POR PILAR ÍNIGO

 

La práctica de yoga tiene, como un libro, diferentes lecturas. Se puede leer superficialmente un texto, profundizar en su contenido, y aún incluso buscar entre líneas una comprensión del mensaje sólo esbozado por el autor. De igual modo, una persona puede acercarse al yoga sólo con la intención de recuperar o mejorar la salud física, pretender también resolver problemas psíquicos, o incluso buscar a través de su propia esencia el conocimiento del yo interior.

La actitud del practicante suele cambiar a medida que la experiencia va aportando una mejor comprensión, abriéndolo hacia su dimensión interna por medio de una correcta aplicación de técnicas que inciden sobre sus componentes (físico, emocional, psíquico, energético…), y por la propia voluntadde hacer, que responde, quiérase o no, al anhelo interior que busca emerger. Para que esta práctica sea fructífera es preciso acercarse a ella con una amplia disposición, humildad y apertura de corazón y mente.

El yoga permite profundizar en el conocimiento del cuerpo, y esta amplitud de consciencia conlleva una mejoría física. Permite también identificar aspectos que condicionan la personalidad (miedos, complejos, orgullo, actitudes negativas, distorsiones del razonamiento, rigidez, etc.), tendiendo al equilibrio psíquico en un continuo proceso de transformación, que posibilita una apertura en la que el Yo interior emerge y se manifiesta en su verdadera naturaleza, que es Amor.

 

Salud psíquica y equilibrio emocional

Sin perder de vista el objetivo último de esta disciplina, la realización del ser humano, la práctica bien aplicada incide positivamente además en sus componentes mental y emocional.

En general el yoga ayuda a apaciguar la vorágine de pensamientos, y a hacerlos más conscientes, procurando con ello que la mente se calme y fortalezca. Además incide favorablemente sobre la capacidad memorística, favorece la concentración, aporta claridad mental. Una mente no dispersa se concentra con facilidad y es por tanto estable, clara y fuerte.

El yoga ayuda a paliar las disfunciones que la sociedad actual genera en el ser humano. La ansiedad puede por ejemplo trabajarse con ejercicios como Respiración completa, Baddha Garbasana, Dhanurasana, Shashankasana. Para la depresión existen estudios específicos de yogaterapia aplicada. Una sesión para tratar este problema podría contener: Kriyas del abdomen, Kapalabbhati, Naukasana, Shalabasana y Viparita Karani, con el fin de procurar un estímulo a nivel energético, propiciando además el riego cerebral. De esta manera se aliviarían síntomas propios de esta disfunción, como pensamientos negativos, hipocondría, mente inestable… El estrés se reduce con la práctica de la Respiración completa, incidiendo, especialmente, a nivel abdominal. Baddha Garbasana ayuda a eliminar el insomnio, tan frecuente en problemas de este tipo. Viparita Karani y Karna Pirasana disminuyen la tendencia a la hiperactividad. Chatuspadasana y Katikasana refuerzan la confianza en uno mismo, aportan firmeza y estabilidad, despertando la fuerza interior del practicante. Con ellas puede tratarse la timidez, complejo de inferioridad o ideas obsesivas de infravaloración.

Conforme se va silenciando la mente ordinaria (con la que el ser humano tiende a identificarse), se produce una apertura a nivel inconsciente, con la correspondiente eliminación de impresiones (samskaras), que condicionan la forma de ser.

El dominio de la auto-observación y la consciencia que aporta el yoga, favorece no reaccionar de forma inadecuada ante el cúmulo de emociones e impresiones a que somete la “vida moderna” (relaciones con la pareja, educación y comunicación con los hijos, relaciones con el entorno, problemas económicos, salud, insatisfacción, vacío interior). La práctica ayuda a ver y aceptar las experiencias, sean del tipo que sean, como propias y al mismo tiempo como ajenas, según uno se sitúe en el plano de la personalidad o de la individualidad; según la persona se identifique con el nivel de personalidad (en griego persona es “máscara”), o con el Ser Interior.

