo lugar una vez más sobre la tierra en formas humanas:
en un nuevo acto del drama del mundo
los Dos unidos iniciaron una edad más grande.

En el silencio y murmullo de este mundo esmeralda
y el siseo de sagrado verso del viento sacerdotal,
entre el susurro coral de las hojas
los gemelos de amor se habían juntado y eran uno.

El natural milagro se obraba una vez más:
en el inmutable mundo ideal
un momento humano devenía eterno.

 

 

411

Luego por la estrecha senda en donde sus vidas se habían encontrado
la condujo y le mostró su mundo a partir de ahora,
refugio de amor y rincón de solitaria felicidad.

Al final de la vereda a través de un verde claro entre los árboles
vio ella una agrupada línea de techos de eremita
y por primera vez se fijó en el futuro hogar de su corazón,
el techo de paja que cubría la vida de Satyavan.

Adornado con enredaderas y trepadoras flores rojas
a sus sueños parecía una rústica belleza
durmiendo con cuerpo bronceado y desarreglado cabello
en su inviolada cámara de paz esmeralda.

Alrededor se extendía la anacoreta atmósfera de la selva
perdida en las profundidades de su propia soledad.

Entonces llevada por la profunda alegría que no podía expresar,
una pequeña parte de ella trémula en sus palabras,
su feliz voz exclamó a Satyavan:
“Mi corazón permanecerá aquí en este linde del bosque
y cerca de este techado de paja mientras me encuentre lejos:
ahora ya no tiene necesidad de nuevos recorridos.

Pues debo ahora tornar a la casa de mi padre
que pronto perderá unos amados pasos habituales
y en vano atenderá por una voz una vez preciada.

Pero en seguida regresaré para que nunca más
la unidad pueda dividir su recobrado gozo
o el destino separar nuestras vidas mientras vivamos.”

Una vez más montó en el esculpido carro
y bajo el ardor de un cálido mediodía
menos espléndido que el esplendor de sus pensamientos y sus sueños
partió con rienda presurosa, ligero corazón mas todavía veía
en la calma lucidez de la visión del mundo interior
a través de la espléndida penumbra de los frescos fragantes bosques
en sendas umbrías entre enormes troncos robustos
pasear hacia un tranquilo claro a Satyavan.

Una nave de árboles consagraba la ermita de paja,
nuevo refugio escondido de su felicidad,
templo y hogar preferido por su alma al cielo.

Que ahora permanecía con ella, constante escena de su corazón.

_____
Notas:
Que ahora permanecía…: la ermita.

FIN DEL CANTO TRES
FIN DEL LIBRO CINCO

 

 

LIBRO VI: EL LIBRO DEL DESTINO

CANTO I: LA PALABRA DEL DESTINO

 

Desde el eremitorio donde conoció a Satyavan, Savitri regresa al palacio de sus padres en el momento en que el rey Aswapati, su reina y cortesanos se encuentran reunidos, acompañados de Narad, el sabio y vidente, compañero de los hombres y de los dioses. Savitri se detiene ante el trono de su padre y de inmediato observa con mirada reverente a Narad que es descrito como rosa de maravilla, hijo del Cielo.

Narad también ha fijado su mirada en Savitri y ha observado en ella algo inquietante, por lo que la interroga de forma brusca, airada y, a través de sus preguntas, va dejando entrever, de forma velada, que hay algo que no marcha bien.

 

418

Una feliz maravilla en su insondable mirada,
[Savitri]llegaba transformada por el halo del amor;
sus ojos enriquecidos con brillante chispear de alegría
como quien llega de una embajada celestial
cumplimentando la espléndida misión de su corazón,
portadora de la sanción de los dioses
a su amor de luminosa eternidad,
se detuvo ante el trono de su poderoso padre
y, exaltada por la belleza de la descubierta tierra
transformada y nueva en el milagro de luz de su corazón,
advirtió, reverente, cual rosa de maravilla
la dulzura matizada-por-el-fuego del hijo del Cielo.

Él [Narad] lanzó sobre ella su vasta mirada inmortal;
su visión interior la rodeó con su luz
y reteniendo el conocimiento en sus labios inmortales
le gritó, “¿Quién es ésta que llega, la novia,
la nacida llama, alrededor de cuya luminosa cabeza
sus virginales pompas derramando sus luces
se agitan destellando en torno suyo? ¿De qué verde destello de claros
apartados en silencios húmedos por el rocío
o a medias vislumbrada orilla de aguas puestas al descubierto por la luna
traes tú esta gloria de fascinados ojos?

¿Qué pies de dioses, qué embelesantes flautas celestiales
te han envuelto con sus melodías, cercanas y lejanas
aproximándose a través del suave y placentero aire,
que todavía sorprendida escuchas? Ellos han alimentado
tu silencio con algún extraño fruto rojo de éxtasis
y has hollado de la luna remotos picos de felicidad.

¡Oh tú que has venido a este mundo grande y peligroso
visto ahora sólo a través del esplendor de tus sueños,
en donde apenas a salvo pueden vivir el amor y la belleza,
tú misma un ser peligrosamente grande,
alma solitaria en una dorada casa de pensamiento
en cuyo interior has vivido amurallada por la seguridad de tus sueños.

Si en alturas de felicidad dejando al dormido sino
que invisible acecha las vidas inconscientes de los hombres,
tu corazón pudiera vivir encerrado en el oro del ideal,
cuán alto, cuán feliz pudiera ser tu despertar!

¡Si por siempre el sino pudiera seguir dormido!”

Así habló pero reteniendo en sus palabras lo que sabía.
Como la nube que juega con la vívida risa de los relámpagos,
mas retiene todavía el trueno en su corazón,
sólo dejó escapar imágenes brillantes.

Su palabra como música rutilante velaba sus pensamientos;
como un viento lisonjea al brillante aire de verano,
compasiva con los mortales, tan sólo les hablaba
de la viviente belleza y de la felicidad del presente:
en su mente omniconocedora ocultaba el resto.

 

  © “Savitri de Sri Aurobindo”