Observada y aceptada la emoción, uno trata de permanecer en su centro y su reacción se irá transformando en acción consciente. La personalidad se irá poniendo al servicio de la espiritualidad.

 

Abhyasa y Vairagya

Todo eso supone un entrenamiento (ABHYASA), que conlleva una práctica repetida y constante, y un desapego (VAIRAGYA), para liberarse de raga y dwesha, atracción y repulsión (Patanjali, Samadhi Pada,sutras 12 al 16).

Auto-observación y desapego de todo lo que va surgiendo. Puede ocurrir que, durante la sesión de yoga, el ejercicio active una emoción determinada (envidia, miedo, ira, sentimiento de inferioridad…), emoción que uno puede proyectar en el profesor, en el compañero de al lado, en alguien de su entorno; o de una forma más positiva, puede auto-observarse desde la actitud de testigo, ver la propia proyección, hacerse consciente de ese aspecto de su personalidad, y por medio de la práctica del desapego, no involucrarse en ella, no reaccionar. Esta forma de práctica provoca liberación de esa emoción, una limpieza consciente de samskaras. Puede ocurrir también durante la meditación que ese samskara se exprese a nivel consciente en forma de sonido, colores, imágenes de infancia a veces inexplicables; el trabajo es el mismo: Observación y desapego.

En el mismo sentido, cuando se practica Namaskar (el saludo), se trata de sensibilizar, despertar la conciencia de la zona dorsal. En ella están escritas muchas actitudes de exceso de responsabilidad, complejos de culpabilidad, inferioridad (escondiendo el pecho), miedos ante la vida, dificultad de comunicación. Conforme se va modelando, transformando esta zona, abriendo y desarrollando la actitud de “testigo observador sin juicio”, van emergiendo todas esas impresiones, aspectos velados de nosotros mismos, y no sólo en la sala de yoga, sino después en la vida cotidiana. El practicante va viéndose cambiar, al conocer, aceptar e integrar aspectos internos que constituyen lo que en psicología se conoce como “ la sombra”. Transformando el cuerpo, corrigiendo estructuras corporales incorrectas, se modifican estructuras mentales y viceversa. La práctica, para que sea efectiva, debe ir acompañada de un proceso de depuración psicológica.

Un desequilibrio mental y emocional, del tipo que sea, como celos, orgullo, envidia, competitividad, miedo, etc., alimenta una visión negativa de uno mismo, de los demás y de la vida en general, con una excesiva focalización en el exterior y una tendencia a la crítica destructiva. Las técnicas que el yoga propone ayudan a resolver el problema, a recuperar el equilibrio interior necesario para acceder al estado de Realización.

 

Conocimiento interior

Todo va unido. En yoga se trabaja con todas las estructuras, con todos los componentes del ser humano. Es una progresión en planos diferentes. La mente interacciona con los cuerpos físico y energético y recibe mensajes del cuerpo psíquico (intuitivo).

El conocimiento interior va llegando cuando todos esos planos se equilibran; cuando el cuerpo ya no es un obstáculo, porque está sano; cuando la mente se aquieta y no alimenta con sus rumiaciones emociones desestabilizadoras; cuando la energía fluye de manera natural, abriendo espacios de progresión en ese emerger interior.

Así, cuando la mente se silencia, el inconsciente se manifiesta como un almacén rico en experiencias de todo tipo. Cuando todo los condicionantes de la personalidad se van limando, purificando, se puede ver el “fondo del estanque”. La mente, en este símil, viene a ser como un lago: si está agitado el agua se enturbia y no puede verse el fondo; pero si está calmado hay claridad y puede percibirse lo más profundo y ver reflejado el fimamento.

Ver con desapego, humildad y apertura de corazón es lo que libera, desarrollando progresivamente la capacidad de comunicar y amar. Así hasta que, como diría un Jnani, se accede a la respuesta de “¿Quién soy yo?”, que pensadores, filósofos y buscadores de la verdad de todos los tiempos se han hecho. Aham Brahmasmi.